XV DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
12 DE JULIO DEL 2026
Pues fíjese que, en este domingo, ya el mismo Señor Jesús nos ha explicado el Evangelio. Se los explicó a sus Apóstoles, la Parábola del Sembrador, y se las explicó muy bien y nos las ha explicado a nosotros en este mediodía, al reunirnos en torno a este altar. Estamos en la primera parte de la celebración, la liturgia de la Palabra, porque la Eucaristía tiene dos partes, liturgia de la Palabra y liturgia de la Eucaristía.
Nos alimentamos de la Palabra de Dios y nos alimentamos de Su Cuerpo y de Su Sangre, esos son los dos alimentos que usted y yo debemos de recibir y los tenemos que recibir con un corazón bueno y usted tiene que preocuparse a lo largo de toda su vida por tener ese corazón bueno, para que usted pueda dar frutos, el que tiene corazón bueno da frutos, el que no tiene corazón bueno no da frutos buenos y Dios espera frutos y Dios nos llena de bendiciones y Dios derrama gracias y Dios nos da su auxilio y Dios hace su trabajo en nosotros y espera recoger frutos, no para bien de Él, sino para bien nuestro y para bien de los demás.
El dar frutos repercute en nosotros, en nuestra vida familiar y en nuestra vida comunitaria. Desde pequeñitos, Dios ha ido sembrando Su Palabra, desde pequeñitos, se valió de nuestros padres. Usted y yo recibimos enseñanza de nuestros padres. Usted y yo recibimos enseñanzas de nuestros papás y no me diga que no. “Hijo, quiero que, a lo largo de la vida, tú seas de esta forma, respetuoso, amable, caritativo, generoso, servicial, trabajador, honrado, justo, amante de paz. Quiero que pongas a trabajar todas las gracias, todos los dones que Dios te ha regalado, todas las capacidades que tú tienes. Hijo, sé respetuoso. Hijo, sé amable”. Todo eso era Palabra Divina, todo eso era Palabra Divina y, si nosotros teníamos esos buenos sentimientos, ese buen corazón, esa Palabra Divina, esa semillita que sembraron nuestros papás, hoy sigue dando fruto en nuestra vida, porque cayó en tierra buena, no había nada que estorbara a esa semillita que se sembró y, a lo largo de nuestra vida, siguen habiendo personas de las que se vale Dios para sembrar en nosotros su semilla y espera recoger frutos.
Él se vale de muchas personas, se vale de tantos y tantos amigos en ciertos momentos, que nos ven desesperados, desanimados, desilusionados de la vida, que nos ven metidos tal vez en ambientes de desorden y se vale de alguien para decirnos que nos ubiquemos, que le pensemos, reflexiona muy bien, piénsalo muy bien, lo que estás haciendo no te lleva a nada bueno, piénsalo, recapacita, endereza tu comportamiento.
Sigue sembrando Nuestro Señor esa semillita de Su Palabra. Hay otros que siembran cizaña, que siembran mala semilla, de nosotros depende que aceptemos la semilla buena o la semilla mala y de nosotros depende que haya fruto, porque el auxilio divino ahí está, no nos va a faltar. Si usted le dice a Dios: “Señor, yo quiero dar estos frutos, dame la gracia para irlo consiguiendo”, usted lo va a lograr, lo va a lograr, porque ya se sembró la semilla, ya está en su corazón, ya quiere usted que vaya creciendo y que llegue a dar fruto.
Usted preparó esa tierra, recibió esa semillita y la está regando, la está conservando viva y está dando fruto, con el auxilio divino. Lo importante es que usted tenga voluntad, no se cruce de brazos y diga o afirme: yo no puedo. Usted no debe de decir eso. Si Dios ha sembrado esa buena semilla en usted, puede dar fruto, no diga que no puede. Convénzase de lo contrario, sí voy a poder, con la gracia de Dios, con el auxilio de Dios y voy a poner todo lo que esté de mi parte, toda la fuerza de voluntad para irlo logrando y usted lo va a lograr, por supuesto que lo va a lograr, porque tiene la decisión de dar fruto. Habrá momentos en que le cueste, sí, porque no es fácil, pero no convierta ese problemita que le cuesta en un imposible. No concluya, porque no pudo en un momento, no concluya diciendo: “es un imposible, para mí es un imposible”, no, grábeselo muy bien, Dios no nos pide imposibles, nos pide todo lo que es posible, sólo lo que es posible. Le pide que sea misericordioso, es posible, le pide que usted perdone, es posible; le pide que sea amable, posible; le pide que trabaje por la paz, es posible.
