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CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA

XXIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

DESDE LA IGLESIA CATEDRAL DE OAXACA

6 DE SEPTIEMBRE DEL 2026

Espero que el mensaje divino que ha entrado por sus oídos, sea guardado en su corazón, para que pueda haber una respuesta a la Palabra Divina. Si no la guardamos en el corazón, no hay respuesta, porque el corazón es la sede de la voluntad. Aquí en el corazón es donde nosotros decidimos qué hacer, en el corazón.

Hoy, la Palabra de Dios, nos dice que debemos ser centinelas de la comunidad, pero también nos dice que debemos de corregirnos, como hermanos, fraternalmente y nos ha recordado que todo esto se hace por amor, movidos sólo por el amor. Ese es el mensaje divino de este domingo.

A veces miramos nuestra comunidad, miramos nuestra ciudad y a lo mejor descubrimos que hay mucho desorden y nadie dice nada, todos callados. Nomás entre nosotros así comentamos, oye, pues las cosas no andan bien, pero todo eso queda ahí, como un comentario. Manifestamos nuestra molestia, pero muy quedito, muy quedito, porque ninguno de nosotros quiere comprometerse, que hablen fulano, mengano, perengano, yo me quedo en la retaguardia, hay que echarlos adelante a ellos, que son los más valientes.

Todos tenemos que cuidar nuestro ambiente y pues no vayamos tan lejos, vamos cuidando el ambiente familiar, porque desde ahí es donde brota el orden o el desorden, desde el ambiente familiar, cómo estamos en la familia, cómo estamos, ¿estamos viviendo el amor? ¿estamos respetándonos? ¿estamos valorándonos en la casa? ¿estamos perdonándonos en el hogar? ¿estamos denunciando las cosas que no se hacen bien de parte de los miembros de nuestra familia, los que vivimos bajo este mismo techo, los que comemos en la misma mesa? ¿Estamos trabajando nosotros para vivir ordenadamente? Porque si eso hacemos en la vida familiar, cuando proyectemos nuestra vida al exterior, fuera de nuestra casa, las cosas marcharán bien, los niñitos van a ir a la escuela y serán ordenados, serán respetuosos de sus maestros, serán buenos amigos de sus compañeros, serán respetuosos de toda persona, porque lo han aprendido en la casa, porque lo han vivido en el hogar y lo proyectan en su familia, ahí, en la nueva familia de su escuela.

Vamos al trabajo y vamos con unos principios de responsabilidad, de orden, de hacer las cosas bien, de trabajar responsablemente, en ese ambiente de trabajo las cosas marcharán bien, porque yo traigo esos principios y aquí los practico, en esta empresa, en esta oficina, en este lugar.

El primer trabajo de ser centinelas es en nuestro hogar, y todos tenemos una responsabilidad, el padre, la madre, los esposos, los hijos, los hermanos, todos, todos tenemos responsabilidad en nuestro hogar. Vivamos el amor, vivamos el amor, porque eso nos invitaba la segunda lectura, a vivir el amor, nos decía que todo se encierra en el amor a Dios y en el amor al prójimo. Proyectemos el amor en nuestro hogar, en la empresa, en la escuela, por las calles de nuestra ciudad, de nuestros pueblos, proyectemos el amor, mirémonos con respeto, no nos ofendamos, no nos burlemos de nadie, no despreciemos a ninguna persona, tratémoslas como hijos de Dios y comportémonos como hijos de Dios y viene esto también, que es muy delicado, espero que lo vivamos, ¿qué nos dijo Nuestro Señor Jesucristo en el Evangelio? Si tu hermano peca, ve y corrígelo a solas, es un mandato de Nuestro Señor. Si tu hermano peca, ve y corrígelo a solas.

