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  • Por Heraclio Bonilla Gutiérrez.

El inicio del siglo XXI en México fue sumamente delicado. Estuvimos muy cerca de un estallido social ante tantos excesos de la “mafia del poder”; hubo una gran desconfianza por parte de los inversionistas, nacionales y extranjeros, sobre todo, de quienes mueven dinero legal.

Vimos crecer la popularidad de Andrés Manuel López Obrador, quien, contrario a Cuauhtémoc Cárdenas, en cada contienda ganaba más y más votos, hasta hacer realidad su sueño personal: ganar la presidencia de la república.
Andrés Manuel, logró construir un liderazgo que hasta ahora nadie, en ningún partido político, ha podido igualar, es más, no hay, aunque fuera un liderazgo menor, en todo el escenario pluripartidista, nacional o local; esto resulta muy preocupante, porque, entonces, ¿qué están haciendo los partidos políticos, que tanto dinero le cuestan a todos los mexicanos?
La finalidad de contar con un sistema político pluripartidista, sin duda alguna, es que los electores tengamos verdaderas opciones de cambio, es decir, que si nos organizamos y votamos por la mejor propuesta, debemos esperar un cambio sustancial tanto en la forma de hacer política, como en los resultados de la nueva administración pública. Sin embargo, lastimosamente no es así, porque actualmente lo único que distingue a un político de otro, es el partido al que dice pertenecer, pero a la hora de ser gobierno, son idénticos.
La llegada de Andrés Manuel López Obrador a la Presidencia de la República, generó grandes expectativas, pero muy pronto nos dimos cuenta de que era pan con lo mismo. No hubo cambios notables en la forma de legislar; en la forma de impartir justicia; en la forma de perseguir a la delincuencia; en la forma de manejar los recursos públicos; en la forma de decidir el rumbo de la nación, etcétera.
Hubo cambios, eso sí, en el discurso; se dejó de hablar del innombrable, peor aún, el día que mencionó a uno de sus hijos, vinculándolo con una secta que marcaba como bestias a sus integrantes mujeres, algo ocurrió, seguramente muy grave, que el Presidente decidió olvidar el tema y también a esa familia. Fox, Calderón y Peña siguen libres y tan campantes, lo que en los hechos significa que solo fueron cebo para atraer votos, pero nada más, nadie los ha molestado, es más, no han tocado a sus hombres fuertes, porque Genaro García Luna, dista mucho de ser el hombre fuerte de Calderón y Tomás Zerón de Peña. Un sector relativamente amplio de los votantes, es consciente de este engaño, pero ese sector no es inamovible, por el contrario, ante la falta de los resultados prometidos, busca un candidato cumplidor. Se trata de un sector informado y con capacidad para influir en sectores más amplios y ahí está el riesgo para el presidente: estamos muy lejos del día de la elección y ese sector que puede mover otros sectores está a tiempo de descomponer los planes mezquinos de quien mintió y miente cada que dice que al término de su mandato, se va a su rancho y deja de participar en política.
Quedamos muy agradecidos por haber logrado una alternancia más en la presidencia de la república, también de que esa alternancia se haya dado en forma pacífica, pero de eso a pretender perpetuarse en el poder, hay una diferencia abismal. Cito al mejor Presidente de México en toda su historia, Porfirio Díaz, en el Plan de La Noria: “Que ningún ciudadano se imponga y perpetúe en el ejercicio del poder y esta será la última revolución”.
Hay tres hechos que dibujan con mucha precisión al Andrés Manuel: su declaración de que él no se va a equivocar como Lázaro Cárdenas en la designación de su sucesor; su clara intención de seguir gobernando a través de Claudia y su plan de gobierno para el próximo sexenio, elaborado por MORENA bajo ejes claramente enviados desde Palacio Nacional.
Pero Andrés Manuel debe aprender de sus derrotas. A Rosario Robles le tomó tres años doblegarlo; García Luna está en camino de ver el término del sexenio para llegar a un buen acuerdo con los gringos, pues tiene socios al más alto nivel en el país vecino, pero lo más importante: Marcelo no es menos inteligente que Rosario.
Preferiría que no fuera así, pero todo indica que Andrés Manuel no estará en la mesa en que se decida la próxima candidatura presidencial de MORENA; en lo personal, haciendo un parangón con Leonardo Rodríguez Alcaine, en aquel momento líder de los electricistas, después de escuchar el brillante discurso pronunciado por el Doctor Sergio García Ramírez en la Columna de la Independencia y ante la proximidad de la elección de candidato para el gobierno del Estado de México, a la pregunta de un periodista: Don Leonardo, ¿quién es su gallo para el Estado de México? No se trata de gallos o de cualquier otro animal, solo una cosa le digo, ¡que sea el más pendejo, pero que sea del Estado de México! Lo traigo a cuento, porque deseo que al próximo Presidente de México, lo elijamos los mexicanos, que nadie fuera de nuestro amado país tome una decisión que solo a nosotros corresponde, sin embargo, Andrés Manuel está poniendo las cosas de tal modo, que en esa decisión, corre el riesgo de no participar.
CHINUNI: Pilón en Mixteco: Gracias AMLO, pero por el bien de México, saca las manos de este proceso electoral.