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HOMILÍA DE MONS. PEDRO VÁZQUEZ VILLALOBOS,
ARZOBISPO DE ANTEQUERA OAXACA
XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO
2 DE AGOSTO DEL 2026
Siempre hay acontecimientos que nos llaman la atención. Pensé que, en este domingo, no iba a haber tanta gente aquí en la Catedral, me vine con ese pensamiento y veo que han venido bastantes a la celebración de la Eucaristía.
Muchos de ustedes andan de paseo, han venido de los pueblos, de las ciudades, del interior de nuestro país o del extranjero y están aquí. A mí, me alegra su presencia, me motiva su presencia, me evangeliza su presencia y quiero aprender, quiero aprender a tener siempre en un lugar especial a Dios, como lo tiene usted.
Gracias por venir a la Eucaristía.
Me llama la atención algo que, ojalá nosotros, lo aprendiéramos. El Evangelio inicia diciendo que, después de la muerte de Juan el Bautista, Nuestro Señor se retiró a solas, se retiró a solas. Cuando el Señor se retira a solas, es para hacer oración. Siempre que el Evangelio dice que se retiró, es a orar, a orar.
Quisiera que nos preguntáramos, en el caminar y en la historia nuestra, de cada día, hay momentos de tristeza, de dolor, de sufrimiento, de preocupación, de angustia. ¿Usted qué hace cuando tiene esas vivencias? ¿qué es lo que usted hace? ¿nos parecemos un poquito a Nuestro Señor? Él se retiró a solas. Usted y yo sabemos quién era Juan El Bautista, el último de los profetas del Antiguo Testamento, el que nació de Isabel, la prima de María, la madre de Jesús.
Cuando María e Isabel se encontraron, el texto del Evangelio dice que Isabel dijo: “al oír tu saludo, el niño saltó en mi vientre”. Había una relación, un parentesco muy especial y, fíjense, sólo de Jesús, de María y de San Juan Bautista, se celebra su nacimiento, de nadie más, sólo de ellos tres: Jesús, María y Juan El Bautista, para que veamos la importancia de Juan El Bautista y, por supuesto, cuando el Señor se dio cuenta de la muerte de Juan El Bautista, se retiró a solas, para orar, para llorar, tal vez, la muerte de Juan El Bautista. El que lo había señalado a Él como el Cordero de Dios, que quita los pecados del mundo, el que lo había bautizado y, cuando lo bautizó, el Espíritu Santo: “este es mi Hijo, muy amado, escúchenlo”. Juan El Bautista era alguien muy importante para Nuestro Señor, se retiró.
Y vuelvo a hacer la pregunta, ¿usted qué hace? ¿se retira? ¿se concentra? ¿busca a Dios?, porque el Señor Jesús se retiró y buscó a Dios. Esas eran las retiradas de Nuestro Señor, para orar, para encontrarse con su Padre, para hablarle a su Padre. Nosotros ¿qué hacemos? ¿le hablamos? Tenemos grandes necesidades, ¿le hablamos a Nuestro Padre Dios con fe, con recogimiento?
A veces, a veces no lo hacemos. Si se muere un ser querido, a veces no le hacemos oración, porque decimos, es que no es la costumbre, aquí hay que hacer fiesta, porque esa es la costumbre o si estamos muy tristes, le hacemos reclamos a Dios, ¿por qué? ¿por qué te lo llevaste si era una persona buena y tenía una relación muy especial para conmigo, por qué te lo llevaste?, pero no con esa ternura, sino con un reclamo para Dios.
Le vuelvo a decir, a Dios no se le reclama, a Dios hay que agradecerle.
Ojalá y aprendamos a encontrarnos, en el silencio, con Dios, en el silencio. Al final de la jornada, encuéntrese un momentito con Dios, por lo menos digámosle “gracias, sé que me cuidaste y protegiste a lo largo de todo este día, gracias. Sé que me diste fuerzas para que realizara mi trabajo, gracias. Me ayudaste para no desesperarme en el quehacer, gracias”. Hay muchas razones para retirarnos un momentito y encontrarnos con Nuestro Dios y agradecerle.
Hoy, el Señor quiere tocar nuestro corazón, para que sigamos aprendiendo a ser desprendidos y tender nuestra mano. La multitud le siguió y, al bajar de la barca, el Señor comenzó a curar a los enfermos, a sanarlos, a liberarlos pero, a la vez, había una preocupación, la comida, la comida y Nuestro Señor les dijo a sus apóstoles: “denles ustedes de comer”. Hoy, tal vez Nuestro Señor quiere que resuene en nuestros oídos eso: “denles ustedes de comer” y tal vez vino a su mente la figura de alguien, que usted sabe que está muy limitado, que vive en mucha pobreza y esa frase: “denles ustedes de comer”, resuena en sus oídos y corazón y le va a llevar a usted a que extienda su mano y le lleva algo a quien lo necesita.
Dios va a bendecir sus manos, va a multiplicar, le entregaron a Nuestro Señor cinco panes y unos cuantos pescados y alimentó a aquella multitud. Usted aprenda a desprenderse, el Señor sigue diciendo: “denles ustedes de comer”. Pero a veces no somos sensibles y sí conocemos a alguien que pasa necesidad y no nos compadecemos. El Señor se compadeció, dice el Evangelio. Usted y yo tenemos que aprender a compadecernos, a que aquí adentro se mueva algo en el corazón, que nos lleve no a hacer cuentas, sino a llevar a nuestro hermano algo, para su sustento y el Señor multiplicará, multiplicará en favor de nosotros y en favor de ellos.