Le voy a hacer una pregunta, no me la responda en voz alta ¿usted ha ido a corregir a su hermano? Y su hermano es toda persona, toda persona es su hermano. ¿Usted ha ido personalmente a hablar con su hermano para hacerle la corrección fraterna? Porque eso es lo primero ¿o ha hecho otras cosas en las que Dios no está de acuerdo? Si antes no he ido a corregir a mi hermano, debo de guardar silencio, silencio. No tengo ningún derecho de hablar del comportamiento de mi hermano si yo no he ido con él a corregirlo fraternalmente, se acabarían muchos mitotes, muchas difamaciones si nos calláramos la boca, pero no vamos a corregir a nuestro hermano, vamos con el vecino y le decimos ¿te fijaste en la vecina, que anda haciendo la vecina? ¿te fijaste en el compa de aquí de la empresa? Ya trae otra mujer, ya lo viste, ya anda con otra o ya anda con otro mi comadre, ¿ya te diste cuenta que los hijos de la vecina son unos desordenados? ¿ya fue a corregir? Nuestro Señor dice, si vas y no te hace caso, hazte acompañar de dos o tres testigos y ve a decirle de nuevo a él solito y si esos dos pasos nomás no dan resultado, a la comunidad, a la comunidad.

La corrección fraterna es un mandato de Nuestro Señor, si tu hermano peca ve y corrígelo a solas, ese es el primer paso, no dé el segundo si no dio el primero. Entonces, callémonos la boca, cerremos la boca, y no nos dediquemos a hablar de los hermanos si no los hemos corregido en lo personal y a solas, a solas.

Es lo que dice Dios, no estoy inventando. Yo sé que de las personas que más se habla en un pueblo es del sacerdote, del sacerdote, es del que más se habla y no me diga que no, ah, cómo hablan de los padrecitos, mucho… padrecito corajudo, dinerero, vicioso, desordenado, no le parece nada. ¿Ya fue a corregirlo a solas? No, qué esperanzas, imagínese, me va a poner ahí en evidencia, delante de todos, no, yo no. Entonces ¿por qué tanta habladera? ¿por qué abre la boca? Si tu hermano peca, ve y corrígelo a solas, si este sacerdote se está portando mal, ve con él y dile, dile, “esto que está usted haciendo le está haciendo mucho daño a la comunidad, padrecito, corríjase”… no me animo a decirle, pues no vaya a juntarse con otros dos, porque el primer paso no lo dio, no vaya a decirle a otro: “oye, me acompañas para ir a hablar con el padrecito, para ver si se corrige”, si usted no fue solito o solita a hablar con él, no puede llevar compañeritos si antes no habló solito o solita con él, lo dice Nuestro Señor.

“Vamos juntado firmas y se las llevamos al Obispo” y sí me traen un altero de hojas firmadas, “ya no queremos a este padrecito, ya no lo soportamos, ya no esto, ya no aquello”. ¿Ya fueron a platicar con él? ¿ya le fueron a decir: padrecito si no se corrige, vamos a ir a llevar esto al Obispo? Primero me lo traen a mí y ¿saben qué hago? Rompo sus hojitas, porque le digo ¿ya habló con el padre? Ándele, vaya a hablar allá, dígale a él que la comunidad está molesta, vaya.

Corrección fraterna, corrección fraterna. “No puedo”, le sugiero algo, todo eso que le quiere decir al sacerdote para que se corrija, vaya al Sagrario y dígaselo a Nuestro Señor: Señor, quiero hacer una corrección fraterna con mi padrecito que está en mi pueblo, pero no me atrevo a ir frente a él a decirle, te lo voy a decir a Ti en el silencio de mi corazón, en mi oración, porque yo sé que Tú sí puedes tocar el corazón de mi sacerdote para que el tome conciencia de que ese comportamiento que está teniendo se está convirtiendo en un escándalo muy grande para la comunidad”, dígaselo a Nuestro Señor en la oración y eso mismo aplíquelo para su compadre, para su vecino, para su compañero de trabajo, vaya a Nuestro Señor y dígale, sé que tengo que corregir a mi hermano, porque anda muy desordenado, pero no me animo, no tengo la valentía suficiente. No me animo porque sé que me va a decir ¿y tú qué? ¿qué te importa? Yo sabré cómo vivo. Ve a cuidar tu casa, no me andes cuidando a mí. Pues dígaselo a Nuestro Señor, ore por su hermanito, por su prójimo, haga esa oración.

