Compartir
  • Por: Mtro. José María Villalobos Rodríguez.

El fútbol fue llevado a Brasil por los alemanes. La orientación a que sus equipos destaquen por sus delanteros tuvo su origen en la influencia teutona.

Brasil no tuvo una guerra independentista sino que el Rey de Portugal se mudó a Sudamérica con el aura de dirigir una nación de audaces navegantes- que además fue la que mayor número de esclavos negros traficó.

Fue en Pachuca donde las empresas mineras inglesas trajeron a México el fútbol. Los mineros de la “bella airosa” provenían de Guanajuato, lugar de donde fueron traídos a seguir en su actividad.

Las fotos que se conservan de esos guanajuatenses muestran rostros alicaídos y cuerpos extremadamente delgados. Los brasileños tuvieron mucho mejor estatura y complexión para practicar el deporte recién aprendido.

Desde sus inicios Brasil y sus líderes han tenido la convicción de que su nación está hecha para cosas grandes. Su lema ORDEN Y PROGRESO marca una forma de afrontar el futuro con confianza en sí mismos.

No importa el color u orientación ideológica que predomine en el gobierno en Brasil no se detienen ni las grandes obras de infraestructura de trascendencia nacional ni la búsqueda de la innovación que de un sello distintivo al país. En cuanto a competitividad manufacturera, agroindustrial el coloso sudamericano no se anda por las ramas: va en grande.

La zona industrial de Sao Paulo es gigantesca, los campos de cultivo de caña de azúcar, oleaginosas, cítricos o café no tienen rival en dimensión. Tercer productor mundial de carne con empresas propias adentro de los mercados de la Unión Americana y la Unión Europea.

A diferencia de México, Brasil está confiado en que su futuro será mejor y que su gente está preparada para competir.

No existe la división de norteños contra sureños ni discusiones estériles sobre el pasado. Sus sistemas de control del gasto público se realizan con gran orden y supervisión -en especial de las grandes construcciones de infraestructura que demanda la población para mejorar su calidad de vida.

En informática, aeronáutica, aceros, manufactura bajo robótica los brasileños van muy avanzados sin ponerle trabas patrioteras a la inversión extranjera rubro en el cual México destaca.

Brasil produce cuatro veces más azúcar y quince veces más café que México. Primer productor mundial de jugo de naranja y en producción de petróleo ya supera a México mediante inversiones exitosas en campos en aguas profundas- mientras que acá ponemos obstáculos a estos proyectos con un nacionalismo rancio y obsoleto.

La inversión extranjera directa que en 2019 recibió Brasil sumó 71 mil 989 millones de dólares (MDD) más del doble de los 32 mil MDD que tuvo México.

En 2020 sus reservas por US $ 355 mil 511millones de dólares superan en 156 mil MDD las de México.

El valor de los servicios generados en Brasil en 2019 registró USD$ 1 billón 164 mil MDD – mientras que el de México fue de US$ 760 MDD.

En salud la sociedad brasileña invierte el doble que la mexicana, en población mayor de 65 años representa 11.4% del total de sus 211.1 millones de habitantes cuando que en México sólo es el 8.8% de una población total de 127.6 millones.

En esperanza de vida, las brasileñas registran 80.1 años mientras que las mexicanas 78.2; entre los hombres Brasil 73 años y México 72.6 años

Esta próxima la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil.

Bolsonaro, el actual presidente tendrá una carrera muy apretada ante Lula.

Sin importar quien gane esta elección, Brasil no cambiará de rumbo en lo que se refiere a darle continuidad a la inversión pública en proceso ni en darle a los inversionistas certidumbre en el entorno de riesgo que presentan los mercados.

En la ruta contraria en México cada sexenio nuestros presidentes cortan de tajo valiosos proyectos de infraestructura pagados con dinero de los contribuyentes o con créditos internacionales.

Tenemos recién el caso del aeropuerto de la ciudad de México, el tren de México a Toluca y en el pasado la postergación de la modernización de las refinerías de Petróleos Mexicanos, la refinería en Tula, las autopistas a la Costa e Istmo de Oaxaca o la cancelación de los fondos para investigación científica.

Lo más dañino para cualquier sociedad es impulsar que entre sus integrantes prive la discordia y la desconfianza. Socavar lo que une a los habitantes de una nación jamás ha dado un buen resultado. Recuerden la guerra civil española, los conflictos entre naciones de los Balcanes, las guerras Irak – Irán e incluso el conflicto entre Honduras y el Salvador.

La geopolítica mundial está siendo sacudida hasta en sus cimientos por la conjunción del conflicto ruso -ucraniano, los efectos perniciosos de las epidemias por COVID, el desempleo y la caída del poder adquisitivo de la clase media en todo el mundo, la gran pérdida en educación formativa por dos años de encierro y clases a distancia, el incremento en emisiones de gases de invernadero post COVID…

En tales condiciones tengamos la humildad de ver casos cercanos a nosotros de naciones que están saliendo avante. Brasil es uno de ellos y en las próximas elecciones no estará en juego lo fundamental de ese país que se plasma en su lema ORDEN Y PROGRESOS.

Mientras tanto ya dejemos de lado las guerras de lodo que probado está no dejan nada de bueno aunque sean distractores de gran éxito.

 

 

 

Compartir