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  • Luis Miguel Urbiña Calvo.

 

Rescato la dulzura del amor;

no me da vergüenza ni pudor;

decir de mi embriaguez por el sentimiento,

por la educación y buenas maneras;

me quitaré el sombrero o la gorra,

por respetos a las buenas formas;

no soy mocho, menos persignado,

al buen gusto si le tengo cuidado;

las buenas palabras bienvenidas,

las malas también, al saber proferirlas;

las mentadas hasta caen bien,

si hay gracia al decirlas;

lastimosas al ser oscas y agresivas,

vulgar es la palabra, no sé si alguien lo diga…

las malas palabras también llevan vida,

pero con mentadas caen en malas medidas;

tampoco me asustó de los lenguajes,

indebidos que manchan los plumajes;

peladeces podrían ser algunas palabras,

pero dichas en sus cunas, no resultan iracundas;

palabras vulgares o corrientes,

quien las diga siempre enseña sus dientes;

obviamente, lo digo en metáfora,

no dije que me escapara de esa tremenda ola;

la grosería es vulgar o corriente,

depende como se diga o quien la diga;

también depende del círculo oyente,

la grosería o lo vulgar,

a veces es juego de palabras que

hay que saber jugar,

puede ser doble sentido si alguien

no se da por enterado,

puede ser momento de vulgaridad

o corriente,

también está en quien

quiera su lengua vomitar.

“Grosería, vulgaridad o corriente”