- Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
Corría el año de 1991. Era el momento cumbre del sexenio de Salinas de Gortari.
Revistas internacionales situaban al Presidente de México como el gran reformista, el estadista con postgrado en Harvard que venía a romper con un pasado anquilosado y sin visión de futuro en un mundo donde hasta la economía soviética se estaba abriendo a los flujos de comercio e inversión. Se discutía si era más impresionante la PERESTROIKA soviética que la visión del economista que abría los mercados mexicanos, pero no intentaba una reforma política a fondo. “Primero la economía, lo demás se dará después” era el evangelio salinista.
No tendría rival la unión de fuerzas Canadá – México- Estados Unidos. Ni siquiera lo que hoy es la Unión Europea le haría sombra. En ese momento China seguía excluida como foco de inversión extranjera directa o como mercado potencial.
El optimismo se percibía entre empresarios, profesionistas, académicos, legisladores. El autoritarismo férreo de Salinas de Gortari mantenía discretos a los malandros que tenían claro sus límites. Las embajadas canadiense y americana se llenaban de empresarios que buscaban conocer en detalle tanto el mercado mexicano como las posibilidades de mudar parte de sus factorías a los estados del centro o norte de México. La autopista México – Acapulco se estrenaba contando con el primer esquema de bonos carreteros desarrollado en México por BANCA SERFIN y la gente de Pedro Aspe en Hacienda. Todo parecía marchar viento en popa. En sus giras europeas los empresarios mexicanos de alto calibre se entrevistaban en directo con sus contrapartes europeas para encontrar afinidad personal y nuevos nichos de negocio desde México para Norteamérica. La Presidencia y su gabinete se concretaba a armar la agenda para y por empresarios – sin meter su cuchara.
La privatización acelerada e irreversible de cientos de empresas gubernamentales atrajo la atención de licitantes europeos, canadienses, estadounidenses. Privó, además, el objetivo que México contara con un puñado de empresas de gran calado como resultó ser el caso de TELEFONOS DE MEXICO o de CEMENTOS MEXICANOS. La privatización de los bancos tuvo serios tropiezos cuando casa bolseros inexpertos compraron bancos regionales o como en el caso de Carlos Cabal Peniche traían un dardo envenenado en un empresario bajo sospecha en Nueva York. Era tal la euforia sobre el presente y futuro de México que pasaron desapercibidos movimientos sociales y delincuenciales que iban a la alza en las fronteras norte y sur. Si bien Tijuana, Ciudad Juárez, Reynosa o Nuevo Laredo tenían en apariencia un futuro promisorio ocultaban en sus entrañas malandros de amplio espectro. En la Escuela Superior de Guerra en San Jerónimo sus alumnos en vía de llegar a la alta oficialidad en 1991 fueron mucho más cautos y realistas.
“El descuido de los gobiernos civiles de México, especialmente en las fronteras sur y norte, lo va a pagar muy caro todo el pueblo de México” – era su convicción.
31 años después, se está cumpliendo cabalmente. Los graves fallos hacia los malandros desde Gobernación, Hacienda, el Congreso de la Unión y el Poder Judicial se centraron en un exceso de confianza y una política pública de NI LOS VEO NI LOS OIGO. Sigilosamente y desde lo local y con muy alta eficiencia el territorio nacional con todo y sus habitantes iba siendo cooptado por el enorme poder corruptor de los malandros. Hoy se puede documentar a diario quien manda en por lo menos una tercera parte del territorio nacional – y no son las autoridades electas sino las DE FACTO. El poder más sofisticado de armamento no pertenece a las fuerzas armadas nacionales, sino a los ya tan famosos CARTELES. El libre tránsito o no por autopistas y caminos nacionales es ahora decisión de los MALANDROS. Los robos de carga ferroviaria, terrestre o área son el pan de todos los días. Los puertos como Lázaro Cárdenas y varias rutas férreas relevantes están al garete y con frecuencia sujetos a bloqueos o contrabandos ilegales de fentanilo u otras materias de origen oriental. La frontera sur de México es, ahora, un paraíso para traficantes de personas. La franja de la frontera norte es, ahora, inhabitable para los propios nativos y sus carreteras que por décadas conectaron con Monterrey o Saltillo son dominio de forajidos. En las ciudades medias y en las zonas metropolitanas se ha expandido el accionar delictivo – en muchos casos con abierta complicidad de quienes deben de prevenirlo o evitarlo.
¿Cuál ha sido la estrategia de expansión de actividades de los malandros que hoy tiene en jaque a 125 millones de personas?. Resulta que por años hicieron un trabajo desde lo local, luego a lo regional y, por fin, al dominio de amplios territorios donde siempre encontraron socios colaborativos para su fin. La parte más débil de cualquier estructura policial está en aquellos que se consideran y son muy mal pagados. Obvio que se pueden vender al mejor postor porqué guardan un resentimiento hacia sus superiores y hacia el resto de los ciudadanos ante los muy bajos ingresos que perciben. Los malandros manejan, además, una mercadotecnia del terror muy exitosa. Ante el abandono federal y estatal cientos de comunidades rurales en casi todas las entidades federativas se han despoblado – bien sea por las acciones de los malandros o el imán de irse a trabajar al NORTE o a las ciudades.
Cerca de 45 mil mexicanos provenientes de Michoacán, Zacatecas, Chihuahua, Coahuila, Tamaulipas o Jalisco están en la lista de espera de Migración de los Estados Unidos a causa de haber sido desplazados de sus lugares de origen ante las insistentes amenazas delincuenciales. Independientemente de su naturaleza electoral la reciente declaratoria como “TERRORISTAS” a los malandros mexicanos por parte del Gobernador de Texas ha sido muy bien recibida por la gente indefensa de Coahuila, Chihuahua, Nuevo León o Tamaulipas.
La reacción visceral del titular del Ejecutivo (porrista espontáneo de Vladimir Putin y Rusia) no sorprenderá a nadie. Solo le dará un quehacer más al titular de Relaciones Exteriores de México. Recuerden que la mayoría de nuestras exportaciones cruzan por Texas de donde también proviene el gas que utiliza la industria regia y la gran mayoría de los turistas que llegan a Cancún.







