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Alonso Chávez, un artista plástico versátil, ha construido su carrera a partir de una variedad de técnicas que abarcan la pintura, el muralismo, el grabado y la escultura. No se ata a un solo medio; en cambio, explora y combina disciplinas, creando un lenguaje visual que se transforma y enriquece con cada nueva obra. Para él, el proceso artístico es algo vivo, una evolución constante donde el acto de crear no es el fin, sino el medio para descubrir nuevas ideas, emociones y significados. A través de la interacción con los materiales —ya sea el lienzo, el bronce, la cerámica o la resina—, Alonso desarrolla su voz artística, dejando que las técnicas hablen y se entrelacen.

Su más reciente exposición, “De la Tierra al Vuelo”, nace de una reflexión íntima y personal. Alonso se describe como un artista procesual, un creador cuya inspiración surge del acto mismo de crear. Mientras trabaja, empieza a pensar en los aspectos más profundos de su vida, en las relaciones que lo han moldeado y en las ideas que emergen casi sin que él lo busque. Es en ese proceso de introspección y creación simultáneos que la serie toma forma. La exposición gira en torno a un tema central: los vínculos humanos, en particular, aquellos lazos invisibles que construimos con nuestros seres queridos y que nos brindan un sentido de seguridad.

Para Alonso, la noción de lugar seguro va mucho más allá de lo físico. Durante su infancia, su padre, debido a su trabajo, lo llevó a él y a su familia a mudarse constantemente. Cambiaban de ciudad, de estado, y nunca permanecían demasiado tiempo en un solo lugar. En esa inestabilidad geográfica, Alonso encontró refugio no en las casas que habitaba, sino en las personas que lo rodeaban. El verdadero hogar no era una construcción física, sino la compañía de sus padres, quienes representaban ese lugar seguro en el que podía confiar. Esta experiencia temprana dejó una marca profunda en su vida y en su arte, llevándolo a reflexionar sobre cómo, a medida que crecemos, rompemos esos primeros vínculos de seguridad —ese cascarón protector— y nos aventuramos en el mundo exterior, buscando siempre, sin embargo, nuevos refugios, nuevas conexiones que nos brinden estabilidad emocional.

 

La exposición refleja este ciclo de ruptura y renovación, de lazos que se transforman a lo largo del tiempo. Alonso explora cómo la seguridad emocional puede estar en constante movimiento, ligada a las personas que amamos. Habla de sus amigos y de su familia actual como los pilares que sostienen su bienestar, una red de apoyo que, aunque distinta de la seguridad infantil que le proporcionaban sus padres, sigue siendo esencial para su equilibrio emocional. Esa búsqueda de nuevos espacios de seguridad, de vínculos que evolucionan, es lo que le da profundidad a su trabajo.

 

Para Alonso, las aves representan más que simples criaturas voladoras; son metáforas vivientes de la libertad, el crecimiento y la búsqueda constante de nuevos horizontes. En sus obras, el nido simboliza el primer lugar seguro, el refugio donde todo comienza. El huevo, frágil y protector, es la cuna de la creación, pero al mismo tiempo, es una prisión que debe romperse para que la vida pueda expandirse. El acto de romper el cascarón y volar fuera del nido es, para Alonso, una representación clara del empoderamiento personal, de la valentía necesaria para aventurarse más allá de lo conocido y explorar lo desconocido. Sin embargo, incluso después de volar, las aves —y por extensión, los seres humanos— siguen buscando nuevos nidos, nuevos lugares donde encontrar protección y seguridad.

La fascinación de Alonso por las aves no se limita a su simbolismo. Ha trabajado en proyectos relacionados con las aves, observando de cerca las diferentes especies, sus migraciones y comportamientos. Las aves migratorias, en particular, le han brindado una rica fuente de inspiración. Estas pequeñas criaturas que desafían distancias colosales y obstáculos innumerables para encontrar un lugar seguro donde reproducirse o alimentarse, se convierten en una metáfora perfecta de la lucha humana por el crecimiento y la supervivencia. Así como las aves deben superar desafíos para cumplir su destino, Alonso cree que los seres humanos, y en especial los artistas, deben enfrentar sus propios obstáculos internos y externos para poder florecer.

Aunque las aves son ahora un elemento central en su obra, Alonso no se limita a ellas. Su arte, como su vida, está en constante evolución. Ha trabajado con otros animales y elementos de la naturaleza, y aunque hoy las aves son su principal inspiración, no descarta que en el futuro explore nuevas temáticas. Para él, el arte es un proceso de descubrimiento continuo, donde cada pieza abre la puerta a nuevas posibilidades.

Mirando hacia el futuro, Alonso está lleno de ideas. Acaba de regresar de un proyecto mural en San José del Pacífico, donde retomó su amor por el muralismo, una disciplina que había dejado de lado por un tiempo. Trabajar en colaboración con otros artistas y en conexión con las comunidades locales le recordó la importancia de generar lazos a través del arte. En este proyecto, Alonso y sus compañeros crearon una serie de murales que no solo embellecieron el espacio público, sino que también se convirtieron en un puente entre el arte y la vida comunitaria.

En paralelo, está desarrollando una nueva serie de campanas de bronce hechas a la cera perdida, una técnica que le apasiona. Estas campanas representan una conexión entre su exposición actual y su próximo proyecto, donde espera fusionar escultura y sonido en una proyección musical. Está colaborando con un músico para crear piezas sonoras en cerámica, como ocarinas y otros instrumentos hechos de barro, y sueña con una instalación donde las campanas y los instrumentos de cerámica interactúen, generando una experiencia multisensorial.

Alonso no se detiene. Aunque no tiene un plan concreto en este momento, su mente está llena de ideas. Se describe como un artista que trabaja mejor cuando está inmerso en el proceso, dejando que las ideas fluyan y tomen forma de manera orgánica. Para él, el arte es un viaje continuo, y aunque no siempre sabe hacia dónde lo llevará, confía en que el camino mismo será su mejor guía.

Finalmente, Alonso invita a todos aquellos que quieran ver su exposición a visitarla antes del 20 de octubre. Le emociona la idea de que el público pueda aportar sus propias interpretaciones a las obras, ya que para él, el arte no es un monólogo, sino un diálogo constante entre el creador y el espectador.