- Por Heraclio Bonilla Gutiérrez.
Nuestra Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, históricamente ha sido de avanzada, no solo la actual (que es la de 1857 pero reformada), sino desde la primera. Recordemos que los vecinos del norte, siempre han estado interesados en la vida política de nuestro país, pues somos algo así como su muro de contención en muchos casos, por lo mismo, se ocupan de que nuestro desarrollo siempre vaya muy atrás de ellos y aún más, se preocupan por mantenernos bajo control en lo que a ciencia y tecnología se refiere.
Desde antes de que fuéramos país independiente, estuvieron presentes física y económicamente para afrontar los embates que diario impulsaba la religión católica, pues debemos recordar que en aquella época, los vecinos eran mayoritariamente protestantes (hoy es distinto por la intensa migración de todas partes del mundo, pero sin duda, principalmente de los países católicos de América Latina), así que resulta fácil entender la doble vertiente de su interés por definir el rumbo político de nuestro país desde su nacimiento.
Tanto la iglesia católica como nuestros vecinos del norte, son corruptos e hipócritas en igual medida, de modo que si ellos se encargaron de establecer las bases de nuestra naciente patria, resulta comprensible porqué vivimos en un país tan corrupto.
Nuestras instituciones públicas hoy son asediadas por intereses extranjeros, no solo de los gringos, sino de muchos otros países: China, Rusia, España, Brasil, por citar algunos); para lograr sus respectivos propósitos, cada uno busca corromper la institución que considera más favorable a sus intereses.
El Poder Ejecutivo Federal y lo mismo en todos los Estados, adolece de múltiples señalamientos de corrupción, en la mayoría de los casos, resultan fundadas esas acusaciones; lo mismo ocurre en el Poder Legislativo en ambos niveles, ejemplos sobran y no vamos a desperdiciar el tiempo en repetirlos.
El Poder Judicial de la Federación, encabezado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, por disposición expresa del artículo noventa y cuatro de nuestra Constitución Federal, tiene una amplia historia de corrupción. Estoy estrechamente vinculado al Derecho desde mil novecientos ochenta y dos y, al menos desde entonces, he escuchado de grandes escándalos relacionados con la deshonestidad y servilismo frente al poder ejecutivo y los poderes fácticos de muchos de sus integrantes.
Han emitido resoluciones evidentemente contrarias al derecho, peor aún, en contra de la justicia. Son la última instancia dentro de nuestro sistema de justicia, por lo tanto, su decisión es inapelable en el ámbito interno; a nivel internacional, poco a poco se ha ido utilizando esa vía para revertir decisiones injustas y que tienen como razón de ser: la corrupción y el servilismo.
Hoy, el Poder Judicial de la Federación vive una prueba de fuego que ya quemó a todos sus integrantes.
La señora Yazmín Esquivel Mossa, en cuatro meses, le ha causado más daño a la imagen de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, que el que le causaron decenas de ministros en décadas, no porque las culpas de aquellos hayan sido menores, sino porque hoy la comunicación de los sucesos de interés público, son conocidos de inmediato en todo el mundo.
Es posible que la señora Yasmín haya llegado ahí para proteger los intereses económicos y jurídicos de su esposo, sin embargo, no solo no podrá hacerlo, sino que sumará a los señalamientos contra su esposo (La pésima proyección del aeropuerto de Santa Lucía, que finalmente construyó y sigue construyendo el Ejército Mexicano) los vertidos contra ella misma.
La hoy Ministra Presidente de la Corte, Doctora en Derecho Norma Lucía Piña Hernández (al parecer libre de plagios y con trayectoria judicial) y el resto de sus compañeros Ministros, son corresponsables de la cada vez peor imagen de la institución que representan, ignoro si por miedo o por hallarse en la misma situación que la señora Esquivel, pero con cada minuto transcurrido sin que pidan la renuncia de tan nefasta señora, contribuyen al debilitamiento de la credibilidad de una Corte que de por sí, cuenta con un peculio en ese tema, muy disminuido.
Chinuni (Pilón en mixteco): En otro tiempo, habrían bastado un Ave María, un Yo Pecador y tres Padres Nuestro, para que el caso se hubiera cerrado; hoy las cosas son distintas.








