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¿Por qué el domingo no se trabaja?
julio.palau.ranz@gmail.com
Estimados lectores, este año cayó en domingo el día 24 de diciembre, así el lunes 25 la ciudad estaba muerta, salí a comprar algo para desayunar y todos los restaurantes estaban cerrados y no había gente en las calles, parecía como si fuera domingo.
Así que este hecho me permitió investigar por qué no trabajamos el domingo, recuerdo a mi madre que siempre nos decía que había que trabajar todos los días, cuando preguntamos el ¿por qué?, con una lógica que nos dejaba sin respuesta, nos decía, porque todos los días comes.
Investigando, me encontré con que los romanos, quienes copiaron el calendario a los griegos, que a la vez lo habían copiado a los mesopotámicos y que lo modifico Julio Cesar y Octavio Augusto y finalmente el papa Gregorio conoce el calendario de la Anáhuac y lo modifica para ajustarlo a lo que hoy tenemos.
Se originó en Babilonia, habían observado la luna y calcularon que era de 28 días (hoy sabemos, que como los olmecas habían dicho es de 29.5 días su ciclo sinódico).
Para dividirlo en sus 4 fases distinguibles (en realidad son 8), dividen 28 entre de 4 y da 7, así que la semana se convierte de 7 dias, cada dia dedicado a un astro, Lunes de Luna, Martes de Marte, Miércoles de Mercurio, Jueves de Júpiter , Viernes de Venus, Sábado de Saturno y Domingo al Sol.
Los romanos copiaron este calendario y por conquista, nosotros usamos ese mismo calendario, pero los romanos eran conquistadores y adoptaron de las culturas conquistadas lo que sentían que debía de ser copiado.
Así que en uno de los países de oriente (SIRIA), llega la noticia que se veneraba al SOL INVICTO y le hacían una fiesta.
La fiesta del Sol Invicto, cuyo nombre oficial era Nativitas Solis Invicti o “nacimiento del Sol invicto”, era una celebración dedicada a una deidad solar que se celebraba el 25 de diciembre y lo hizo de la mano del emperador Marco Auelio Antonino Augusto, mejor conocido hoy como Heliogábalo.
Gracias a Marco Aurelio, Sol Invicto comenzó a ser muy importante, pues su idea era “un dios, un imperio” y así convertir la república romana en un imperio.
Sin embargo, fue Constantino quien tomó una decisión que ha llegado hasta nuestros días.
En el año 312 d.C.; es decir casi una década después de su conversión al cristianismo, el monarca decretó el dies Solis (día del Sol), ubicado en el séptimo día de la semana, o lo que hoy conocemos como el domingo.
El emperador ordenó que este día fuera de descanso para “los magistrados y los habitantes de las ciudades, en el que se deben cerrar todos los talleres”.
La fiesta del Sol Invicto formaba parte del ajetreado calendario festivo romano, el cual incluía las brumales y las saturnales.
Las primeras, que comenzaban a celebrarse desde noviembre, eran las fiestas del solsticio de invierno y fueron instituidas por Rómulo en honor a Baco.
Las segundas, entretanto, estaban dedicadas a Saturno, dios de la agricultura; y se prolongaba por siete días, a partir del 17 de diciembre. Estas últimas eran muy populares.
Durante estos días se organizaban copiosos banquetes, había intercambio de regalos y se decoraban las casas con guirnaldas y velas.
Estas Saturnalia que ocurrían en diciembre tienen unos fundamentos litúrgicos y de celebración que el cristianismo va a incorporar a su propia liturgia, durante los festejos, los excesos a la hora de ingerir alcohol y mantener relaciones sexuales eran frecuentes, de acuerdo con relatos de la época, por lo que da la impresión de que los mismos eran una mezcla entre lo que hoy conocemos como la Navidad y los carnavales.
Los romanos decidieron fijar la fiesta del Sol Invicto casi inmediatamente después de las saturnales por una razón astronómica: el solsticio de invierno.
El solsticio de invierno es el día del año en que hay menos luz solar. Sin embargo, a partir de allí los días comienzan a hacerse más largos y en el mundo antiguo se percibía que ese era el momento en el que el Sol se regeneraba y renacía.
Una vez que el emperador Teodosio declara que el cristianismo es la religión oficial del Imperio (392 d.C.) surge en las autoridades civiles y eclesiásticas la urgencia de aclarar algunas dudas no resueltas en los evangelios, para así facilitar que los romanos abracen la nueva fe y entre ellas está cuándo nació su nuevo dios.
Cuando el cristianismo comienza a ser una religión poderosa, ligada a los emperadores, se comienza a tener esa necesidad de fijar con certeza, necesitan por razones litúrgicas anclar esa fecha en el calendario, así que la fiesta del Sol Invicto resultaba idónea para fijar allí el nacimiento de Jesús, por su significado para los romanos.
El papa Julio I decide que el nacimiento de Jesús sea el día de la fiesta del Sol, durante el solsticio de invierno, por la creencia de que el sol derrotaba a las tinieblas.
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