XVII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
26 DE JULIO DEL 2026
Agradezco su presencia en esta Iglesia Catedral a todos ustedes y, de una forma especial, porque así lo pienso y lo siento, agradezco a quienes han venido a visitar nuestro Oaxaca, por estas fechas tan especiales que vivimos en el mes de julio, nuestra famosa Guelaguetza y todo lo que, en torno a esta festividad, se organiza en nuestra ciudad y en nuestros pueblos. Gracias por estar aquí, porque no se olvidan de Dios y le dedican este momento a Él, a la escucha de Su Palabra y a la fracción del Pan.
Gracias y sigan disfrutando de sus vacaciones, de su descanso, de su convivencia familiar, sigan participando pues en las actividades que se puede participar. Gracias, muchas gracias por haber venido a Oaxaca y por haber venido a esta Iglesia Catedral a la Santa Misa.
Quiero iniciar este momento haciéndole una pregunta, ¿usted qué le pide a Dios? ¿qué suele pedirle a Dios? No me responsa en voz alta, respóndase en lo personal, porque hoy tenemos un ejemplo, en la primera lectura, Salomón nos da ejemplo de qué pedirle a Dios, le podía pedir de todo, de todo, y sólo le pidió una cosa, una nada más, “dame sabiduría para gobernar a tu pueblo”, eso fue lo que le pidió a Dios, sabiduría para gobernar.
Aquí hay papás y mamás, si así se puede decir, ¿le han pedido a Dios sabiduría para para dirigir a sus hijos o sólo le han dicho a Dios “que se corrija mi muchacho, Señor, corrígelo”?… ¿le ha pedido usted sabiduría para que las palabras que salgan de sus labios sean las adecuadas para orientar, motivar, corregir a su hijo? Revísese, papá, revísese, mamá o usted se ha cruzado de brazos y le ha dicho a su esposo “corrige a tu muchacho, nunca lo corriges, corrígelo” o, al revés, “corrige a tu mocoso, corrígelo, ahí está, siempre con mucho cariño, con mucha ternura y nunca le dices nada”, a ver ¿cómo anda usted, papá, mamá? ¿Le pide usted a Dios sabiduría para corregir, sabiduría para iluminar, sabiduría para motivar, sabiduría para orientar a los que están en su entorno? ¿le pide paciencia para comprender a sus seres queridos?
Sabiduría.
Salomón sólo pidió sabiduría y, usted y yo pedimos tantas y tantas cosas a Dios, y que ayúdame en esto y que dame aquello y que ilumíname aquí, ilumíname allá y hacemos tantas peticiones a Dios y miren, Salomón sólo pidió una, sabiduría. ¿Se acuerdan que un día le llegaron dos mujeres a Salomón peleándose por un niño, las dos decían que eran la madre de ese niño y las escuchó a las dos, las dos decían que eran la mamá de ese niño ¿y qué decidió Salomón? Pártanlo por la mitad, la mitad para uno y la mitad para la otra, órale, mitad y mitad, porque las dos dicen que son la mamá, entonces mitad y mitad y ¿cómo reaccionó la verdadera mamá?, “no, déselo a ella, déselo a ella” y entonces ¿qué decidió Salomón? “es suyo, este niño es de usted, no de ella, porque usted reaccionó sin pedir la muerte, quiere decir que usted es la madre”. Allí aplicó la sabiduría y así tendremos más ejemplos de la sabiduría de Salomón. Pues hay que pedir sabiduría, no se olvide que es uno de los dones del Espíritu Santo, que usted recibió en la confirmación, sabiduría, entonces pues que no esté ahí olvidada la sabiduría, rescátela todos los días, me regalaste sabiduría, aquí quiero aplicar la sabiduría divina, en esto, en aquello.
