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  • Por. Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.

El daño económico y social que trajo al mundo el COVID nos ha permitido ser testigos de las diferentes formas en que las naciones y sus líderes se han comportado.
Empecemos por China – lugar de nacimiento del coronavirus. Sostiene que el virus no se le salió de control de un laboratorio de investigación en Wuhan …que provino de la ingesta de un murciélago y que del primer caso supieron muy tarde. Está en duda.
Al darse a conocer al mundo la inminente proliferación del susodicho virus la gran mayoría de los líderes mundiales (incluido los Reyes de Noruega) minimizaron su poder letal. Estaban convencidos que no iba a pasar de un agudo resfriado.
Al pasar de los meses, los contagios y los decesos la Organización Mundial de la Salud decretó una alerta sanitaria mundial la cual muchos países desdeñaron.
Gracias a la red mundial de líneas aéreas, se generalizaron los contagios y ni por enterados se daban los Presidentes de Estados Unidos, Brasil, Nicaragua, México o hasta el Primer Ministro de Inglaterra. Cuando por fin la evidencia les pegó en la cara de que el peligro era inmediato, masivo y real surgió otra duda: ¿ primero la económico sobre lo sanitario ?.
Los sistemas de salud pública fueron al principio sorprendidos con el comportamiento del virus CODID. Los virólogos y las farmacéuticas se apresuraron a crear vacunas. En un gran esfuerzo colaborativo y con dinero público y privado surgieron una por una en la Unión Europea, Estados Unidos, Rusia, China y Canadá las nuevas vacunas – sin que se dejara de advertir por los gobiernos lo indispensable que era privilegiar la salud sobre la caída de la economía. Las grandes ciudades – como era de esperarse – fueron los mayores centros de contagio. Así Nueva York, el Valle de México o Londres destacaron por ser sede de miles de contagios y decesos. Surgieron a la vez imperiosas necesidades de equipo y de reconvertir contra reloj hospitales generales a hospitales COVID. Miles de enfermos graves de otros padecimientos terminales fueron desatendidos y cientos murieron.
La urgencia empataba con la orden sanitaria de parar sectores completos de la economía de manera dispareja y en ocasiones sin aparente sustento. Al parejo corría la avaricia de los comerciantes, de las cadenas de hoteles en sitios y salones de fiesta.
La educación y el trabajo a distancia pusieron a prueba la capacidad de respuesta de las empresas de telefonía e internet y de miles de docentes. Desde pre-primaria hasta el postgrado en el mundo se tuvo que implementar la educación a distancia y es prematuro aún medir el resultado. Para muchos maestros el dar clase por internet no fue obstáculo serio y para otros el no estar frente a grupo les resultó incómodo, impersonal y de menor valor formativo. El trabajo desde casa demostró que los largos recorridos casa-oficina-casa eran costosos e inútiles. Su víctima más afectada son miles de metros de espacio en edificios de oficina cuyo valor es ahora muy cuestionado. Al interior de las familias hubo un reacomodo del uso el tiempo y el espacio – bajo el obligado confinamiento. Para algunas familias convivir 24 horas siete días a la semana fue insoportable. Los ancianos en asilos fueron presa fácil del virus.
Vino el proceso de vacunación y se pasó del pesimismo al optimismo. Las naciones pudientes y las poderosas farmacéuticas jamás pensaron en repartir en todo el mundo y de inmediato sus vacunas. Se demostró que la humanidad es nada hermanable: que primero van las utilidades de las farmacéuticas y la salud de los ciudadanos de sus connacionales que aquel cuento de que todos somos hermanos.
En paralelo las contracciones económicas sacaron a la luz pública lo mal hecho en el pasado y en el presente. Casos como el mega barco de contenedores que bloqueó por semanas el Canal de Suez, el de si sigue teniendo sentido la práctica de tener los mínimos inventarios para fabricar autos, computadoras o electrodomésticos ante un solo proveedor de chips, la frágil seguridad de la logística bajo un virus dominante, el fracaso de una farmacéutica alemana para desarrollar una vacuna anti COVI o el desplome en la línea 12 del METRO en la ciudad de México.
De repente como el título de la película de Pedro Almodovar “el mundo está al borde de un ataque de nervios” lo eventos trajeron grandes pérdidas:
Por el solo hecho de que el futbolista Ronaldo hiciera a un lado dos botellas de Coca Cola y recomendará beber agua la acción de esta empresa cae US $ 4 mil millones en su valor de mercado, en Alemania el fiasco de la vacuna denominada CureVAC le cuesta US$ 9 mil 600 millones de dólares en el mercado bursátil, el enorme desdén de México en vacunar a sus pobladores en los sitios turísticos le trae un veto aéreo de Canadá y Estados Unidos, el negocio de los deportes profesionales y de las fábricas de sueños (Hollywood) se desploman por falta de público y patrocinadores que paguen, Grupo Carso en castigado por los inversionistas por las fallas en la Línea 12.
En este entorno histérico crecen las tecnologías los demonios informáticos y generan la necesidad de invertir en sistemas defensivos. Los hackers igual están secuestrando a la Lotería Nacional que a grandes bancos o gobiernos y siguen al acecho.
En junio 2021 el turismo mundial – con casi 15 meses de parálisis – empieza a dar señales de vida restringida y a dan dos buenas prácticas – que nos haría bien replicar:
1ª) En Grecia todo poblador de un sitio turístico es inmunizado contra COVID y sus variantes: ¿No sería posible hacerlo en Huatulco, Puerto Escondido, Isla Mujeres, Acapulco, Oaxaca, Cancún o Riviera Maya?. No todo ha de ser extraer divisas a ultranza sin pensar en la salud de la gente que atiende a los visitantes.
2ª) En Estados Unidos se exige a los visitantes comprueben haber sido vacunados y a que se sometan a una prueba confiable de estar sanos.
Desastres de la ingeniería como la del Metro en la Ruta Dorada de la Ciudad de México, de las decenas de aviones Boing defectuosos o el desarrollo fallido de una vacuna cen Alemania son solo prueba de que en el Siglo XXI sigue vigente aquello de ERRAR ES HUMANO.
Los REYES DE NORUEGA se disculparon en vivo por televisión cadena nacional por haber tomado a la ligera al virus de COVID – algo impensable en nuestra tierna y teatral democracia. La soberbia y el protagonismo no entienden de pedir PERDON….

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