Lizbeth Bravo
México enfrenta una crisis humanitaria de gran escala en materia de desapariciones, y dentro de ella, las mujeres constituyen un grupo particularmente vulnerable, atravesado por dinámicas específicas de violencia de género, trata y explotación.
De acuerdo con el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO), el país acumula más de 130 mil personas desaparecidas, una cifra histórica que evidencia la profundidad del problema. Aunque la mayoría de las víctimas son hombres, el caso de las mujeres presenta patrones diferenciados.
Se estima que más de 27 mil mujeres están desaparecidas en México, muchas de ellas en contextos vinculados a redes de trata sexual y explotación. Esto implica que su desaparición no sólo responde a la violencia generalizada, sino a estructuras criminales que operan con fines específicos sobre sus cuerpos.
En 2024 se registraron más de 13 mil desapariciones, el número más alto en al menos una década. Para 2025, la tendencia continúo, en los primeros meses del año se reportaron más de 5 mil desapariciones, es decir, un promedio de 42 personas desaparecidas al día.
Los datos muestran que la desaparición afecta de manera desproporcionada a mujeres jóvenes. El rango de edad más vulnerable se ubica entre los 10 y 24 años, una etapa marcada por condiciones de vulnerabilidad social, económica y de género.
El fenómeno no es homogéneo. Las entidades con mayor número de casos (como Estado de México, Jalisco y Tamaulipas) concentran miles de desapariciones acumuladas. En estas regiones, las mujeres desaparecen en contextos donde convergen crimen organizado, impunidad institucional y economías ilegales.
Particularmente en el Estado de México, organizaciones han documentado la relación directa entre desaparición de mujeres y trata sexual, evidenciando fallas sistemáticas en la investigación de los casos.
El problema de las desapariciones en México no puede entenderse sin el factor de la impunidad. Más del 90% de los casos se han concentrado desde 2006, en paralelo al incremento de la violencia asociada al crimen organizado.
La desaparición de mujeres en México no es un fenómeno aislado ni colateral, es parte de un entramado de violencias de género que incluye trata, explotación sexual, feminicidio y ausencia de justicia. Cada cifra representa una historia suspendida, una familia en búsqueda permanente y un sistema que no ha logrado responder con eficacia.
En un país donde desaparecen decenas de personas cada día, las mujeres no sólo desaparecen, son borradas en contextos donde su condición de género amplifica el riesgo y reduce las probabilidades de ser encontradas.








