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Karla MARTINEZ DE AGUILAR

BARRANCAS DEL COBRE, CHI.- Entre montañas, barrancas y amaneceres que parecen infinitos, Ivonne Barriga Márquez ha construido una vida ligada al turismo y al amor por la Sierra Tarahumara. Heredera de una tradición familiar de casi cuatro décadas con el Hotel Mansión Tarahumara, encontró en este entorno no solo un negocio, sino una vocación.

Como empresaria, promotora turística y líder dentro del sector, ha trabajado para acercar a más mexicanos a la riqueza natural, cultural y humana de Chihuahua. Su trayectoria ha estado marcada por la convicción que viajar también es una forma de valorar y proteger lo que somos.

Los aprendizajes que le ha dejado una vida dedicada al turismo, la importancia de preservar la identidad de los pueblos originarios y las razones por las que considera que Barrancas del Cobre es mucho más que un destino, son un testimonio capaz de transformar la mirada de quien visita el estado.

 

Ivonne, creciste dentro de una empresa familiar que hoy forma parte de la historia turística de Barrancas del Cobre. ¿Cómo recuerdas esos primeros años?

Es una historia que comenzó hace 39 años y, primero Dios, el próximo año estaremos celebrando nuestro 40 aniversario.

Nuestra empresa, Hotel Mansión Tarahumara, nació como en Barrancas del Cobre y es uno de los tres hoteles fundadores de la región. El primero se estableció hace 50 años, el segundo hace 45 y nosotros estamos por cumplir cuatro décadas.

El hotel fue fundado por mis padres y por mi tía, quienes pertenecen a la primera generación de guías de turistas certificados a nivel federal en México, hace más de 50 años. Su visión fue crear un parador donde los visitantes pudieran hospedarse y disfrutar de alimentos en una zona que apenas comenzaba a desarrollarse turísticamente.

Soy la segunda de tres hermanos y puedo decir que la vocación prácticamente me la inculcaron desde pequeña así que mi vida transcurrió observando el servicio, la atención a los visitantes y el cuidado de cada detalle para que las personas se sintieran bien recibidas.

¿Qué significó para ti asumir el liderazgo en el área de Relaciones Públicas del Hotel Mansión Tarahumara y construir tu propia visión dentro de un legado tan importante?

Lo más importante es descubrir si realmente tienes la vocación para trabajar en una región como la Sierra Tarahumara necesitas amar profundamente la naturaleza y sentirte privilegiada de vivir en un lugar tan especial.

La pasión por ese entorno, por sus paisajes y por la experiencia de compartirlos con otras personas, me permitió aprender el valor del servicio y de hacer sentir a los visitantes como si estuvieran en casa.

También entendí la importancia de prepararme profesionalmente. Me enfoqué en diplomados, talleres, cursos y certificaciones relacionadas con el turismo, los registros nacionales y la profesionalización de las empresas del sector.

Comencé a involucrarme en el trabajo desde los 13 años y siempre encontré una enorme satisfacción al ver cómo las personas disfrutaban del lugar. Esa experiencia me llevó también a abrir mi propia turoperadora y agencia de viajes en Chihuahua. Actualmente, tenemos 16 años operando como especialistas en turismo receptivo.

Mi objetivo siempre ha sido fortalecer el mercado nacional, porque observaba que gran parte de nuestros visitantes eran extranjero y por eso fui a tocar puertas a la Ciudad de México para promover la ruta de Barrancas del Cobre como un producto turístico integral. Lo presenté como un circuito bien diseñado, porque es un destino que requiere orientación especializada para aprovecharlo al máximo ya que logística es compleja y la asesoría profesional marca una gran diferencia.

¿Qué hace de la Sierra Tarahumara y las Barrancas del Cobre un destino único, y por qué considera que todo mexicano debería visitarlo al menos una vez en la vida?

Es un destino único y debe ser visitado por sus rincones espectaculares. En mi caso, hablo particularmente de la sierra porque estamos completamente rodeados de montaña. Chihuahua cuenta con más de 60 mil kilómetros de sierras, nueve barrancas impresionantes y en el sitio donde nos encontramos convergen tres grandes cañones: el Cañón del Cobre, el Cañón de Tararecua y el Cañón de Urique.

Estamos ubicados a 2 mil 400 metros de altura y en el fondo de estas barrancas corre el río Urique; tenemos el privilegio de contemplar diariamente esta vista extraordinaria que conforma el sistema de Barrancas del Cobre. Además, Chihuahua es un estado dividido en siete regiones turísticas.

Si el visitante desea conocer únicamente la Sierra Tarahumara, puede dedicar cinco o seis días completos, pero si además quiere explorar el desierto, Paquimé o la Ruta de Villa, necesitará más tiempo.

