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  • Por Luis Miguel Urbiña Calvo.

 

“LA TARDE DE LOS BUITRES…”

La tarde de los buitres,

¡Caray! Verdaderos contrastes;

Día asoleado,

Pero buitres azotando;

Sigo sorprendido de las aves de rapiña,

Que trabajan, perseveran, no descansan;

¡Ha! Qué animales carroñeros,

¡Pobres, pobres!, en sus adentros;

¡Qué lástima me dan sus anunciados vuelos!

Muy malintencionados,

Lejos de los honorables espíritus;

Cerca de los reflejos malignos,

Ojos de serpientes venenosas,

Alas vislumbrando carnes bondadosas;

Atrapen a los buitres,

Atrápenlos sin piedad;

Atrápenlos que el supremo habrá de premiar,

No podemos descuidarnos;

No podemos dejarlos solos,

Menos darles libertad;

Hay que ser certeros y atinados,

Vigilarlos sin dejarlos lastimar;

Tarde de buitres, atrápenlos,

No los dejen… no los dejen escapar;

¡No los dejen siquiera volar!

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