- Por MTRO. JOSE MA VILLALOBOS RODRIGUEZ
Soplan vientos favorables a que el Estado mexicano vuelva a crecer como ente emprendedor en campos donde ya había demostrado ineficiencia y pobres resultados. Eso sí, fue el origen de las ahora cuantiosas fortunas de unos cuantos, quienes al amparo de la búsqueda de reducir la pobreza nacional aumentaron su riqueza personal. Es indudable que cuando se vuelve emprendedor el Gobierno mexicano tiene un largo récord de fracasos nacidos de ocurrencias y malos manejos haciendo a un lado a los ciudadanos que ya están en algún campo de negocios lícitos.
En el proceso administrativo de las llamadas “empresas paraestatales”, se muestra un patrón repetitivo resumido en este decálogo:
PRIMERO.- Reclutamiento de personal en exceso, bajo criterios de recomendación o compromiso político – partidista o familiar de alguien “pesado”. Lleve a su burbuja y si aún no la tiene, crea una de inmediato.
SEGUNDO.- Creación de un patrimonio de manera atropellada y muchas veces haciendo a un lado leyes o reglamentos. Es común que los terrenos donde se construyen las plantas de las empresas paraestatales no se apeguen a un proceso de expropiación por utilidad pública con la consecuente indemnización a sus propietarios, o que se erijan sobre zonas de alto riesgo sin que eso se tome en cuenta. Si el terreno es donado por alguna comunidad y se ubica a la orilla de un río o si está muy lejos de las vías de comunicación, no importa… el tema es hacer las cosas rápido y mal. Dios dirá.
TERCERO.- Contratar miles de personas donde se necesitan decenas para que así se logre contar con el compromiso electoral correspondiente, pues “le debes la chamba al Gobierno”… Esta política de contratación a mansalva va generando en las empresas paraestatales una serie de obligaciones financieras ineludibles de prestaciones sociales ad infinitum.
CUARTO.- Adquirir como en CONASUPO enormes flotas de camiones torton o mayor para cumplir con las “necesidades derivadas del compromiso social de la empresa”. Esta medida desplaza a los transportistas privados ya establecidos y crea un círculo de proveedores en talleres de reparación y mantenimiento que era innecesario. La compra al mayoreo de flotillas nuevas genera apetitosas licitaciones, donde en muchos casos la empresa paraestatal paga mayores precios al comprar altos volúmenes… algo que desafía cualquier ejercicio financiero lógico.
QUINTO.- Se opera una administración a control remoto con oficinas lujosas en la Ciudad de México, de preferencia cerca de donde Dios manda.
Esto reditúa en contratos de arrendamiento que difícilmente podría pagar la General Motors, pero que sí los paga con alegría cualquier empresa paraestatal.
Si tengo mis plantas productoras en la frontera con Texas: ¿para qué quiero oficinas lujosas en Ciudad de México? Pues para que dirigir una paraestatal otorgue a su Director una plataforma de crecimiento político. Quizá después de dirigir “PINOLES DE MEXICO OPD” su Director logre la gubernatura de Jalisco o Nuevo León.
La cercanía a las oficinas clave: Hacienda y Presidencia le aumentan el rating a cualquier paraestatal y a su Director.
SEXTO.- Creced y multiplicaos en el alcance regional. El prototipo sería la red de CONASUPO que llegó a cubrir casi todo el territorio nacional aunque no fuese necesario. Esta estrategia –que sólo se puede pagar por el erario y generaciones de contribuyentes mexicanos– le otorgó al PRI una plataforma político–electoral formidable, no igualado aún por la red de ventas de Coca Cola y Sabritas juntas.
SEPTIMO.- Publicitar por todos lados la “labor social” que cumple la susodicha empresa, el enorme “compromiso con los que menos tienen”, su lucha contra “la desigualdad y la pobreza”, su finalidad “solidaria y con visión de futuro” (?).
El tema de relaciones públicas y de buena imagen es central. Se debe de “cacarear el huevo” por todo México, aunque no sea necesario.
OCTAVO.- Cada año pelear por mayor presupuesto, mayor cobertura territorial, más unidades de transporte, mayores cantidades gratis de diésel o gasolina de PEMEX para poder darle “buenas cuentas al pueblo de México”.
NOVENO.- Identificar la empresa con el partido en turno en el poder. Todo el equipo de transporte y el personal debe lucir en azul tierno si gobierna el PAN, si es MORENA en color marrón, si es el PRI el correspondiente tricolor. No importa lo que cueste, sino que lo importante es que la gente sepa por el color “quien manda”.