¿Quién lo hace posible? Su voluntad. ¿Quién lo hace dizque imposible?, su voluntad. Quiero hacerlo, lo hago posible. No quiero hacerlo, lo hago imposible, lo hago imposible. Todo es posible, con la gracia de Dios.
Quiero también comentarles, ya nos estamos acercando al ruidazo, ya, ya algunos días hubo buen ruido, buen ruido. Ayer, por ejemplo, hubo ruidito, en algunos lugares de nuestra ciudad hay ruidito, pero el próximo sábado va a haber ruidazo, aquí por este andador, me dicen que es la Guelaguetza de los pobres, porque van y ven a todas las delegaciones que se presentan el lunes 20, el lunes 20, van a ver a las delegaciones el sábado por la tarde, aquí por esta calle y por otras calles y así está, lleno, lleno y el lunes está lleno allá, allá en el Auditorio, lleno por la mañana, lleno por la tarde. Están una filolonas a ver si les toca un lugarcito allá, mero arriba, donde se ven los que están bailando así de chiquitos, pero están, están en la Guelaguetza y están gozando y están disfrutando.
Todo eso es alegría en nuestro pueblo, en nuestro Oaxaca, pero hay situaciones que no nos alegran, nos entristecen y nos preocupan, las hay. Seguimos teniendo enfrentamientos de pueblos, triste, triste. Oaxaqueños contra oaxaqueños, hasta parientes contra parientes. Cerrados los caminos, se lo digo porque algunos sacerdotes me dicen: padre Obispo, no puedo ir a tal comunidad, no me permiten pasar y saben que soy el sacerdote, no me permiten pasar, porque están enfrentados este pueblo contra este pueblo y a veces son de su misma parroquia donde ellos atienden, “no puedo ir a una comunidad de mi parroquia porque tienen enfrentamientos con otra comunidad de mi parroquia”, eso es triste y ¿por qué no nos arreglamos?, porque no hay voluntad y seguimos sembrando mala semilla, porque esa mala voluntad les ha llevado hasta a matar, muertes, muertes, así se quieren arreglar los conflictos, con armas, pues no, así no se arreglan, así se desarregla todo, no hay voluntad y ¿qué siembran?, siembran sentimientos de venganza, “nos mataron a uno de nuestro pueblo, reunámonos para ir a matar a uno de ese pueblo, para irnos parejitos, me mataste, te mato; me mataste te mato”, ¿y cuándo se va a acabar esto?, el día que se cambie el corazón, el día que de veras nos veamos como hermanos y nos respetemos y nos valoremos y veamos que este mundo es de todos y que estos caminos son para que transiten todos, con toda libertad, sin ningún temor, sin ninguna amenaza.
A veces se quieren arreglar los conflictos así, enfrentándose. No es posible, no es posible.
Vienen días de alegría, pero esto entristece, esto preocupa, esto angustia. Que usted y yo seamos amantes de paz y trabajemos por la paz. No vivimos en esos pueblos, pero sí podemos decir en nuestra oración: “Señor, ayuda a nuestros pueblos, que a veces están enfrentados, toca el corazón de los que viven en esas comunidades, toca el corazón para que haya ese diálogo, esa comprensión, ese respeto y todo mundo viva en santa paz”. Eso lo debemos hacer nosotros, lo debemos hacer nosotros.
Pues que Dios nos conceda esas gracias de seguir siendo tierra buena, donde se siembra la semilla de Su Palabra y sigamos siendo esos labios limpios y puros que van y llevan la Palabra de Dios la pronuncian para que entre por los oídos y sea guardada en el corazón, así tenemos que vivir, escuchando la Palabra de Dios, guardándola en nuestro corazón y llevándola a la vida.
Que María, la maestra, que dice el Evangelio que guardaba todas esas cosas en su corazón, nos ayude a ser así, capaces de guardar la Palabra y llevarla a la vida.
Que así sea.
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