CELEBRACIÓN EUCARÍSTICA
XXII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
30 DE AGOSTO DEL 2026
Vamos haciendo una conexión con el texto del Evangelio que meditábamos el domingo pasado. Espero que todavía haya recuerdo de esa Palabra de Dios que nos presentó la Iglesia el domingo.
El Señor hizo una pregunta, ¿quién dice la gente que es el Hijo del Hombre? Y los apóstoles respondieron, y les preguntó el Señor, ¿y ustedes quién dicen que soy Yo? Y Pedro respondió: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios”, y el Señor le dijo: “dichoso tú, Simón, hijo de Juan, porque esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino Dios. Quedémonos con eso del domingo pasado y retomemos el Evangelio de este domingo. Anuncia Nuestro Señor su Pasión, Muerte y Resurrección, les habla de estas tres cosas, que va a padecer, de mano de los escribas, de los sumos sacerdotes, que va a morir, pero que va a resucitar.
El anuncio de Su Pasión, de Su muerte y de Su Resurrección.
No le agradó a Pedro este anuncio, no le agrado la Pasión y la Muerte. Eso no le agradó, de la Resurrección no dijo nada, pero se opuso a la Pasión y Muerte de Nuestro Señor y le dijo: “eso no te puede suceder a Ti”, ¿y qué le dijo Nuestro Señor? “apártate de Mí, satanás, porque tú no estás pensando como piensa Dios, sino como piensan los hombres. Estás pensando como hombre, no está en ti el pensamiento divino.
Conectemos Evangelio de hace ocho días y este. Esto no te lo ha revelado ningún hombre, sino mi Padre, que está en los Cielos. Pensamiento divino tenía Pedro al reconocer a Jesús como el Mesías, pensamiento humano tiene Pedro al anuncio que le hace Jesucristo de Su Muerte, de Su Pasión. Ahí ya no hay pensamiento divino, ahí hay pensamiento humano y esto tenemos que aplicarlo a nuestra vida, a nuestra vida.
Usted es un hombre o una mujer de fe. Usted es un hijo de Dios y su pensamiento tiene que ser de un hijo de Dios, tiene que ser de una persona de fe, pero no nada más en ciertos momentos, su pensamiento de fe tiene que ser en todos los momentos y aquí es donde está el problema. Hay momentos en que pensamos como hombres y mujeres de fe y hay otros momentos en que pensamos simplemente como humanos, se nos olvida la iluminación divina, al acontecimiento que estamos viviendo. No sabemos leer en la fe ciertas cosas que nos pasan, porque no son gratas, porque no son agradables, nos olvidamos de Dios y sólo nos encerramos en el pensamiento humano y ahí reaccionamos con molestia, con mucha molestia. Renegamos, nos desesperamos, gritamos, reclamamos, se nos cierra el pensamiento de fe y sólo brota esa humanidad que hay en nosotros. Mucho cuidado, mucho cuidado.
Tome conciencia de quién es usted, no está envuelto sólo en una humanidad, encuentre sentido a lo que está viviendo, encuentre palabra divina, porque también se puede meter el tentador. Le dijo Nuestro Señor a Pedro: “apártate de Mí, satanás y no intentes que Yo piense otra cosa, que Yo haga otra cosa”.
Allí estará a veces ese tentador, porque tal vez en este momento hay mucho dolor, hay mucho sufrimiento y el tentador nos hace pensar ¿de qué sirve tu sufrimiento? ¿de qué te está sirviendo? Tu sufrimiento no sirve de nada, no sirve de nada o habrá personas que vayan a nuestro encuentro en el dolor y alimenten nuestra reacción humana, no alimente nuestra fe.
Usted, cuando vaya a encontrarse con alguien que sufre, alimente su fe, no despierte en él reacciones sólo de pensamiento humano, porque sufrir por sufrir, no tiene sentido. Nuestro Señor nos acaba de decir que si queremos ser sus discípulos, que renunciemos a nosotros mismos, que tomemos nuestra cruz y le sigamos.
Dígale a Nuestro Señor que acepta su cruz y lo sigue. Para eso, tiene que ser fuerte en su fe. No se olvide de Dios, en esos momentos en que usted es probado. No se olvide de Dios. Si usted no se olvida de Dios, encontrará fuerza, encontrará motivo, encontrará que vale la pena lo que le está pasando, porque ahí se está purificando, se está santificando, está practicando la virtud. No desaprovechemos esos momentos en que la cruz que vamos cargando se nos hace difícil llevarla. No la lleva solo, Dios nos va acompañando, Dios nos va dando fuerza, Dios nos va dando gozo y alegría. Nuestro Señor padeció, cargó con la Cruz hasta el Calvario, extendió sus brazos y había un motivo: salvarnos, ese era el motivo, salvarnos y nos salvó por amor, sólo por amor. Entonces, ahí está el Maestro, que carga la Cruz, que extiende sus brazos, que muere por nosotros y que nos dice, nadie tiene amor más grande por el amigo que el que da la vida por él.
Qué grande el amor de Jesucristo en favor de nosotros, entonces, tome su cruz, por amor, sólo por amor, tómela, cárguela, llévela hasta el calvario y resucitará al final, porque el Señor no se quedó en el sepulcro. Cuando anunció Su Pasión y Muerte, también anunció Su Resurrección, al tercer día resucitaré, resucitaré y, usted y yo, tenemos una promesa, salida de los labios de Nuestro Señor: Yo los voy a resucitar el último día, voy a cargar mi cruz movido por amor, siempre por amor, en espera de la Resurrección Gloriosa, que un día el Señor me va a dar, la resurrección y viviré en la eternidad con Dios, porque caminé cargando mi cruz, movido siempre por el amor.
