Compartir
  • Por: Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

Pocas actividades humanas son tan inciertas como la agricultura. Enfrenta amenazas climáticas, plagas, insumos y crédito escaso, costos crecientes de combustibles, agua, intermediarios deseados o indeseables, fallas logísticas, falta de red de frío y almacenes, pobres telecomunicaciones, extorsión de la A a la Z y otros desafíos cotidianos.

En nuestros libros de primaria se nos vendía el mito de que México es un CUERNO DE LA ABUNDANCIA. Al pasar de los años nos dábamos cuenta de que no era así. Las enormes extensiones de desierto o semi desierto, las desafiantes cordilleras, las muy traicioneras zonas costeras en donde igual las sacude un sismo que les golpea un huracán.

Del territorio nacional sólo el 12.3 % de los 1’964.375 km 2 es tierra cultivable, en 2019 con US$ 43 mil millones de dólares fuimos en el mundo 14º lugar en valor de producción agropecuaria, 9º en café con 238,000 ton, 17º en captura pesquera con 1.8 millones de toneladas, 7º en producción de carne con 7 millones de toneladas y 5º en frutas, vegetales con 38 millones de toneladas.

Somos pues de media tabla, con algunos lunares de prosperidad pero con los territorios de Sinaloa, Guerrero, Tamaulipas, Chihuahua, Chiapas, Veracruz, Michoacán, Jalisco, Guanajuato, Quintana Roo, Colima, Nayarit, Zacatecas muy intensos en cuanto a la infiltración de chicos malos – y no son precisamente los de Walt Disney.

Con el mercado mexicano cerrado a las importaciones en las décadas de 1960- 1970 en el estado de Aguascalientes -de donde soy originario – se cultivaba uva para vino y para mesa. Si la cosecha era muy buena las vitivinícolas SAN MARCOS y DOMECQ les querían pagar centavos por sus kilos de uva, si sucedía al revés los pocos que salían a ofrecer su cosecha recibían quizá un premio del 10% sobre el precio donde la oferta superaba la demanda.

El clima era otro enemigo permanente: una granizada podía acabar con el fruto y con la parra. Una helada ponía en peligro la economía de los finqueros. Pocos bancos se atrevían a financiar a los productores de uva pues no eran pagadores seguros.

Hoy día – con México tan abierto a las importaciones- desaparecieron los viticultores en Aguascalientes. Donde hubo viñedos ahora existen naves industriales donde las empresas japonesas ensamblan autos y camionetas que van a parar al mercado nacional o a la República de Chile, se fabrican artículos electrónicos o el INEGI procesa sus estadísticas. Solo así fue rentable ese suelo que donde la vid trajo a sus propietarios incertidumbre permanente, divorcios y canas. La escasa lluvia y la sobre explotación de mantos freáticos ha hecho común el en la capital el racionamiento de agua potable.

La operación del servicio está concesionado desde hace 24 años a un operador privado. Los usuarios se quejan de altas tarifas y contubernio con quien gobierna en el estado- sin que importe el partido político. En la misma región desde 1980´s productores especializados en hortalizas cultivados bajo agricultura bajo contrato y que se congelaban y empacaban para consumo en hogares o por clientes institucionales. Esto generó certidumbre al proveedor y al comprador. Hoy las empresas agrícolas en Aguascalientes utilizan modernos túneles de congelación suecos, poseen su propia flota de transporte y almacén refrigerado, venden a mayoristas dentro y fuera de México o a través de amas de casa que ofertan a sus amigas al estilo de los cosméticos de AVON.

Ante las múltiples amenazas de extorsión o secuestro se mudaron a Texas para evitar la pena de verse en las páginas de la nota roja o en el obituario del periódico. Lo que quiero ejemplificar es que en la agricultura el riesgo es alto y que es difícil lograr el éxito. Los mercados urbanos son crueles con los productos agrícolas. Los supermercados ofrecen como gancho sustanciales rebajas en plátano, hortalizas, chayotes u otros vegetales como si no costara dinero, tiempo y esfuerzo su cultivo, cosecha y traslado a sus anaqueles en las ciudades.

Los caminos, carreteras y autopistas -indispensables para abastecer desde el campo a las ciudades y viceversa se han convertido desde hace cinco años en verdaderas madrigueras de malandrines dispuestos a apoderarse de lo ajeno.

Para desgracia de los agricultores o ganaderos lo robado a sus camiones es muy fácil de revender en cualquier tianguis mediante la asociación con fines de lucro con mercaderes o genízaros. Desde Centroamérica y por décadas ha entrado a Tabasco ganado de contrabando -sin control sanitario alguno. En sus grandes rastros se procede a la matanza y luego se abastece principalmente a la Ciudad de México – quizá en lo sanitario es el centro de consumo más permisivo en lo sanitario que exista en el mundo. Recientemente fue “detectada” una bien organizada banda de taqueros que eran a la vez criadores de perros con la finalidad de sacrificarlos y vender su carne en su red de taquerías o tianguis.

¿Cuántos de estos puestos de taco de canino existirán en la inmensidad del Valle de México?. En nuestro país como consumidor el riesgo no solo que le den gato por liebre, sino queso fresco elaborado sin el menor cuidado sanitario. Miles de tumbas guardan el secreto de la verdadera causa de muerte de sus inquilinos: ingredientes en mal estado en sus quesadillas, queso “fresco” en sus enchiladas o “panela” que les llevó al otro mundo por el solo hecho de andar de antojados comiendo en la calle. Busque usted que es la “brucelosis abortus”.

En la capital de los Estados Unidos Mexicanos se encuentra el mayor centro de consumo de vísceras de bovino y cerdo de todo el mundo. Cientos de contenedores llegan diario desde Canadá al igual que trailers de los rastros del para aportar la materia prima de los tacos de sesos, cabeza, cachete, tripa que si bien deleitan al cliente también le restan varios años de vida por la pésima sanidad. La obesidad rampante que usted observa hoy en el Valle de México debe su origen al Tratado de Libre Comercio de México con Canadá y Estados Unidos. El ingerir refrescos gasificados con toda la amplia gama de comida chatarra que nos llegó y la que ya teníamos por tacos, tamales, tlacoyos y anexas están aniquilando a la raza de bronce. El COVID ya demostró de que estamos hechos. Y no nos fue nada bien con el virus que se llevó por delante entre 400 a 600 mil mexicanos, reduciendo la esperanza de vida de los varones en casi 4 años y la de las mujeres en dos años menos. PROVECHITO……

 

 

Compartir