Pues que Dios nos ayude a hacer corrección fraterna. Usted, papá, mamá, todos los días tiene que hacer corrección, lo sé, pero también es importante que cada uno de nosotros nos corrijamos y nos dejemos corregir. A lo mejor papá usted va y le dice a su hijo, estas cosas que estás haciendo no están bien, quiero que corrijas estos detalles y acepte con humildad que tal vez su hijo le diga, sí, papá, voy a hacer un esfuerzo, pero yo te voy a pedir a ti que también corrijas este detalle. No le vaya a contestar usted, papá, no, no, no muchacho, usted corríjase de lo que le acabo de decir y a mí déjeme vivir mi vida, yo soy su padre, usted no debe de corregirme a mí, yo soy quien debe de corregirlo a usted. Es mi hermano, papá, es mi hermano, mi padre también es mi hermano, porque así lo dice Dios, entonces, aceptemos la corrección que nos hacen nuestros hijos, no nada más de aquí para allá, también de allá para acá y verá que nos va mejor.

Ojalá nosotros hablemos cuando tenemos que hablar y con la persona que debemos de hacerlo y si no hacemos eso, cerremos la boca, no hablemos mal de nadie, aunque sea verdad, mucho menos hablemos de los demás diciendo: me dijeron, me dijeron que estaba pasando esto, me dijeron. Y todo mundo decimos: me dijeron ¿y quién te dijo? Pues me dijeron, a todos nos dijeron y cuando se trata de dar nombres, pues no me acuerdo quién me dijo, pero andan diciendo, qué es eso, pura habladuría, nada de corrección fraterna, nada de vivir la fraternidad.

Hoy nos invita el Señor a corregirnos como hermanos, pero hacerlo como se debe de hacer, eso es lo que yo comparto en este domingo con ustedes, yo sé que ahorita alguien me va a corregir, cuando termine la misa, me va a ir a corregir, pues le voy a pedir al Señor que me dé tranquilidad para que no vaya a ¡bum!, no, corríjame, corríjame, claro, usted es mi hermano, usted es mi padre, usted es mi madre, acepto su corrección, por supuesto, la acepto, la agradezco, pero hágalo siempre movido por el amor sólo por el amor, no haga una corrección para probarme, corríjame, pero no solamente me pique, a ver mi reacción, bueno, pues con esto que ya le dije pues nadie me va a corregir. No se crea, cuando usted vea algo que no está bien, pues hay que corregirlo.

Los quiero mucho, me imagino… pues yo siento mucho amor por ustedes, lo he sentido siempre, siempre, siento mucho amor y de allá para acá yo siento más amor todavía, mucho más amor. Yo lo agradezco, lo agradezco y le digo a Dios, no merezco tanto amor, pero este pueblo ama porque te ama a ti y le agradezco a usted que ame a Dios en la persona de su sacerdote.

Gracias por amarnos, por perdonarnos, por corregirnos, por aceptarnos así, como somos. Ayúdenos a ser mejores y nosotros les ayudaremos también a ser mejores a través de nuestra oración.

Dios les bendiga en esta semana, es el mes de la Biblia, por eso está la Biblia ahí, ojalá en su casita usted tenga en un lugarcito muy especial la Biblia, pero no la tenga nada más de adorno, léala un pedacito del Evangelio y pregúntese qué nos dice Nuestro Señor en este fragmento que acabo de leer, qué me pide y así estaremos nosotros adentrándonos en la Palabra de Dios.

Que Dios los bendiga en todo lo que ustedes hagan en esta semana, los cuide y los proteja y María Nuestra Madre nos siga acompañando en nuestro caminar como los hijos de Dios.

Que así sea.