Heraclio Bonilla Gutiérrez
Alguna vez le dije a un funcionario público deshonesto: Ya es tarde, pero aún puede ser demasiado tarde para que renuncie.
Lo mismo le digo hoy a la Ministra Yasmín Esquivel Mossa, cuestionada públicamente, no solo por su deshonestidad, sino por su cinismo.
En el ámbito del derecho y su ejercicio, somos muchos quienes conocemos de actos de corrupción en los más altos niveles del Poder Judicial de la Federación, sin embargo, en el último mes, millones de mexicanos se han enterado de esta situación, en gran medida, por el escandaloso comportamiento de quien sin merecerlo, ha ocupado uno de los escasos once asientos en el máximo tribunal de nuestro amado México.
Sabiendo que es plagiaria, quiso, mediante argucias mal entendidas y peor practicadas, aferrarse a su aspiración de presidir la Suprema Corte de Justicia de la Nación.
La declaración del actual Rector de la Universidad Nacional Autónoma de México, en el sentido de que dicha institución tiene facultades legales para conceder títulos pero no para retirarlos, debió poner a trabajar al equipo jurídico de nuestra máxima casa de estudios a nivel nacional, de inmediato.
Es urgente e inaplazable trabajar en las reformas legales en los distintos espacios, públicos y privados, del ámbito educativo, para que las instituciones autorizadas para expedir títulos profesionales, puedan, bajo criterios de seguridad jurídica, cancelar y retirar los títulos que ellas mismas expidan.
Evitaré entrar al estudio y explicación de si existe delito en el caso de la Ministra Esquivel, o si de existir el delito, estaría prescrito, o si el verdadero autor de la tesis que se atribuyó la ministra para obtener el grado de Licenciada en Derecho, está en tiempo para denunciarle y pedir su castigo. Prefiero en cambio, sugerir, sin mucho respeto, que por ética, renuncie al cargo que indebidamente ostenta.
La legalidad en el caso que comento, corresponde al ejercicio de un derecho real, que solamente el interesado (o afectado), puede realizar, en el caso concreto, por tratarse de un Licenciado en Derecho, no iré más lejos, puesto que sabe lo que puede hacer.
En relación con la ética, en cuya definición es inadmisible la inclusión de la palabra “moral”, debo decir que la sociedad mexicana, en términos generales, reprueba la deshonestidad, el cinismo, la arrogancia, etcétera. Siendo la ética, esa parte de la filosofía que aglutina los comportamientos generalmente aceptados y calificados de buenos, y por el contrario, enlista los comportamientos que reprueba y califica de malos, entendido el bien y el mal en términos sociológicos, sin tintes religiosos, es de concluir, que la Ministra Esquivel, ya se tardó demasiado en renunciar a su cargo; es hora de que entienda que ya le hizo mucho mal a la Corte y al Presidente de la República, otrora identificado por su “honestidad valiente”.
Cada día que posterga su renuncia, es un día más de oportunidad a sus detractores, a los de la Corte y a los del Presidente de la República, que prestos, consiguen más y más información de otras conductas reprobables cometidas por ella.
Finalmente, no es si quiere renunciar, en muy poco tiempo, serán sus propios compañeros ministros quienes por escrito, se lo soliciten.
Es difícil renunciar a todos los privilegios que su cargo le confiere, sin embargo, es hora de que entienda que de mantenerse ahí, se cumplirá la prevención inmersa en el texto que le recitó el Presidente del Senado, el día que asumió la más alta responsabilidad que un abogado con vocación para la carrera judicial, puede alcanzar: “si no lo hiciereis así, la Nación os lo demande”.
Estamos a punto de ver como se cierra uno de los capítulos más escandalosos de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que como dije, no goza de la mejor reputación entre la ciudadanía y menos entre los abogados.
También estamos a punto de escuchar la milenaria frase: “Elí, Elí, lama sabactani”.








