Compartir

En el Blog, La Vanguardia, la comparación es una amante peligrosa. Sutil y manipuladora, tiene la capacidad de distorsionar la visión que tenemos de nosotros mismos y del mundo que nos rodea. Cuando entra en escena, egocéntrica y extremadamente crítica, nos arrastra a una rueda de constante insatisfacción. Nos desgasta y nos vacía, privándonos de tranquilidad y bienestar.

Es entonces cuando nada de lo que somos, hacemos o tenemos parece ser suficiente. A golpe de lengua viperina envenena nuestras relaciones y multiplica nuestro malestar. Nos distancia de los demás y teje una burbuja a nuestro alrededor que únicamente refleja nuestra inseguridad. Para muchos es una adicción, tan irresistible y destructiva como cualquier droga. Y si lo permitimos, puede llegar a consumirnos.

HISTORIAL.
Desde pequeña me la pasaba observando a los niños de mi salón de clases y sentía algo raro en mí, una sensación de vacío, tristeza y enojo, como si ellos fueran totalmente diferentes a mí. Me fijaba en qué color de piel tenían, la ropa que usaban, los útiles, la mochila y hasta en la forma de peinarse. Pensaba que los compañeros de piel clara valían mucho, lo cual me hacía sentir mal; una gran tristeza me invadía, era un vacío dentro de mí como si algo le pasara a mi cuerpo, una sensación de no valer por mi piel morena. Creía que las personas de piel clara eran bonitas y felices, que la gente las veía con aceptación y que valían más que yo.

En casa, veía la diferencia que hacía el padre entre mis hermanos y yo. Él prefería a sus hijos varones, a ellos les compraba cosas, les daba atención y cariño, sentía que él me veía poca cosa por ser mujer. Varias veces quise ser como ellos y pensaba: “Si yo fuera hombre, quizás mi padre me vería con amor y me valoraría”. Mucho tiempo viví resentida con mis hermanos, por eso, cuando tenía la oportunidad les hacía comentarios hirientes para hacerlos sentir mal.

Al entrar a la adolescencia comencé a competir con mis compañeros hombres para demostrarles que valía. Cuando obtenía mejores calificaciones que ellos me sentía fregona y quería decirles: “Mira, tonto, puedo más que tú, soy más inteligente”. También lo hice con mis compañeras de clase que sentía eran inteligentes, muchas veces las critiqué mentalmente: “Serás muy inteligente pero eres naca, fea, no vales nada para mí”. Vivía odiándolas secretamente porque nunca pude decirles abiertamente lo que pensaba, pero era un sufrimiento que me hacía sentir mal.

Ya después, cuando empecé a trabajar, en cada lugar a donde iba sentía lo mismo. Me la pasaba observando a las personas que trabajaban ahí, las criticaba y me comparaba. Me imponían las personas que tenían mucha seguridad, aunque no fueran bonitas, pero esa seguridad e inteligencia me ponían mal; también su posición económica, la forma de vestir, su carácter, y me decía: “Yo me merezco todo eso”, “¿por qué esa persona tiene más suerte que yo?”, En fin, seguía observando a los demás y me sentía como cucaracha, sin valor.

Pero cuando veía a personas que las consideraba poca cosa, con ellas sí me sentía poderosa, fregona, con mucho valor, hasta cierta alegría me invadía.

Al llegar al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos pude comentar el sufrimiento que sentía y, poco a poco, ha ido bajando mi forma de ser, así como también he ido aceptando a la gente sin crítica, sin juicio. El día de hoy me he dado cuenta, gracias al grupo, que nunca pude estar en un término medio, siempre en los extremos: me sentía terriblemente mal o muy poderosa, y eso me causaba sufrimiento. Ahora puedo convivir con los demás, con menos sufrimiento y de manera tranquila.

Correo electrónico: grupobvoaxaca@hotmail.com
página web: www.neuroticosanónimosbvoax.org.mx
fb@nabvoaxaca
twitter@nabvoaxaca
instagram@nabvoaxaca

SERVICIOS GRATUITOS:
* SERVICIO TELEFÓNICO LAS 24 HRS.
* GUARDERÍA
* CASA-HOGAR
* VISITAS DOMICILIARIAS
* NEUR-A-TEEN
* JUNTAS A INSTITUCIONES

GRUPO B.V. SAN MARTÍN
DIRECCIÓN Y TELÉFONOS:
AV.MONTOYA ESQ. DEL PANTEÓN No.101
COL. LA JOYA, SAN MARTÍN MEXICAPAM, OAX.
TEL.951 512-45-02

Compartir