- Por Mtro. José María Villalobos Rodríguez.
Llevamos 20 años siendo testigos de un avasallamiento gradual, pero constante por todo tipo de pandillas o grupos organizados para el crimen de las leyes que supuestamente nos rigen. Y digo supuestamente porque denunciar, enjuiciar y obtener la reparación del daño en México es algo casi imposible.
De Mérida a Tijuana permea una silente frustración ciudadana sobre eso que llaman “impartición de justicia”. Cualquier noticiero en la televisión o el contenido de cualquier periódico dan cuenta a diario de graves violaciones a la ley y de las respuestas inmediatas que dan nuestras cuestionables autoridades.
Es a tal grado risible las frases ya muy choteadas de “….llegaremos a las últimas consecuencias”, “este crimen no quedará impune”… “aplicaremos todo el peso de la ley”… “fue un ajuste de cuentas entre bandas del crimen organizado”… “fue una confusión y fueron acribillados por error”… “ya había recibido amenazas, pero no aceptó protección”…. etc. ¿Por qué es ínfima la denuncia sobre un delito que ha dañado a una familia o a una persona?. No se dice a cada rato que nuestras leyes y reglamentos están a la vanguardia… Que unidos ciudadanos y autoridades haremos respetar el ESTADO DE DERECHO. Que el que se crea inocente no tiene nada que temer. La desconfianza de los mexicanos a la impartición de justicia no nació ayer. Décadas de simular lo que no somos: una Nación que respeta los derechos humanos, los derechos de propiedad, el marco legal que “protege” al medio ambiente y los recursos naturales, normas y reglamentos amplísimos sobre la transparencia y rendición de cuentas, un sistema nacional de impartición de justicia que vela por los niños, los adolescentes, los adultos, los adultos mayores, los disminuidos por alguna enfermedad, los huérfanos, las viudas, los estudiantes sin recursos para sostener su lugar en la educación superior, los pueblos originarios , los afro mexicanos… y un muy largo etcétera.
No hay semana en la que no tengamos festejos cívicos de alcance nacional ligados a nuestro fantasioso “ESTADO DE DERECHO”. Esta semana tocó la fiesta en contra de la violencia hacia las mujeres y las manifestaciones femeninas arrasaron con el patrimonio público ante el incumplimiento del Gobierno de evitar y prevenir feminicidios. Los relatos y evidencias recientes sobre Aguililla en Michoacán o Fresnillo en Zacatecas demuestran que la autoridad y su tarea de seguridad están ampliamente rebasadas. Por esta razón México tiene al menos 26 mil michoacanos en la frontera norte esperando admisión a la Unión Americana en calidad de refugiados.
Huyen de los grupos criminales que desoyeron aquello de “abrazos no balazos” y que ahora controlan no menos de la tercera parte del territorio nacional donde el “rayito de la esperanza” no iluminó.
Como las pulgas a los caninos las organizaciones delincuenciales se le cargan al más flaco, al más indefenso. Saben que un puñado de aguacateros michoacanos no tienen peso político o empresarial como para merecer protección -como la reciben los grandes empresarios con sus imperios o encumbrados políticos que hoy llevan ya 36 meses de disfrute de su poder e influencia.
Vivimos pues en un México de castas -como en la India. La casta minoritaria, pero todo poderosa se protege y cuida entre sí. Han decidido nadar de muertito hasta 2024 y están explorando quién será el siguiente Presidente de la República y su correspondiente burbuja. Están felices de poder ir otra vez a esquiar a Vail en Colorado o a jugar en lo más exclusivo de Las Vegas.
El clasemediero mexicano en este hoyo económico está muy ocupado en sobrevivir las hieles de un divorcio, el embargo de su casa atada a la esclavitud de un crédito hipotecario, peleando a diario para sostener su mini empresa o empleo mal pagado. Los obreros especializados que laboran en las plantas automotrices en México están asombrados al conocer por un líder sindical del país de la hoja de maple que en una planta canadiense similar se paga salarios por hora 30 veces superiores a los que aquí se pagan -bajo el amparo de nuestros sindicatos y leyes laborales. Dos dólares contra 60… Y nadie lo contradijo.
Justicia laboral cuestionable, derecho familiar cargado a favor de las madres e hijos que por no tener la última pantalla digital son capaces de promover un divorcio forzoso, entrada permanente de armamento de alto poder para que a plomazos los mexicanos arreglemos nuestras diferencias, ausencia de mecanismos de conciliación en caso de endeudamientos, jueces que traicionan a la sociedad para ir ascendiendo en rango y poder adquisitivo.
Si en algo hemos retrocedido es en el poder equilibrar a un simple ciudadano frente al poder político, el poder del dinero mal habido, las malas prácticas de empresas de servicios de todo tipo…
Esta generación la llevaba muy en paz hasta que llegó la COVID-19.
Como en una gigantesca tómbola toda la humanidad fue lanzada a dar vueltas y a vivir años en un encierro forzado – lejos de lo presencial en la familia, el trabajo o la diversión del fin de semana. De este encierro forzoso surgen muchos doble cara. Se expresan lo mejor y lo peor de los humanos entre cuatro paredes ante el asedio de ese minúsculo y matón virus.
El cuidado de la salud bajo la tutela de los gobiernos en todo el mundo es sacudido como nunca antes. El cacareado “derecho a la salud” pone contra la pared a todos los gobiernos del mundo. Las farmacéuticas que han desarrollado velozmente las vacunas se vuelven ultra influyentes en el destino de la humanidad. Se comprueba que en contra de aquello de los derechos humanos para todos se topa con pared. Las vacunas (ya la vida) primero para los ciudadanos de los países ricos… el resto… tiene derecho a formarse en la fila.
Ante este río revuelto de contagios, confinamiento, trabajo en casa, cierre de miles de empresas surge otra plaga: los buitres carroñeros que en representación de la banca ya están activos con embargos a las familias que no pudieron seguir pagando la casa, el coche o la tele.
En España existe una Ley de la Usura que protege a los deudores de estas aves.
En México las autoridades y los jueces se voltean para otro lado y permiten que se abuse a mansalva del débil y que el poderoso banquero sea plenamente satisfecho en sus demandas. Así solo perpetuaremos la injusticia en México.







