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  • Por Luis Miguel Urbiña Calvo.

“DE PENA AJENA…”

Qué triste es verte perpleja,

Qué el viento no te mueva;

Qué triste es creerte osada,

Convencida, perdida y ensimismada;

Qué triste sentirte engañada,

Cada día más vacía y alejada;

Qué triste tu locura, que no es la mía,

Porque mi corazón late muy rápido;

El tuyo solo reacciona,

Con el reflejo pecuniario;

Esta tristeza mía es inmensa,

Porque primero está tu pobreza del alma;

¡Perdón, oh, Dios mío!

Tuya es la ignorancia;

Tu maldad, tu soberbia y egoísmo,

Pero al final te quedas sin tú nada;

Qué pena das una y mil veces,

Qué pena da tu ilusión, tu pequeñez;

Tú falta de lucidez muy señalada,

Me lastima tu desdén por pecuniario;

Mientras esperaré de tu espíritu,

Y tu corazón… Tus restos;

Que falsa eres contigo misma,

Pues te comunicas con el piso;

Engañándote con un amor

 qué por ti no se ha suspirado,

Qué descortés eres con tu alma,

Porque no la escuchas, menos la sientes;

Qué solo te reclama,

Qué no necesitas ese amor,

Menos necesitas sus migajas,

Que falsa te ves explicándote,

Lo inexplicable;

Porque ese amor no es sincero,

Pero te gusta ser comprada.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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