En Barrancas del Cobre uno de los aspectos más importantes es el recorrido del Tren Chepe. Ya sea iniciando en Chihuahua y concluyendo en Sinaloa o viceversa, es una experiencia imperdible. De hecho, nuestro hotel ha recibido durante cuatro años consecutivos el reconocimiento de los 100 Imperdibles de México en esta región de la sierra, ya que somos un hotel completamente artesanal, construido en la cima de una montaña de seis hectáreas y cuenta con 70 habitaciones activas distribuidas en cabañas que conviven armoniosamente con el entorno natural. Las construcciones se integran entre el bosque y las formaciones rocosas para conservar el paisaje y minimizar el impacto ambiental. Somos un hotel sostenible y autosustentable, y eso también forma parte de nuestra filosofía.

Siempre digo que es un viaje que vale la pena realizar al menos una vez en la vida.

Después de tantos años viviendo y trabajando en Barrancas del Cobre, ¿sigues encontrando momentos que te sorprendan?

Sí, definitivamente los sigo encontrando, tenemos amaneceres verdaderamente impactantes. Despertar y contemplar el primer rayo de sol apareciendo entre las cordilleras de las barrancas es algo espectacular.

Los sonidos de las aves también forman parte de esa experiencia. En esta temporada de primavera (tenemos cuatro estaciones muy marcadas y cada una ofrece una experiencia completamente distinta) recibimos una gran migración de especies provenientes tanto del norte como del sur. Es posible observar aves preciosas y, por ejemplo, ver hasta treinta colibríes reunidos en un mismo bebedero.

Muchas personas me preguntan cuál es la mejor época para visitar la Sierra Tarahumara, y mi respuesta siempre es la misma: depende de lo que quieran vivir.

Si desean disfrutar la nieve, recomiendo los meses de diciembre, enero y febrero, cuando existen altas probabilidades de verla cubrir las montañas. Por otro lado, la primavera y el verano transforman completamente el entorno: llegan las lluvias, los bosques se vuelven intensamente verdes, los ríos y cascadas recuperan toda su fuerza, y el paisaje adquiere una belleza extraordinaria. Además, el clima suele ser muy agradable.

Cada estación tiene algo especial y por eso considero que Barrancas del Cobre puede disfrutarse durante cualquier época del año.

 

Durante tu gestión como presidenta de la Asociación Mexicana de Agencias de Viajes, Capítulo Chihuahua, ¿cuáles fueron los principales retos y logros que marcaron esa etapa?

Fue una experiencia muy enriquecedora, representó el inicio de una etapa de liderazgo dentro del sector turístico. Logramos integrar un grupo de 43 agencias de viajes afiliadas a la asociación. En aquel momento me llamaba mucho la atención que, entre los años 2008 y 2010, aproximadamente el 80 por ciento de los visitantes eran extranjeros y solamente el 20 por ciento eran mexicanos.

Yo estaba convencida que los mexicanos debíamos conocer más nuestro propio país y particularmente todo lo que ofrece Chihuahua. Fue entonces cuando me invitaron a participar en la asociación a nivel nacional, en la Ciudad de México.

Levanté la mano porque sabía que en Chihuahua no existía una representación activa de la asociación; había existido años atrás, pero había desaparecido, así que decidí asumir el reto y fundarla nuevamente entre 2010 y 2012.

Uno de los desafíos más importantes fue que la mayoría de las agencias operaban como agencias emisivas; es decir, promovían destinos fuera de Chihuahua. Mi objetivo era mostrarles que teníamos un enorme potencial para convertirnos también en un estado receptor de turismo. Y a partir de ahí, comenzamos a fortalecer nuestros propios productos turísticos y a impulsar la llegada de viajeros nacionales e internacionales. Fue un proceso muy interesante que permitió abrir nuevas oportunidades para el sector.

Ese trabajo te llevó posteriormente a ocupar distintos cargos dentro de la administración pública. ¿Cómo fue esa transición y qué proyectos recuerdas con mayor satisfacción?

A partir de esa experiencia comenzaron a surgir nuevas oportunidades. Fui invitada a desempeñarme como directora de Turismo del Municipio de Chihuahua y posteriormente colaboré también en el Gobierno del Estado. Participé en diferentes administraciones y tuve la oportunidad de desempeñarme como directora general de Turismo del estado de Chihuahua.

Durante ese periodo trabajamos en diversas iniciativas para fortalecer la estructura institucional del turismo y uno de los proyectos más importantes fue impulsar la creación de una Secretaría de Turismo para Chihuahua, algo que finalmente se concretó años después.

