
SOLEMNIDAD DE LA ASUNCIÓN DE LA SANTÍSIMA VIRGEN MARÍA
HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
15 DE AGOSTO DEL 2026
Hemos venido a esta Iglesia Catedral de nuestra Arquidiócesis de Antequera Oaxaca para vivir esta festividad tan importante en la vida de la Iglesia Universal.
Hoy, damos gracias a Dios y recordamos que el día 1 de noviembre de 1950, el Papa Pío XII proclamó dogma de fe la Asunción de María a los cielos.
Creemos como lo decíamos en la oración, que María fue llevada al cielo en cuerpo y alma, que no conoció la corrupción del sepulcro. Así lo quiso Dios y así lo hizo Dios, dogma de fe. Creo en la Asunción gloriosa de María a los cielos, creo que María es la Madre de Dios, creo que María es Inmaculada en su concepción.
Creemos en María, Madre de Dios y madre nuestra y, hoy, la podemos contemplar de su Hijo Jesucristo, a la derecha del padre, en el cielo. Ahí está María para interceder por cada uno de nosotros. Invóquela, háblele, reconociéndola como madre y presentándose usted como su Hijo. Ella nos recibió como sus Hijos al pie de la cruz cuando el Señor Jesús, entregando su vida al padre para salvarnos a todos nosotros, redimirnos y perdonarnos nuestros pecados se dirigió a su madre y le dijo, mujer ahí tienes a tu Hijo, Hijo hay tienes a tu madre, dirigiéndose a Juan su apóstol.
Él es el que da testimonio de esas frases pronunciadas por el Señor Jesús desde la cruz. La reconocemos como nuestra mano, le hablamos como sus Hijos y esperamos que ella alcance a favor de nosotros las gracias, los favores, los beneficios, los milagros de parte de Nuestro Señor en favor de nosotros. Siga invocándola desde su corazón de Hijo y sigan teniéndola en un lugar especial.
María, la esclava del Señor, recordemos que así lo dijo ella cuando el arcángel Gabriel le anunció que iba a ser la madre del Mesías, del Mesías esperado, del Emmanuel, del Dios con nosotros, le dijo: Yo soy la esclava del Señor, que se cumpla en mí lo que me has dicho.
Por ese Sí de María, la segunda persona de la santísima Trinidad comenzó a formarse en su vientre, dándole esa humanidad, por obra y gracia del espíritu Santo María concibió a su Hijo Jesucristo y un día lo trajo al mundo. Ella es la Madre de Dios, ella es la esclava del Señor, aprendamos a seguir siendo servidores de Dios, porque también nosotros somos llamados a servir, a servir a Dios en la persona de nuestros hermanos, en la persona de los que nos encontramos a lo largo de la vida.
Supongo que usted quiere llegar al cielo, donde está Nuestro Señor y donde está la Madre de Dios. Nuestro Señor quiere el cielo para nosotros, María, Nuestra madre, quiere que lleguemos al cielo. Pregunto, ¿usted quiere ganar el cielo?, Ya sé que me va a responder, si, si quiero llegar a cielo, y le pregunto ¿y se está ganando el cielo haciendo lo que a Dios le agrada, siendo ese servidor de Dios, amando a Dios con todo su ser y amando al prójimo? Porque no sólo es querer llegar al cielo, es ganarnos el cielo y ahí está el asunto, ganemos el cielo. Nuestra meta final es el cielo, no es otro lugar. Recuerde que el infierno se hizo para el diablo y sus ángeles, el infierno es para ellos, para el diablo y sus ángeles. Usted no es un servidor del demonio, usted es un servidor de Dios, usted es una persona que busca seguir creciendo en santidad de vida, que no se le olvida que Dios nos dice sean perfectos como su padre celestial es perfecto. Usted hace un esfuerzo todos los días por ir alcanzando esa perfección, descubre en su persona que hay algunos detalles que tiene que corregir y siente que, a veces, no es posible, pero a la vez se dice, si Dios me pide que viva así, es posible y, entonces, invoca la fuerza divina, y de la gracia a Dios para poder vivir la virtud y no ser esclavo de los vicios, de los efectos, no vivir en el desorden, sino vivir ordenadamente.