No se olvide lo que es, no se olvide que en usted está la fuerza del Espíritu Santo, es fuerte, porque tiene al Espíritu Santo, que no lo venza el tentador, que no lo engañe, que no lo engañe, siempre piense en Dios, en este momento Dios me pide esto y se lo ofrezco, se lo ofrezco y si siento que esto rebasa mis fuerzas, pues tengo que decirle a Dios: Señor, esto estoy sintiendo, que rebasa mis fuerzas, pero si Tú me das más fuerza, yo cargaré y yo saldré adelante.
Siempre mire con ojos de fe los acontecimientos de la vida.
Espero haberle ayudado, en este domingo a usted, que también es un discípulo de Nuestro Señor, que va cargando con la cruz y que en muchos momentos de la vida tiene que renunciar a muchos gustos personales, se tiene que sacrificar y usted sabe muy bien que lo único que nos vamos a llevar de este mundo son las obras, nada más.
Nos dijo Nuestro Señor, también en este domingo, ¿de qué le sirve al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Y que Él nos va a dar lo que merezcan nuestras obras al final de la vida. ¿Qué nos vamos a llevar? Obras, obras nada más, que sólo carguemos obras de amor y será grato el encuentro con Dios, que nos ama siempre.
Llene sus manos de obras de amor, no las vacíe, llénelas, para que las pueda presentar a Nuestro Señor al final de la vida. Sígalas llenando, siga haciendo obras de misericordia. Todo lo cuenta Dios, todo lo toma en cuenta. Nada queda escondido.
Feliz semana para todos, feliz mes de septiembre, porque ya va a empezar el marte, el martes, ya el mes de septiembre, el noveno mes del año, ya van a iniciar de nuevo las clases, aunque algunos niños renieguen y digan, “ay, se acabaron las vacaciones”, ¿no se han cansado de vacaciones, que han durado tantos meses?, ya no quieren regresar, se acostumbraron a no hacer tareas, pues ya van, ya van, mañana, mañana. Niñitos, vamos a la escuela. Jovencitos, a estudiar, padres de familia, a seguirse sacrificando por sus hijos, a acompañarlos en este aprendizaje, a estar muy atentos a su caminar. Maestros, pues a dedicarse a la enseñanza, esa es su vocación, háganla por amor, por amor a esos niños, por amor a esos jóvenes, fórmenlos, transmítanles las ciencias que el día de mañana les van a servir para ser unas personas de bien.
Acompañemos a los niños y a los jóvenes en todo este proceso de formación, de escuela, de universidad y disfrutemos con ellos y motivémoslos y animémoslos porque ese debe de ser nuestro papel, animar, motivar y llenar de esperanza a esos niños y jóvenes. Un día vas a ser un profesionista, un día vas a ser, pero para que llegues hasta allá hay que pasar por la primaria, la secundaria, el bachillerato y la universidad y serás un profesionista. Sacrifícate, motívenlos al sacrificio, a la renuncia y a muchas cosas para dedicarse a su estudio, motívenlos y acompáñenlos, no los dejen solitos, estén con ellos, para que ellos vean que a usted, papá, mamá, le interesa que su hijo adquiera conocimientos y se vaya formando. Esté con ellos.
Pues, feliz inicio de curso, lo ponemos en las manos de Dios a todos nuestros niños, adolescentes y jóvenes que irán a las escuelas y, también, quiero que sigamos haciendo lo que está a nuestro alcance en este asunto de las madres buscadoras. Creo que el día de hoy se están manifestando las madres buscadoras en muchas ciudades de nuestro país. Necesitan de nuestro apoyo, tal vez no podamos andar con ellas buscando, pero sí podemos nosotros acompañarles en nuestra oración y decirle a Dios que esas madres que buscan a sus hijos los puedan encontrar. Los quieren encontrar vivos, que los encuentren, pero si los encuentran ya muertos, por lo menos van a saber que ya los encontraron y que ya van a saber dónde están y dónde van a colocar los poquitos restos que queden, tal vez.
Cuánto sufrimiento hay en las madres buscadoras, me llama la atención que sólo se hable de las madres buscadoras y no se diga de los padres buscadores, me llama la atención, ¿por qué sólo las mujeres andan buscando? Ya he visto ahí en algunos grupos algunos hombres, algunos hombres. Que todos nosotros los acompañemos en la oración, en la oración. ¿Usted no tiene un familiar desaparecido? Yo sí, yo tengo familiares desaparecidos, que desde hace muchos años no han podido encontrar. Se sufre, y yo o soy el padre ni la madre, ni tampoco soy el hermano, soy un pariente, soy un tío, soy un tío, pero cuánto dolor y sufrimiento tendrá el más cercano.
Acompañémoslos con nuestra oración y desde ahí motivémosles a ellos y desde ahí pidamos protección para todas estas madres buscadoras, porque también nos las desaparecen o les quitan la vida, eso ha sucedido, le quitaron la vida a tal madre buscadora de tal lugar.
Dios las proteja, así digamos, protege a todas las madres buscadoras, que sigan llenas de esperanza y que encuentren lo que buscan y que ya no haya desaparecidos, ya. Que Dios toque el corazón de los que se han hecho vivir así, desaparecidos. Triste y doloroso, triste y doloroso.
Que María, Nuestra Madre, nos proteja, proteja a todas esas madres, que María, la Madre Nuestra, les ayude a ustedes en su maternidad y les ayude a ustedes en su paternidad, a seguir cultivando en sus hijos los principios de amor a la vida y de respeto a la vida de toda persona.
Que así sea.








