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XVI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
19 DE JULIO DEL 2026
Le doy gracias a Dios, porque pudo llegar hasta la Iglesia Catedral, está muy complicado para recorrer nuestras calles, cerradas por todos lados, pero es fiesta ¿verdad?, es fiesta. Ya me imagino cómo les costó trabajo pasar de aquella parte hacia acá, buscaron ahí, como yo busqué un agujerito para pasar, porque, si no, nos mandaban hasta donde comienzan las vallas y está retirado, pero, en fin, ya estamos aquí, ya estamos aquí. Disfrutemos de la Celebración.
Veo caras nuevas, veo caras nuevas que han venido a la misa y eso me alegra, porque han venido de diferentes pueblos, de diferentes estados de nuestro país o del extranjero, bienvenidos, a misa de 12 aquí, en la Iglesia Catedral.
Espero sembrar en su corazón una buena semillita, que a ustedes, en su momento, les ayude para saber vivir los diferentes acontecimientos de la vida.
Cuando miramos, cuando miramos nuestros pueblos, nuestras ciudades, nuestros barrios y nuestras mismas familias, descubrimos que sí hay bondad en el corazón de las personas, pero también descubrimos que hay mucha maldad, mucha maldad y, tal vez en este caminar nuestro, en algún momento, nos hemos puesto a pensar, ¿por qué Dios no se lleva a los criminales, a los violentos, a los desordenados? ¿Por qué no se los lleva, para que estemos tranquilos? Y solemos decir también, se lleva a los buenos, a las personas buenas y se quedan los malos y, nosotros, nos ponemos a juzgar y a calificar, estos son buenos y estos son malos y quedamos libres nosotros, nosotros quedamos libres, pero no tan libres, porque no nos sentimos tan malos. Tenemos ojos para mirar la maldad de los demás y nos cuesta mucho trabajo tener esos ojos para mirar la bondad, pero sí queremos que las demás personas, cuando nos miran y nos juzgan, nos miren con ojos de bondad, porque nosotros somos buenos, somos buenos, entonces, tienen que descubrir nuestras bondades, no nuestras maldades.
Todos somos buenos y todos somos malos, todos tenemos virtudes y todos tenemos defectos. En nosotros hay buena semilla y también hay cizaña. Ya nos explicó Nuestro Señor la parábola de la semilla buena y la cizaña, ya nos la explicó, ya nos dijo quiénes son los que trabajan ahí, en todo eso. Ya nos dijo que el maligno, que el demonio es el que siembre cizaña y, fíjese, el demonio es un buen sembrador, siembra mucha cizaña, en todos los corazones. No me vaya a decir que usted no tiene tentaciones, que usted no tiene defectos, porque si me dice que no tiene tentaciones y no tiene defectos, voy a buscarle un nichito, a ver dónde lo ponemos, pero todo está ocupado, aquí ya no cabe usted, oiga, en algún nichito, porque ya tenemos las imagencitas, ya todo está ocupado. No, nosotros seguimos teniendo tentaciones y las vamos a seguir teniendo a lo largo de toda la vida, no se angustie usted porque tiene tentaciones, porque el espíritu del mal, el demonio lo tienta, no se angustie, eso lo va a tener hasta el último momento de la vida, no se le van a acabar las tentaciones, ni cuando sea viejito, viejita, va a tener tentaciones, siempre, siempre, siempre va a haber tentaciones.
¿Qué es lo que tenemos qué hacer? Pues nos dijo la segunda lectura que invoquemos la fuerza del Espíritu para vencer, para vencer, la fuerza del Espíritu y, con la fuerza del Espíritu y con su voluntad, la tentación no le causará ningún daño, porque usted, usted la va a vencer, no con sus fuerzas, grábeselo muy bien, las tentaciones no se vencen con nuestras propias fuerzas, se vencen con la fuerza divina y la voluntad que nosotros pongamos. Fuerza divina y voluntad. Si usted quiere vencer alguna inclinación mala sin pedirle a Dios su fuerza, va a caer, va a caer, porque el espíritu del mal es más fuerte que todos nosotros, que todos nosotros juntos, por eso nos tienta a todos y nos hace caer a todos si nosotros no tenemos esa fuerza divina. Busque la fuerza divina y va a vencer.
Y, fíjese, Dios no acaba con la maldad, porque tiene paciencia, tiene paciencia y espera que la persona mala se convierta, se convierta. Eso es lo que espera Dios, que ese corazón, en el que se ha anidado tanta maldad, se convierta. Reconozca que lo que está haciendo no es bueno, no le lleva a ningún lugar bueno, le está apartando de Dios, está perdiendo el cielo. Dios tiene la paciencia de esperar, de esperar la conversión del pecador. Dice: “Yo no quiero la muerte del pecador, sino que se convierta y viva”. Dios espera la conversión de usted y espera mi conversión. Dios no quiere acabar con nosotros, Dios quiere que la maldad ya no esté en el corazón, pero que nosotros tomemos la decisión de apartarnos de hacer el mal y nos dediquemos a hacer el bien.
Lo podemos hacer, lo debemos hacer.
