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Dr. Kabir Fitzgerald Osorio Mendoza

Me interesa profundamente analizar la eutanasia como un fenómeno humano, clínico y social que exige sensibilidad, conocimiento y respeto. No la observo únicamente como un procedimiento médico, sino como una decisión situada en historias personales marcadas por el dolor, la autonomía, la dependencia, los vínculos y las creencias. Desde la medicina, considero indispensable valorar el diagnóstico, el pronóstico, la proporcionalidad de los tratamientos, el consentimiento informado y el acceso real a cuidados paliativos. La obligación profesional, a mi juicio, incluye aliviar el sufrimiento, evitar el encarnizamiento terapéutico y escuchar al paciente sin reducirlo a su enfermedad.

Desde la psicología, me interesa comprender el miedo, la angustia, la depresión, la esperanza y el sentido de control que pueden acompañar el final de la vida. Una solicitud de morir debe escucharse con atención, sin prejuicios, explorando el sufrimiento emocional, la presión familiar, la soledad y las posibilidades de acompañamiento. La sociología me permite reconocer que las decisiones no ocurren en el vacío: la pobreza, la desigualdad sanitaria, la edad, la discapacidad, los roles familiares y el acceso limitado a servicios pueden condicionar la libertad. Por ello, cualquier debate debe proteger especialmente a las personas vulnerables y evitar que la falta de recursos se convierta en una razón para morir.

La tanatología aporta una mirada centrada en el duelo, la despedida, la dignidad y el acompañamiento de la persona y su familia. Me parece esencial hablar de la muerte con honestidad, respetar los tiempos individuales y reconocer que cuidar también significa permanecer, escuchar y sostener. En el ámbito político, considero necesario un diálogo público plural, informado y transparente, donde participen profesionales, pacientes, familias, organizaciones civiles, comunidades religiosas y autoridades, sin convertir la conciencia individual en imposición colectiva.

En México, la legislación vigente distingue la eutanasia de la voluntad anticipada y la ortotanasia. La Ley General de Salud prohíbe la eutanasia y el suicidio asistido, mientras que reconoce la atención paliativa y la posibilidad de rechazar tratamientos que prolonguen innecesariamente la vida, conforme a la normativa aplicable. También observo que existen iniciativas y debates legislativos que buscan ampliar las opciones al final de la vida, lo que vuelve indispensable revisar fuentes oficiales y diferenciar la ley vigente de las propuestas en discusión.

La espiritualidad merece un lugar respetuoso, porque cada persona interpreta el sufrimiento, la vida y la muerte desde convicciones distintas: religiosas, filosóficas, culturales o no religiosas. No considero legítimo descalificar ninguna postura; prefiero promover una conversación empática que reconozca la conciencia, la libertad y la responsabilidad. Mi interés es contribuir a un análisis social equilibrado, capaz de sostener preguntas difíciles sin respuestas simplistas. Aspiro a que toda persona sea atendida con compasión, información clara, protección contra abusos y respeto a sus decisiones, comprendiendo que la dignidad no depende de pensar igual, sino de reconocer el valor irreductible de cada vida ahora.