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¡Duro, duro y a la cabeza…!

Dr. Luis Miguel Urbiña Calvo
Nos hemos puesto a pensar… A cavilar… En las muchas cabezas que tiene la criminalidad en este país que, por cierto, no sabemos si sean las mismas que en otro país o, en México, se hayan mutado en otro perfil o naturaleza. Lo cierto es que, creemos que… Tiene variantes, perfiles y según cuenta la “leyenda” ya no tienen códigos.
Aunque nosotros pensamos que… sí tienen códigos, incluso quizás más que algunas autoridades, de las que no nos consta si tienen la calidad moral de autoridad, pues, creemos que la criminalidad tiene códigos como los de antaño; esos códigos obligaban y comprometían a no meter en el lío a mujeres o niños. Lo que ahora resulta cochino pensar… pero atribuimos esta salvajada a que se impone la lección con principiantes y que, la lección va más allá de lo entendible… En fin.
Tales códigos deben seguir vigentes. —asimismo, aclaramos, no somos aplaudidores de la criminalidad—al contrario, condenamos la criminalidad y, reflexionamos que no es ética, ni es generosa, menos respetuosa ni moral que, por cierto, no es un “árbol que dé moras”. La moral es prima hermana de la ética, por cierto…
En ese sentido, en estos tiempos quizás… Trascurrimos por la confusión que nos impide saber si tal o cual mañoso actúa en lo individual o está coludido con alguien, peor aún si ese alguien conoce a la gente de bien o de plano, ya todos somos iguales y no hay respeto de los malos a los buenos ni entre los propios malos; porque hoy en día lo mismo un ratero quiere repartir droga.
Sí, repartir droga, allanar una casa o, arma su sociedad de principiantes, el “Chompiras y El Botija”, sintiéndose profesionales. Lo que escapa a la criminología, porque no hay “moral” ni entre ellos; por ello hasta entre ellos debe existir una purga, porque antaño había escalas, categorías y relevos.
Obvio, no debe ser una empresa, pero la criminalidad sí tiene una estructura, por lo menos eso cuentan los que saben de seguridad pública o de criminología. Puede resultar hasta irónico, pero a veces tienen mayor estructura y recursos más que la autoridad de seguridad pública o de investigación.
No nos crean, pero pueden averiguar e, investigar si lo que pensamos es verdadero o falso, cada quien según su información tendrá su mejor opinión… Lo que sí comentamos es que, en manos de las autoridades de seguridad pública y de investigación, está la paz y tranquilidad de la sociedad y, no son dádivas; al contrario, son obligaciones de las autoridades y punto, de acuerdo al artículo 21 de nuestra Carta Magna.
Ahora bien, si es severo el estado de cosas ocasionado por la criminalidad galopante, también hemos dejado de hacer nuestra tarea como sociedad, como familia y, como académicos, al permitir que haya crecido, haciéndonos disimulados ante acontecimientos de impacto o simplemente no observar tomando las cosas con aquel pensamiento… De que si no me pasa a mí, entonces no me interesa. Con lo que contribuimos al no hacer nada.
Y, en el no hacer nada, está el no denunciar los hechos, no querer ser testigos ni proporcionar información ante tal o cual acontecimiento… En vez de movernos y reaccionar, haciendo por lo menos lo que nos corresponda como ciudadano o como sociedad.
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