Compartir

Hablemos claro

Instituto Municipal de las Lenguas Indígenas de Oaxaca de Juarez (IMLI) 

A veces —o quizá muchas veces— desatinamos o nos equivocamos al hablar o expresarnos sobre nuestros pueblos indígenas, simplemente porque no los conocemos verdaderamente. Desconocemos sus lenguas, usos y costumbres, tradiciones, sistemas normativos, cultura, libre determinación, indumentaria, gastronomía y los productos que elaboran y comercializan. 

En gran medida, ello ocurre porque no hemos tenido la curiosidad, el interés o la necesidad de acercarnos a las leyes, ensayos, artículos y textos literarios, jurídicos o lingüísticos relacionados con los pueblos originarios, aun cuando una parte importante de la población mexicana tiene raíces indígenas. 

En este sentido, retomamos lo argumentado por Luis Fernández Castro (2018), quien en su obra Derechos de los Pueblos y Comunidades Indígenas, editada y publicada por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, define el concepto de indígena como: 

“El natural del país, provincia o lugar donde vive. Viene del latín indigenus, que significa nacido en el país, nativo; de indu, en, dentro, y genere, engendrar: ahí engendrado”. 

Asimismo, señala que los derechos lingüísticos se refieren a las lenguas indígenas de México, es decir, a los idiomas hablados históricamente por los pueblos originarios de nuestro territorio. La palabra lengua proviene del latín lingua, que alude tanto al órgano de la boca como al conjunto de palabras y formas de hablar de un pueblo; por ello, es también sinónimo de idioma. 

Del mismo modo, el autor retoma los derechos fundamentales de los pueblos indígenas contenidos en la Organización Internacional del Trabajo Convenio 169, entre los que destacan: 

  • El goce pleno de los derechos humanos sin discriminación alguna;  
  • El reconocimiento y respeto de sus valores y prácticas sociales, culturales, religiosas y espirituales;  
  • La conservación de sus costumbres para la solución de conflictos y sancionar faltas dentro de sus comunidades 
  • El derecho a ser consultados en la elaboración de leyes y en la toma de decisiones gubernamentales;  
  • El reconocimiento y la garantía de los derechos de propiedad sobre sus tierras;  
  • En los procesos, los jueces deben considerar sus costumbres y contar siempre con los intérpretes y defensores conocedores de su lengua y cultura.  

Todo ello debe dejarnos una enseñanza clara: nuestros pueblos y comunidades indígenas, con su pluriculturalidad, los derechos lingüísticos, los usos y costumbres, la gastronomía, la indumentaria y la libre determinación, constituyen parte esencial de lo que somos como sociedad desde hace más de cinco siglos. 

Asimismo, nos permiten comprender que lo que podemos llegar a ser como Nación es aún más grande de lo que imaginamos, porque en cada pueblo existe una riqueza cultural invaluable, una forma particular de entender el mundo y una profunda identidad que da sentido al ser zapoteco, chinanteco, mazateco, cuicateco, huave, etc. 

Esa herencia cultural nos ha permitido trascender en un mundo globalizado, dinámico y cambiante. Lejos de desaparecer, nuestros pueblos y comunidades continúan fortaleciendo sus raíces. Por ello, la resiliencia que han demostrado a lo largo de la historia hoy es admirada, respetada y reconocida en todo el mundo. 

 

Compartir