Por la fuerza divina yo voy a alcanzar ese crecimiento de santidad y de gracia. Su meta final es el cielo, acuérdese, usted tiene que subir al cielo, usted tiene que ser llevado al cielo, pero el cielo se gana todos los días y todos los momentos. No piense, pues cuando ya sea una persona de muchos años voy a preocuparme por ganar el cielo, ahorita estoy muy joven, me faltan muchos años de vida. No piense eso, no piense eso, también los niños se mueren, también los adolescentes se mueren, también los jóvenes se mueren, también las personas maduras se mueren, también los ancianitos se mueren. En todas las etapas de la vida, algunos se despiden de este mundo. Ni tú ni yo tenemos seguridad de vivir este día completo, no tenemos la seguridad.
Cuántas veces no nos han dicho que alguien que vimos en el día se despidió para siempre y decimos, pero si lo miré en la mañana, platiqué con él, me encontré con él, cómo que ya murió.
Eso nos ha pasado nos seguirá pasando y un día también dirán de nosotros que partimos de este mundo al Padre, lo dirán, lo dirán, pero que nosotros digamos a diario hoy tengo que ganarme el cielo haciendo las cosas que son agradables a los ojos de Dios y pidiendo a Dios su gracia, su auxilio, su misericordia, porque somos débiles, frágiles, pecadores. No dejemos de pedir la fuerza divina para ir logrando esa perfección, pero también no dejemos de pedir a Dios misericordia y perdón, porque seguimos siendo frágiles y pecadores. Ese es el proceso nuestro. María ya está en el cielo, María ya fue llevada al cielo en cuerpo y alma. Nosotros también, un día, vamos a estar con un cuerpo glorificado como el de Jesucristo. No pensemos que este cuerpo es como una envoltura del alma, no, el alma y nuestro cuerpo forman esta persona que soy yo y que el Señor me va a resucitar. Él me prometió resucitarla, Él me habló de una vida eterna, no se le olvide en dónde asegura usted su vida eterna y su resurrección con Dios, participando de la mesa donde Cristo se ofrece por todos nosotros para el perdón de los pecados, recibiendo la sagrada comunión.
Ahí se asegura la vida eterna y resurrección con Dios, el que come mi carne y bebe Mi Sangre tiene vida y vida eterna y yo le voy a resucitar el último día. Los prometió resucitarnos, lo va a cumplir en su momento, tendremos un cuerpo glorificado como el de Jesucristo, pero trabajemos para resucitar para la vida, no nos dedicamos a hacer las cosas para resucitar para la condenación eterna, no, la condenación eterna no. Resucitar para la vida y usted sabe qué es lo que tiene que hacer, no piense que es un ignorante, no es un ignorante. Usted sabe muy bien qué cosas debe hacer y qué cosas debe evitar, lo sabe, sí lo sabe. Pues haga sólo lo que le agrada a Dios, le fue usted sabe que es bueno, lo demás evítelo y váyase ganando el cielo y un día estaremos con nuestro Señor participando de su gloria. Estaremos con la Madre de Dios y madre nuestra dando gloria a Dios, dando gloria a Dios.
Siga viviendo la sencillez y la humildad de corazón, siga pareciéndose a Nuestro Señor, sean mansos y humildes de corazón, aprendamos del Señor Jesús. La mujer humilde y sencilla es María que alaba y bendice a Dios como lo hemos escuchado hoy en el Evangelio, proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador porque puso sus ojos en la humildad de su esclava. Desde ahora me llamarán dichosa todas las generaciones. Usted y yo llamamos dichosa a María pero también Nuestro Señor un día nos dijo que fuéramos dichosos, dichosos los pobres de espíritu, dichosos los misericordiosos, dichosos los limpios de corazón, dichosos los que trabajan por la paz, dichosos los que trabajan por la justicia, dichosos los perseguidos, nos dijo muchos detalles en donde somos dichosos. Sigamos haciendo dichosos para que, un día, seamos dichosos en la eternidad, así lo quiere Dios y así lo quiere Nuestra madre del cielo, tenernos con ella gozando de la felicidad eterna.
Que Dios los bendiga y que siempre guardan en su corazón un amor muy especial a la Madre de Dios que no ocupa el lugar de Dios, no, no lo ocupa, Dios tiene su lugar, Dios nuestro padre tiene su lugar, Dios Hijo tiene su lugar, Dios espíritu Santo tiene su lugar y, María, tiene su lugar.
Buscamos a Dios, llenemos de él y a través de María lleguemos a su Hijo Jesucristo.
Que así sea.








