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El examen ciudadano

José Antonio Hernández Fraguas

Comenzó el último año de gobierno de Andrés Manuel López Obrador como titular del poder ejecutivo federal, y con ello, la última etapa de una administración controvertida por el estilo personal de gobernar y por las posiciones encontradas que generan los resultados hasta ahora obtenidos. Me parece injusto decir que todo ha estado mal y que no hay logros de gobierno en los cinco años anteriores, pero también, me parece absolutamente insostenible la postura de que hemos contado con el mejor ejercicio de gobierno en la historia, por lo que queda ahora en la conciencia ciudadana calificar, con su voto, el desempeño de un presidente con un gran liderazgo y con una extraordinaria capacidad de comunicación, pero también con una personalidad pendenciera y auto justificativa, que no reconoce errores y que culpa de todo al pasado.

Un último año que en la realidad se reduce algunos meses, pues una vez que en las elecciones de 2024 se decida quien será el o la sucesora de AMLO, el presidente saliente reduce considerablemente su poder, pues ya todos los asuntos del estado mexicano empiezan a ventilarse con la persona que será el o la nueva titular del ejecutivo a partir del primero de octubre de 2024, y a partir de ahí, después de la elección, se marca el declive natural de quien dejará pronto de ser el único que decide en el país. Así funciona nuestro sistema, una especie de “muerto el rey, viva el rey”.

Y al arranque de estos meses restantes de gobierno, el presidente ha declarado que ha cumplido con 99 de los 100 compromisos que hizo el día en que tomó posesión del cargo. Y en ese balance también se genera la división de opiniones entre quienes piensan que es así efectivamente, y quienes aseguran que hay muchos compromisos que no han sido cumplidos y van mostrando, uno por uno, que la realidad desmiente la información oficial que marca como “cumplidos” varios aspectos que notoriamente no alcanzan esa calificación.

Por ejemplo: el compromiso tres, que ofrece mantener las estancias infantiles, aparece como cumplido en la información oficial, pero obviamente no es así; o el número nueve, que dice que se promoverá la investigación científica, cuando en realidad se han reducido los recursos y los espacios para ello; o el trece, que dice que se hará realidad el derecho a la salud y hoy es clara la situación en la que está el sistema de salud en el país; o el veintiocho, que dice que no aumentará el precio de las gasolinas, el gas, el diesel y la luz; o el treinta y dos, que dice …tampoco aumentaremos la deuda pública; o el treinta y nueve, que dice que se reducirá el gasto de publicidad del gobierno; o el cincuenta y dos, que asegura que las obras de gobierno se realizarán con la participación de los ciudadanos y con observadores de la ONU; o el cincuenta y cuatro, que ofrece la descentralización de todas las dependencias de la administración pública, solo por mencionar algunos; en fin, habría que revisar cada uno de los 100 compromisos y ver que piensa la ciudadanía respecto a su cumplimiento, pero el discurso y la información oficial prácticamente los da por cumplidos.

Y no, no se trata de descalificarlo todo, finalmente es la gente, el pueblo, quien definirá si se encuentra satisfecho o no con lo realizado en esta administración, y quien dará su calificación en el gran examen que, para cualquier gobierno, son las elecciones. Pero lo interesante será ver en qué condiciones recibe la próxima administración y qué compromisos quedarán amarrados comprometiendo las finanzas públicas, o qué habrá que modificar para garantizar el ejercicio de gobierno.

Empieza pues, el último tramo de esta carrera, en la que, seguramente, veremos a un gobierno activo, en gira permanente para inaugurar obras o para consolidar lo ofrecido, en concretar los grandes proyectos estratégicos que se plantearon desde el inicio: el tren maya, que se espera que funcione totalmente a finales de este año, como está ofrecido; la refinería de dos bocas, que también deberá empezar a producir combustible a la brevedad para que no siga siendo objeto de crítica y que demuestre que su objetivo es eficaz y eficiente; el corredor interoceánico que también está avanzando y que se convertirá en el detonante del desarrollo de la región sur – sureste del país, y otras obras que quedarán como legado de este gobierno si son terminadas y funcionan adecuadamente. Recursos para lograrlo, estarán garantizados en el presupuesto de egresos del próximo año, aun cuando se sacrifican rubros importantes para poder destinar el dinero necesario para cumplir con el interés presidencial de entregar esos grandes proyectos.

Y durante la primera mitad del año próximo, estaremos viendo también el desarrollo de las propuestas políticas de quienes compitan por la presidencia de la República. ¿Esos “logros” alcanzarán para hacer una campaña montándose en ellos? O ¿serán suficientes para elaborar un discurso de campaña que los cuestione y se proponga hacer las cosas diferentes? ¿Aprueba el gobierno actual el gran examen ciudadano? Queda en manos de la ciudadanía, mediante su voto libre y directo, la decisión de lo que suceda a México en adelante. Al tiempo.

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