- Por: Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
En memoria de mi tío el Dr. Luis Vargas Elías.
Llevamos décadas observando en el mundo como personas con algún origen laboral, sentimental, familiar, psiquiátrico, orgánico, socioeconómico, racial, financiero, traumático, moral, político, ideológico, hormonal deciden que alguien
más pague por ello con el más alto precio: su vida. Igual sucede en Texas que en Suecia, entre militares o civiles, entre radicales de ideología o religión.
Ha sucedido en democracias, dictaduras, socialdemocracias, sociedades multirraciales, discriminatorias, bajo religiones de amplio espectro en los cinco continentes. Estos apodados “asesinos seriales” seleccionan sus blancos con frialdad y precisión, son metódicos y prácticos, rebasan la prevención policíaca o de las agencias de inteligencia. Superan las tramas de las series policíacas o de espías. Actúan solos o con pocos cómplices, obtienen dagas, metralletas de alto poder como quien compra pizzas, aprenden a hacer explosivos utilizando en conocimiento que difunden las redes sociales, buscan llamar la atención en su despedida de este mundo – para ellos tan cruel e injusto.
Molestos por haber sido despedidos de su empleo, ridiculizados en su salón de clases, incómodos orqué su entorno familiar no es el que les hubiera gustado, inconformes con la manera con que los otros los valoran y deciden hacerse justicia por su propia mano.
Predomina en algunos casos la influencia de algún personaje del cine violento o la idea de supremacía de la raza blanca, amarilla o aceitunada que les auto justifica atacar a inocentes y terminar con su propia vida.
Recodemos que en la naturaleza humana coexisten EROS con TANATOS y que todos los humanos somos difíciles.
Esto significa el poder del amor o del odio. El buen o mal ejemplo de nuestros padres, amigos, profesores, compañeros de trabajo u ocio nos dan pauta para nuestro comportamiento.
El abanico de valores que analizamos en nuestra breve existencia va desde la caridad hasta la avaricia extrema. Destacan casos nacidos de la frustración por envidia, eficiente compensadora de quienes se sienten mal de no tener el mejor físico, el mejor intelecto, el mejor carro, la mejor casa, la esposa más guapa, los hijos más inteligentes, los mejores amigos, la mejor salud, el mejor patrimonio y hasta el perro más fiel y mejor portado.
La manera en que procesamos en nuestro organismo la adversidad se forma en parte por nuestra genética, por el ejemplo que hayamos tenido de quienes nos rodean, de una imagen cinematográfica o literaria que nos inspire – para el bien o para el mal. La variedad de adversidades que el humano puede encontrar en su corta vida es infinita pero le toca enfrentarlas y superarlas con mente fría y cuerpo sano. Realmente solo nos conocemos somos cuando enfrentamos la adversidad. En México hemos vivido por décadas con adversidades de origen financiero.
La montaña rusa a la que más se asemeja el comportamiento de la economía mexicana nos expone a eventos súbitos en nuestro trabajo o negocio que retumban en nuestra estabilidad laboral, en la paz de las familias y en el subir y bajar de los ingresos con los que sostenemos un nivel de vida decente.
Todas las encuestas laborales mexicanas señalan el enorme peso del empleo informal y recientemente Santiago Levy nos demuestra que la brecha entre ingresos de profesionistas y los que no lo son es cada vez menor.
Tenemos ingenieros, médicos, contadores, abogados, economistas, biólogos, abogados llenos de frustración porqué jamás se prepararon para la adversidad laboral. Se tragaron la píldora de que cuatro o cinco años más de inversión en escolaridad les iban a ser recompensados de por vida con empleos formales, bien pagados, con créditos baratos, seguros médicos, viajes todo pagado por el patrón. Como si todos los empleadores de nuestro país se comportaran en el pago como el Banco de México con sus profesionistas contratados.
La competencia laboral actual es más una abierta guerra de egos.
Los avances en medicina han hecho maravillas para que nuestro organismo perdure en la mayoría de sus funciones. Pero existe un aspecto muy olvidado: la salud mental. Los mayores daños en los sobrevivientes del COVID se están dando en la salud mental. Los peores saldos de las recurrentes crisis financieras que en México hemos padecido han sido en la salud mental de los afectados.
No somos una sociedad medianamente informada sobre como prevenir daños en nuestra salud mental. Vivimos rodeados de campos de futbol, gimnasios o sitios para nadar o correr. Pero carecemos de revisar nuestra salud mental de manera sistemática. Los resultados son funestos.
¿Cómo encarar una enfermedad terminal?. ¿Cómo pasar del empleo exigente al retiro ocioso?. ¿Cómo enfrentar una separación familiar?. ¿Cómo aceptar que nuestros hijos o nietos tienen cualidades y defectos?.
Lo que sucedió en el micro cosmos del UVALDE pequeño poblado de Texas (15 mil habitantes) donde un muchacho de 18 años, que de cumpleaños recibió un rifle de asalto con el cual baleó a su abuela y luego asesinó a sangre fría a 19 niños y dos adultos para luego caer abatido por la policía nos debe obligar a revalorar la salud mental. La principal actividad de ese lugar es la siembra y cosecha de sandía bajo las condiciones terribles del calor texano. Está en duda el estado de la salud mental de un papá que le regala a su hijo un rifle de asalto, la de los legisladores que aún lo permiten, la de la cultura del éxito a cualquier precio, la de la pérdida de valores de la amistad verdadera y la familia.
Este caso fue de un joven México americano contra la integridad física de niños y maestros de una escuela cercana a la frontera entre Coahuila y Texas.
Mientras tanto la 4 T está obstinada en negar el valor de la psiquiatría y de la salud mental con tal de ahorrar costos al gobierno federal. ¿Para donde vamos como sociedad o país?







