Alexandra MARTINEZ DE AGUILAR*
El pasado 16 de mayo celebramos con enorme alegría nuestros 24 años de existencia como medio impreso, digital y visual, rodeados de clientes, amigos, artistas y, por supuesto, de mi familia.
Tal vez sea la edad que me ha vuelto más sensible, pero lo que es seguro, es que el sentimiento de agradecimiento hacia quienes nos han brindado su voto de confianza y nos han permitido acompañarlos en la difusión y crecimiento de sus negocios, es infinito. Por ello, considero importante hacerlo público y expresarlo constantemente.
Fue precisamente desde ese profundo sentimiento de gratitud que disfruté de una manera muy especial el desfile de modas que organizamos junto a Ángela Dillon, artista plástica y diseñadora textil, a quien conocimos por causalidad porque como diría mi padre, nada ocurre por casualidad.

Mi perspectiva de lo vivido aquella tarde en el área de la alberca del Hotel Victoria seguramente será distinta a la de quienes asistieron como espectadores, porque en esta ocasión me tocó vivir el evento desde atrás del escenario, entre cambios de vestuario y nervios, desfilando con prendas que jamás imaginé usar -incluyendo sombrero-.
Como en todo evento, la puntualidad era indispensable y, desde las cinco de la tarde, estaba más que lista, portando el primer vestuario. Sin embargo, mi indecisión sobre si el sombrero realmente me quedaba bien, sumada al exceso de pensar algo que ya sabía hacer –bailar-, comenzó a ponerme nerviosa. El desfile fue performático porque quienes modelamos lo hicimos bailando al ritmo de la música, rompiendo con la caminata tradicional y apostando por algo más libre, más vivo, más auténtico.

Podríamos pensar que bailar sería más fácil que modelar, pero cuando estás frente al público, no siempre resulta tan sencillo a pesar que, en mi caso, siempre me ha gustado bailar y tengo facilidad para ello. Además, el sobre pensar cómo debía hacerlo me hizo ponerme aún más nerviosa.
Entonces, justo antes de salir a escena, mientras sonaba la canción de apertura del evento –Tropicoqueta, de Karol G-, decidí soltar los nervios y dejar de pensar. Elegí simplemente disfrutar y creo que eso se notó.

Sentí una profunda paz y una inmensa felicidad al formar parte de un evento que es el resultado del tiempo, cuidado y esfuerzo que le hemos puesto a la revista; de celebrar un año más de este negocio familiar que constantemente nos desafía a crecer, reinventarnos y superarnos en lo personal y en lo colectivo.
Disfruté enormemente las cuatro canciones con las bailé y conforme avanzaba cada melodía, me soltaba más, hasta contagiar a varios de los invitados, quienes aceptaron mi invitación para levantarse y bailar conmigo. Me alegró mucho ver cómo respondían con entusiasmo para sumarse a ese ambiente festivo que llenó la noche de sonrisas, aplausos y felicidad compartida.

Ver los rostros de clientes y amigos que nos han acompañado a lo largo de estos 24 años también me llevó a hacerme un autorreconocimiento. Esa noche confirmé que siempre he podido enfrentar los desafíos que han llegado a mi vida y desde mi “cargo oficial” -de manera enunciativa, más no limitativa- como Directora Administrativa, porque en un negocio familiar todos terminamos involucrándonos en todo, aprendiendo y creciendo juntos.
También fue motivo de enorme alegría ver cómo quienes aceptaron modelar disfrutaron atreverse a hacer algo por primera vez como los artistas plásticos: Tomás Pineda Matus, Pacco Soriano, Manuel Reyes, Alonso Chávez, mi hermana María Jose Martínez de Aguilar quién vino especialmente al evento, Mariana Matus (Casa de Novias y XV Años Mariana Matus), Aylín del Carmen Pacheco (Ludikids), Montserrat Porras (Allegra Inmobiliaria) , la Doctora Evelyn Pérez (endocrinóloga pediatra) y Mariana Vez (Wedding Planer). Para muchos asistentes, seguramente también fue una experiencia distinta, porque normalmente conocemos solo la faceta profesional de las personas; sin embargo, descubrirlas en otro contexto, viéndose libres, divertidas y orgullosas de sí mismas, resulta profundamente gratificante.


A todas y todos los modelos y asistentes, mi más sincero agradecimiento por confiar en nosotros, en nuestro trabajo como revista, en mi hermana Karla Irina como Directora Editorial, en mi padre Alfredo como Director General, y en mí.
Por supuesto, no puedo dejar de agradecer también a Ángela por su disposición y por abrirnos no solo las puertas de su hogar, sino también de su amistad. Es un privilegio poder llamarla hoy amiga y aliada de nuestra revista.
Y como escribí al inicio, sí, me puse sentimental. Quizá porque cada vez tengo más claro que buscar ser una profesional en todo lo que hago, es un reto diario, pero sobre todo, porque esa noche confirmé que busco dejar una sonrisa en cada persona que conozco.
No aspiro a ser recordada por un legado material ni por el dinero que haya acumulado. Aspiro, más bien, a dejar huella en la forma en que hice sentir a cada persona que tuve la fortuna de encontrar en mi camino.
¡Larga vida a todos ellos, a mi familia y a la Revista Mujeres Shaíque!









