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  • FELIPE SÁNCHEZ

¿QUIÉN no ha escuchado esa expresión: “es un pelado”?

EL FILÓSOFO SAMUEL RAMOS describió de manera puntual esa definición en su obra fundamental El Perfil del Hombre y la Cultura en México (1934). ¿Qué es un pelado? Veamos qué dice:

«Representa el desecho de la gran ciudad. En la jerarquía económica es menos que un proletario, y en la intelectual, un primitivo. La vida le ha sido hostil por todos lados, y su actitud ante ella es de un resentimiento negro. Es un ser disolvente, que pertenece a una fauna social de categoría ínfima y constituye el germen más visible de la delincuencia.

«El nombre de “pelado” es bien expresivo. Define a un ser que no tiene nada, ni siquiera en el orden espiritual (…) No tiene personalidad propia, y por eso busca crearse una falsa, una máscara que imponga respeto o temor.

«La nota más llamativa de su carácter es la susceptibilidad, que lo mantiene en un estado de alerta perpetuo, listo para reaccionar violentamente ante la más mínima alusión que considere ofensiva. Su lenguaje es grosero, agresivo… Como nuestro “pelado” es un ser sin cultura, no puede encontrar argumentos racionales para defender su posición. Acude entonces a una afirmación primitiva, la de su fuerza física, la de su capacidad de destrucción. Su lenguaje está lleno de palabras obscenas que usa como proyectiles para herir el amor propio de los demás y elevar, de manera ficticia, el suyo. El “pelado” busca la riña no porque sea valiente, sino porque necesita convencerse a sí mismo de que lo es. Su valentía es un mecanismo de defensa, una compensación a su complejo de inferioridad.

«Esta condición lo hace andar por la vida con el alma expuesta, caótica y sin defensas internas legítimas; es decir, desnudada de cultura, de educación y de herramientas intelectuales.

DE ESTA CLASE de mexicano (Ramos describe tres distintos tipos): el “pelado” es de la que se inundó el partido guinda, donde la militancia y los políticos de carrera fueron desplazados por esta fauna; especímenes que carecen, en su totalidad, de la prudencia y de la indispensable habilidad de “comer sapos sin hacer gestos”, tan características de los vetustos políticos de tiempos idos.

ESTE ES UN ESTILO de gobernantes que hoy dirige y justifica un desalojo violento de maestros por parte de civiles provistos con armas de alto poder, en lugar de utilizar policías certificados y protocolos institucionales.

AGENTES MUNICIPALES que antes se dedicaban al robo de motocicletas, ediles cuya verdadera profesión era la venta de autos clonados, porros reconvertidos en funcionarios… Ante tal panorama, ¿qué tipo de gobierno esperaba Morena —o pretendía la ciudadanía— con esta clase de personas al frente?

VIVIMOS, como bien se lee en las redes sociales, “la llegada del resentimiento y la vulgaridad institucionalizados al poder”. El “pelado” pasó de habitar los márgenes sociales a convertirse en el perfil idóneo para gobernar bajo las siglas del partido oficial.

LA POLÍTICA, que originalmente es el arte de la negociación, el debate y la diplomacia, ha sido groseramente sustituida por el lenguaje de los hampones: el amago, el balazo y la bravuconada. No son políticos, son esquiroles con fuero. En una triste involución histórica, pasamos del político corrupto tradicional —aquel que al menos guardaba las formas o simulaba educación— al delincuente común que asume el poder con el único fin de operar sus actividades ilícitas bajo el cómodo manto de la impunidad institucional.

ESTAMOS en manos de gente que no ve a futuro, que piensa que el mundo no va a cambiar y que su poder será eterno e infinito. Por fortuna, nada dura para siempre; bastaría con que miraran tantito a las acciones que está ejecutando la gran nación del norte para darse cuenta de que no es así.

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