Oiga, ¿y cuando usted se enferma, qué le pide a Dios? ¿Qué le dé salud y sólo se queda en eso? ¿qué deberíamos pedir a Dios? Deberíamos pedir fortaleza, dame la fortaleza porque en este momento de prueba y sufrimiento, yo necesito de Tu fuerza, para no renegar de mi enfermedad, para saberla aceptar y para orientarla como es debido, para alcanzar la gracia que Tú me concedes, porque cuando yo estoy enfermo y sé aceptar esta enfermedad como oportunidad de gracia, de santificación y de purificación, no voy a estar perdiendo el tiempo sólo sintiendo los dolores, los voy a encauzar, mi dolor y mi sufrimiento va a ser purificador.
Señor a lo largo de mi vida he quebrantado tus mandatos, si en este momento que me pruebas en el sufrimiento te lo puedo ofrecer para que me purifiques de todos mis pecados que a lo largo de la vida he cometido.
El sufrimiento de Cristo, fue para el perdón de nuestros pecados, el sufrimiento suyo que también sea para el perdón de sus pecados. El sufrimiento de Jesucristo fue para perdonarnos a todos, que su sufrimiento también usted lo encauce en favor de los demás y muy en especial en los que están más cerca de usted, encauce su sufrimiento, no lo deje ir así, nomás, porque si no, va a pasar la vida pues nomás quejándose, “ay, este dolor, Señor, acuérdate de mí, ya basta de tanto sufrimiento y dolor, de tanto esto y de tanto aquello” y una renegadera que agarramos. No desaproveche, no desaproveche, es redentor su sufrimiento, es purificador su sufrimiento, aprovéchelo así.
En lugar de pedirle a Dios: “concédeme la salud”, dígale, “dame la fortaleza, ayúdame a aceptar este momento de prueba. Si en este momento quieres que yo sea el Evangelio del sufrimiento, lo acepto, Señor, pero no me dejes de tu mano. Lo recibo, purifícame y santifícame a mis seres queridos, por el sufrimiento que yo te ofrezco”.
Todos los días le pedimos a Dios que nos dé alimento, oiga, y ¿usted se alimenta de la Palabra de Dios? ¿lee un fragmento del Evangelio, del Evangelio del día? ¿lo lee? Porque ese es un alimento, ¿o no se acuerda? Sólo se acuerda de los frijolitos y las tortillas y el molito y la tlayudita y el tasajito y las hierbitas, ¿y la Palabra de Dios, que es también alimento, está olvidada? ¿no siente hambre de la Palabra de Dios? ¿sólo siente hambre de llenar su barriga, de llenar su estómago? ¿y de llenar su corazón y de llenar su mente? ¿no tiene hambre de eso? ¿no siente?
Ándele, sienta aunque sea poquito, aunque sea poquito. Dios lo ha ido bendiciendo a lo largo de toda la vida ¿no tendremos un momentito para leer Su Palabra y decirle “Señor, gracias porque hoy me estás pidiendo esto y voy a tratar de vivirlo así, como Tú me dices”.
Oiga, ¿dónde está su tesoro?, aquí, en este corazón, ¿qué hay? ¿está ambicionando? ¿ambiciona tener esto y aquello, a llenarse de cosas? ¿su corazón está así, ambicionando? Nuestro Señor nos dice “busquen el Reino de los Cielos y lo demás se les dará por añadidura, busquen las cosas de Dios, donde está tu tesoro, ahí está tu corazón”.
Las cosas de este mundo nos esclavizan y tú no debes de ser una persona esclava de las cosas, las cosas no te deben hacer perder el cielo, no vivas ambicionando, no vivas envidiando lo que otros tienen, no quieras enriquecerte sea como sea, con dinero mal habido, con injusticias, con fraudes, robando, ¿de qué sirve?