Hay corazones buenos, hay corazones malos. Que usted no tenga nunca un corazón malo, no, no, no, no, no. Ese sentimiento no debe de estar presente en un hijo de Dios. Usted es hijo de Dios y usted debe tener esos sentimientos de amor, de bondad, de misericordia, de perdón, de respeto, de solidaridad, de caridad, de fraternidad. Así tiene que ser su corazón, así tiene que ser su corazón, así tiene que ser y todo eso lo va a llevar, si usted se está esforzando cada día por vencer todo esto con el auxilio divino, usted va a ser fermento en la comunidad y usted mismo va a llevar semillita buena, no va a sembrar cizaña, porque a veces, a veces, se nos olvida que debemos ser sembradores de semilla buena y andamos aconsejando así medio mal, medio mal.
A veces, cuando nos platica alguien de lo que le hicieron, solemos decirle “no te dejes”, ya eso es sembrar semilla mala, “no te dejes, no, no, cómo, cómo. Tu comadre te está haciendo todo esto, no te dejes, no, no, no…”, semilla mala, cizaña. Estamos, estamos ahí refregando el corazón de alguien para que tome actitudes de venganza, para que vaya a pleito, para que vaya a enemistarse, para que vaya y le grite a la otra persona y le reclame con fuerte voz y se hagan de palabras y se ofendan y, en lugar de arreglar las cosas, las desarreglamos, porque mi comadre no se va a callar, mi comadre va a seguir hablando y, ahora, le prendí más fuego, pues ahora sí, la lumbre ya está muy encendida, ahora sí nos va a inventar más cosas y ya con qué cara vamos. No, calladito, no siembre cizaña, no siembre cizaña. Hay que sembrar buena semilla.
Que toda persona que se encuentre con nosotros, le alegre, le alegre. Sea feliz, porque se ha encontrado con nosotros. Seamos ese buen campo, como nos decía la Palabra de Dios el domingo pasado, la tierra buena donde Dios siembra y da abundantes frutos. Pues ahora nos dice, con paciencia, con paciencia.
En lugar de decirle a Dios “llévate a los malos, ya que se mueran, ya”, en lugar de decirle eso, vamos diciéndole: “Señor, toca el corazón de mi vecino porque se ha portado muy mal conmigo”, toca el corazón, no decirle “ya llévatelo, ya que lo machuque un carro ahorita que salga, que lo destripen”, no, no, no, no. Hay que decirle a Dios: “Tú sabes tocar el corazón, Tú sabes tocar, te pido por mi vecino y, al tiempo que te lo pido, te estoy pidiendo por mí, porque yo no quiero hacer cosas que dañen a los demás, yo no quiero ser cizaña, quiero ser esa semillita buena que va dando fruto”.
Pues una feliz semana para todos, es semana de fiesta, por si no lo sabían, eh, para que lo sepan, es semana de fiesta, ruidito aquí, ruidito allá, ruidito en todas partes. Mañana es la Guelaguetza, espero tenga boleto para ir a las diez o para ir a las cinco y si no tiene boleto para ir a las diez o ir a las cinco, vaya a hacer fila a temprana hora para que se pueda subir a la gayola, allá, mero arriba, para que vea a todos los que están abajo chiquitos, chiquitos, y usted bien grande, allá arriba, mirando a todos los que están en su zona grandes y los de abajo chiquitos y los que están bailando más chiquitos, porque están más lejos, pero se disfruta, se disfruta y, si no, pues véala por la Cortv, sí, véala ahí o por Facebook porque hay muchas páginas que empiezan a pasar eso, ¿o ya fue ayer a verlos en el desfile de las delegaciones? ¿ya los vio ayer en la tarde? ¿no? Pues entonces el sábado salga aquí a las calles y véalos en el desfile de las delegaciones, al fin sí van a bailar la Flor de Piña otra vez, porque todo mundo dice que va a ver nada más Flor de Piña y otras también, por supuesto.
Bueno, disfrutemos ¿sí? No reneguemos, no reneguemos, porque venimos aquí a esta calle y está llenísima y no se puede caminar, pues no reneguemos, vámonos por otra calle que esté sola, ah no, pero esa que está sola no se ve bonita, esta es la que se ve bonita, ah bueno, pues entonces éntrele, a ver a qué hora sale a la orilla. Sí, sí. Escuche, aquí hay música, allá hay música, por todos lados hay música, por todos lados, nada más busque por ahí en los medios y usted encontrará en dónde hay guelaguetza, a qué hora y qué día, toda la semana, toda la semana. Entonces, pues disfrutemos, alegrémonos porque vienen a visitarnos, tanta y tanta gente, miles y miles de gente vienen a visitarnos. Los que viven de eso se quejan, suelen quejarse, “ah no está lleno nuestro hotel, no vienen comensales a nuestro restaurant, se quejan. Los que trabajan en el mercado se quejan porque no consumen, porque nada más entran y salen, “güerito, güerito” y los güeritos nomás no sueltan nada, entonces andan cortos de billetes, tranquilos.
Entonces, gocemos esta semana, gocémosla, que Dios nos cuide y nos bendiga y nos traiga esa alegría al corazón y la podamos compartir y siga sembrando buena semilla, porque es lo que quiere Dios.
Que María, Nuestra Madre, vuelvo a decirles, estas fiestas nacieron por la festividad del Carmen, por la festividad del Carmen, así como hoy las conocemos, en un momento vinieron a celebrar la festividad del Carmen el 16 de julio, por eso la Guelaguetza es después del 16, los famosos lunes del cerro.
Pues que la Virgen nos acompañe en esta alegría y en este gozo.
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