DECIMO.- Como Director de la paraestatal lleve una excelente relación con los de “mero arriba”. Déjese ver por Palacio Nacional, por la Cámara de Diputados, por PEMEX y la CFE para tomarse fotos con los jefes y tener cabildeo permanente a favor de usted.
Siempre tenga a la mano su pasaporte con visa vigente. Preferentemente use la receta de Raúl Salinas: que si sea con su foto, pero no su nombre. Esta medida precautoria es por si usted sufre un resbalón en su imagen como servidor público, alguien con el síndrome de Lozoya le traiciona o alguna grabación con su segundo frente lo circulan sus enemigos en las redes sociales.
Este decálogo no le asegura el éxito, pero como diría LOPEZ GATELL le dará un 80% de probabilidad de éxito en un escenario entre el corto y el mediano plazo. Aunque mañana quién sabe.
Algunos de los casos más conocidos de éxito trepador serían como el del abogado por la UNAM José López Portillo que pasó por la Dirección de la CFE, el profesor rural Carlos Hank González que se fortaleció vía CONASUPO, el economista con postgrado en Inglaterra Napoleón Gómez Urrutia que dirigió la Casa de Moneda y, ahora, es Senador y líder minero –tras una estancia involuntaria en Vancouver, Canadá–.
En el otro extremo tenemos casos de quienes encontraron en una paraestatal el fin de su carrera política, más no necesariamente la ruina económica: Doctor en Economía Rogelio Montemayor, Ingeniero Jorge Díaz Serrano y Economista ITAM Emilio Lozoya Austin en PEMEX o el tamaulipeco Fausto Cantú Peña en INMECAFE, economista ITESM.
Sabemos que cientos de actividades productivas requieren en México obligadamente de permisos federales.
Se requiere de una concesión federal para explotar recursos hídricos: es el caso de refresqueras, cerveceras, procesadoras de jugos, ingenios azucareros, harineras de maíz, productoras de alimentos enlatados, etc.
Si la empresa propietaria de una procesadora de bebidas o alimentos intensivo en agua llega a tener alguna diferencia seria con el Gobierno federal por motivos válidos o no corre el peligro que “le cierren la llave” y se le niegue el permiso para seguir disponiendo de agua. Y que la pierde, la pierde porque la autoridad federal siempre encontrará alguna falla menor que se vuelva pecado mortal, aunque no lo sea.
La orden de clausurar la construcción de una cervecera en Mexicali, Baja California comprueba esta tesis: aquella empresa que no está bien con Dios, tienta al demonio.
La facilidad con que en México el gobierno federal cambia de prioridades y objetivos en políticas públicas que afecten el emprendimiento sólo es superada por Corea del Norte. Si hace tres años la minería era una actividad legal y que generaba riqueza, ahora, queda prohibido cualquier nuevo permiso porque “se estaban saqueando los bienes de la Nación”. Las mineras pasaron de ser prioritarias a prohibidas en sólo 2 años. Igual sucede con la generación de energía eléctrica por empresas privadas: pasaron de ser Luzbel a ser Lucifer por decisión divina.
Con semejante panorama retrocedemos y verán como la 4T ya decidió que sea una empresa paraestatal federal un cuasi monopolio para la importación, compra y distribución de medicamentos en un país de 126 millones de habitantes, con una red de vías de comunicación deficiente, llena de asaltos y secuestros de unidades de carga, sin redes de frío, almacenes y personal calificado.
Esta nueva empresa será un panal de rica miel para una minoría.
El otro camino para volver a un pasado de fracasos es darle obra civil, gestión de puertos y aduanas a los de uniforme verde olivo.
No son expertos ingenieros, ni logísticos y su honestidad ha demostrado ser flexible.
Entonces, hagan sus pronósticos y si el destino les depara dirigir una paraestatal recuerden este decálogo que los puede impulsar en su carrera política.
Alguna vez le preguntaron a Milton Friedman -economista odiado por la ultra izquierda- su opinión de la calidad de gestión del Gobierno mexicano.
Su respuesta fue la siguiente:
“SI AL GOBIERNO DE MEXICO LE DIERAN A ADMINISTRAR EL DESIERTO DEL SAHARA, ESCASEARIA LA ARENA”.
Evidencias, sobran.