Posteriormente, concluí mi participación en la función pública como directora de Cultura y Turismo del municipio de Hidalgo del Parral, una ciudad que considero una de las más importantes en materia cultural en el norte del país; es una ciudad bellísima, con una enorme riqueza histórica y cultural, y fue una etapa muy significativa dentro de mi trayectoria profesional.

¿Qué representa para ti la convivencia con el pueblo rarámuri y qué has aprendido de ellos a lo largo de los años?

Les tengo una enorme admiración y respeto. La etnia rarámuri, también conocida como tarahumara, es una cultura milenaria que habitaba estas tierras mucho antes de la llegada de los españoles.

Son personas de paz, generosas y solidarias a las que les gusta compartir no solamente sus conocimientos, sino también sus alimentos y todo aquello que consideran importante para la comunidad.

Su organización social es muy interesante. Periódicamente eligen a sus propios gobernadores o gobernadoras dentro de las distintas comunidades. Muchas familias viven dispersas en las montañas; algunas comunidades están conformadas por diez, quince o veinte familias que mantienen una estrecha relación entre sí y todavía existen grupos que habitan cuevas en distintos puntos de las barrancas. Además, conservan una movilidad que les permite adaptarse a las condiciones climáticas: cuando el frío es intenso en las partes altas de la sierra, descienden hacia zonas más templadas de las barrancas y cuando aumentan las temperaturas, vuelven a subir a las montañas.

También existe una gran riqueza lingüística. Se hablan distintas variantes del idioma rarámuri, dependiendo de la región. Además, Chihuahua es un estado donde convergen diferentes pueblos originarios, como los tepehuanes, los guarijíos y otros grupos que han enriquecido culturalmente nuestro territorio.

Todo esto forma parte de una herencia cultural que debemos seguir valorando, respetando y difundiendo.

Cuéntame sobre los proyectos que has impulsado en las comunidades rarámuri y la forma en que han buscado crear beneficios sin alterar su identidad.

Uno de los proyectos que impulsé se llama Experiencia Rarámuri con el objetivo que ellos se convirtieran en protagonistas y beneficiarios de las experiencias turísticas que podían ofrecer.

Trabajamos en capacitación, profesionalización y certificaciones que les permitieran integrarse de manera voluntaria a la cadena de valor turística. También recibieron capacitación en manejo higiénico de alimentos y atención a visitantes, siempre respetando sus tiempos, costumbres y decisiones.

Por ejemplo, realizan talleres de tejido de canastas, experiencias gastronómicas tradicionales y actividades de convivencia dentro de sus propias comunidades. Los turistas pagan una cuota por participar en estas experiencias y esos recursos se destinan directamente al beneficio de la comunidad. Con ello, han podido mejorar infraestructura básica, apoyar escuelas, adquirir alimentos, fortalecer proyectos agrícolas y generar mejores condiciones de vida para muchas familias.

Lo más importante es que se trata de un modelo donde todos ganan y considero que es un proyecto que podría replicarse en muchos otros lugares porque demuestra que el turismo también puede convertirse en una herramienta para el desarrollo social cuando se trabaja con sensibilidad y respeto.

 

¿Qué sabores debe descubrir cualquier viajero que quiera conocer Chihuahua?

Definitivamente, la carne. Chihuahua es reconocido por la calidad de sus cortes gracias a sus extensos pastizales y a las condiciones naturales de la región. También recomendaría probar el chile pasado, uno de los platillos más representativos de nuestra cocina tradicional. Consumimos una gran diversidad de chiles como chilaca, chipotle, jalapeño, serrano y otras variedades que forman parte de recetas tradicionales transmitidas de generación en generación. Uno de los platillos más conocidos es el chile colorado, preparado generalmente con carne de puerco y distintas variedades de chile seco.

Los quesos también ocupan un lugar muy importante. Tenemos los tradicionales menonitas, reconocidos nacional e internacionalmente, pero también existen excelentes productores en regiones como Ciudad Delicias y Villa Ahumada, donde se elaboran distintos tipos de quesos y asaderos con características muy particulares.

Otro producto emblemático es la manzana. Chihuahua es líder en producción de manzana en Latinoamérica y producimos duraznos de excelente calidad que forman parte de la riqueza agrícola del estado. Y, para sorpresa de muchos los vinos chihuahuenses han obtenido reconocimientos internacionales en diferentes categorías y cada vez son más apreciados tanto dentro como fuera del país y también contamos con una importante producción de cerveza artesanal.

Mi mayor deseo es que más mexicanos conozcan Chihuahua, que descubran la Sierra Tarahumara, que valoren la riqueza de nuestras comunidades y que se permitan vivir experiencias que muchas veces creemos que solamente existen en otros países.

Cuando alguien visita Chihuahua, generalmente se lleva mucho más que un viaje: se lleva recuerdos, aprendizaje y una conexión profunda con un territorio extraordinario.

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