Tengamos cuidado, todos estamos tentados, todos, sin excepción. Tengo un carrito, quiero otro mejor. Tengo una casita, la quiero engrandecer, porque no me voy a dejar de mi vecino, no, yo tengo más que mi vecino, mi vecino no tiene en qué caerse muerto, yo sí tengo. ¿De dónde llegaron todas esas cosas? ¿quién te las dio? Dios ¿y te las dio para humillar, para despreciar? No, no, te las dio para que seas un buen administrador, porque no te vas a llevar nada, aquí se va a quedar todo. Sólo te vas a llevar lo que hay en tu corazón y si en tu corazón está el amor, es lo que te vas a llevar, la generosidad.
El Señor nos dice “con el dinero, tan lleno de injusticias, gánense amigos que los reciban en el cielo”, ¿dónde está su tesoro? ¿dónde tienen su corazón? ¿de qué está lleno su corazón? ¿de qué está lleno?
Ojalá y su corazón esté libre, no sea un corazón esclavo, libre de cosas y libre de personas, y sólo vivir el amor, y el amor a Dios nos lleva a vivir el amor a nuestros hermanos y todo lo tenemos que hacer por amor a Dios.
A veces, a veces escucho a los esposos que se dicen “mi tesoro, mi tesoro”, pues de veras sean ese tesoro y si les dicen “mi tesoro”, es porque están amando, ¿o es por los billetes?, yo creo que es por el amor, la expresión esa, sean el tesoro.
Papá, mamá, sea el tesoro para sus hijos, regálele su tiempo, regálele su vida, esté con ellos, acompáñelos, interésese por ellos, que sea ese tesoro para que sus hijos puedan decir “mi padre, mi madre, son un tesoro para mí”, y que de los labios de nuestros papás también salga lo mismo “Dios me dio en este hijo un tesoro”.
Podemos ser tesoros para todos siendo de corazón bueno, de corazón bueno.
Qué corazón tan bueno tiene esa persona, aquella, la bondad se refleja en el rostro, porque sale del corazón, díganle a Dios, así como dijo Salomón “lléname de sabiduría”, que también nosotros le digamos “lléname de sabiduría, lléname de fortaleza, lléname de gracia, lléname de bondad, lléname de humildad, de sencillez, de misericordia, de compasión”, de tantos y tantos detalles que no son cosas, sino actitudes, comportamientos, vivencias evangélicas que Dios quiere que nosotros tengamos para seguir extendiendo Su Reino.
Encomendémonos a la Madre, a la Madre de Dios y Madre nuestra. Trono de la sabiduría, decimos en las letanías, trono de la sabiduría. Pues hay que decirle al trono de la sabiduría que nos alcance, de parte de Dios, eso que nosotros necesitamos y las cosas llegarán, si usted pide dones, gracias, virtudes, lo demás va a llegar, tenga la plena seguridad que llegará.
Que María interceda y nos acompañe en nuestro caminas, espero haber llegado a su corazón y haber sembrado algo, sin herir a nadie, porque nunca pretendo herir a nadie, no, pretendo sembrar una semillita, nada más, motivarlos a ser un poquito o un mucho mejor.
Que Dios los colme de gracia y los acompañe en esta semana.
Si van a ir a la Guelaguetza váyanse temprano, ah, si traen boletito, pues está numerado, váyase a la hora que quiera, ahí está su lugar, si no trae boletito, madrugue para hacer fila, a ver si alcanza a subir y a disfrutar, a disfrutar, pero me dicen que aquí en este pueblo y en el otro y en el otro y por donde quiera hay Guelaguetzas, entonces, pues no andarán tan elegantemente vestidos los bailadores, pero bailan, bailan, “vamos a otra Guelaguetza, no alcanzamos allá, vámonos a otra” y si no vamos, no nos pasa nada, “ay, se fue el mes de julio y no fui a la Guelaguetza”, no se ponga triste, mire hay muchas Guelaguetza, cuando se casan, una bailadera por las calles, mucha calenda. Tiene ganas de calenda, póngase enfrente de Santo Domingo y ahí todo el sábado hay bailadera, bueno, también en el Carmen y en los demás templos hay.
Bueno, a disfrutar, a disfrutar.
Ver menos