Aprendamos a ser generosos y no pensemos, no pensemos, a veces decimos, ahí en esa familia viven muy pobres, pero son unos viciosos, el padre de familia es un vicioso, los hijos son unos viciosos. No, yo no voy a mantenerlos, no los voy a mantener. ¿Y usted quiere ser bendecido por Dios y va a seguir pensando usted, son unos viciosos? ¿por qué no comparte? Porque tal vez esos viciosos lo comiencen a mirar con amor, con gran respeto y tal vez lo que usted está haciendo por ellos les ayude a pensar: Debo de dejar de ser así, porque estas personas se han portado bien conmigo, han compartido de lo que ellos tienen y yo creo que me quieren ver distinto. Voy a trabajar este aspecto y voy a ir venciendo esta inclinación que tengo y, tal vez usted, haga algo que haga pensar, no le lleve y le diga, mire, porque sé que son unos viciosos, aquí le traigo y nos va a decir “pues no me traiga tortillas, tráigame agüita, porque es lo que me hace falta, ya se me acabó la agüita que estaba tomando”. No, no, no, comparta, comparta desde el corazón, haga que se multiplique el alimento, haga que se multipliquen los panes y estamos en la Eucaristía y usted sabe muy bien que, así como Nuestro Señor tomó esos cinco panes y se multiplicaron y se alimentaron miles de personas, así el Señor Jesús sigue tomando en sus manos pan para ser nuestro alimento, en la Eucaristía, dentro de un momentito el sacerdote, en persona de Cristo, tomará ese pan, tomen y coman, este es mi Cuerpo; tomen y beban, esta es mi Sangre. ¿Usted siente hambre de ese alimento? ¿usted quiere comer el Cuerpo y beber la Sangre del Señor?
Hoy, el Señor le ofrece ese alimento ¿lo va a rechazar? ¿de nuevo lo va a rechazar? ¿de nuevo le va a decir: no puedo recibirte? ¿por qué no se arregla? ¿por qué no se pone en paz con Dios? Usted sabe lo que tiene que hacer.
Sienta necesidad de alimentarse, porque ese alimento le da vida, y no lo digo yo, lo ha dicho Nuestro Señor: “el que come mi Carne y bebe mi Sangre tiene vida y vida eterna y Yo lo voy a resucitar el último día”.
Aliméntese del Cuerpo y de la Sangre del Señor, sienta esa necesidad, el Señor multiplica Su presencia en cada pedacito de Pan, en cada Hostia usted come, bebe Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad de Jesucristo. Usted come ese alimento que le asegura la vida eterna, para el camino, para llegar al Padre. Aliméntese.
Que Dios, Nuestro Señor, haya hablado a su corazón y usted se compadezca, pero también sienta la necesidad del alimento espiritual.
Disfrutemos de este mes, de nuestro mes de agosto. Dios nos permite, ya vivimos un mes de mucho ruido, de mucho ruidito por todos lados y ya vivimos un mes de correr, porque creíamos que íbamos a llegar a casa bien y nos hicieron dar vueltas por toda la ciudad, entonces todo eso hemos vivido en el mes de julio, espero que haya disfrutado, que haya tenido probaditas de tanta bailadera, ojalá, ojalá, pero ya nuestra vida normal, nuestra vida normal. Dentro de unos días los niñitos van a ir a la escuela, usted la vida normal, a su trabajo. Que Dios lo acompañe, que Dios lo bendiga en este mes, que disfrute lo que haga, disfrútelo. Ustedes, mamás, disfruten el trabajo que no tiene paga, el de su casita, disfrútelo. Disfrútenlo, me estoy sonriendo porque vi a un señor que le estaba diciendo a su señor: “disfruta, no reniegues”, me imagino que por ahí iba el asunto, “no reniegues haciendo tortillas, lavando la loza, en la lavadora, en la plancha, no reniegues, viejita, no reniegues, es tu trabajo, hazlo con gozo, con alegría” y tal vez la señora mamá diga: “pues de vez en cuando dime, gracias, porque mira qué bien me veo con la ropita bien planchada, no me dices nada, no me dices nada, vienes a tomara el alimento, te lo comes y te vas y no me dices, ah, qué rica la sopita que me preparaste hoy, no me dices, me gustaría oír que hoy te gustó lo que te preparé”.
Creo que tenemos que ser agradecidos todos y usted, cuando regrese el señor a casa, dígale ¿cómo te fue?, no nada más, ah, ya llegaste, no, dígale otra cosa, que se oiga bonito, para que le dé gusto llegar a casa. Tantas cosas que debemos hacer y no las hacemos y todas esas cosas nos motivan, nos animan, nos llenan de ilusión, nos hacen gozar lo que hacemos. Pues no perdamos el tiempo, hay que hacer, decir.
Feliz mes para todos, feliz mes y no se les olvide que el 15 de agosto le celebramos a Nuestra Madre de la Asunción, es la Fiesta de Nuestra Madre de la Asunción, ahí está, la Asunción de María a los cielos, va a haber fiesta aquí, yo voy a venir a la Fiesta.
Muy bien, que María nos siga acompañando y nos siga llevando hacia Su Hijo Jesucristo.
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