- Heraclio Bonilla Gutiérrez
El Presidente Andrés Manuel López Obrador, en su mañanera del miércoles 5 de febrero, anunció que planteará reformas legales para volver a celebrar las fechas cívicas nacionales, precisamente en su día y no el lunes de la semana a que corresponda dicha celebración.
Vicente Fox (el alto vacío), en clara obediencia a la iglesia católica, que lo hincó cada domingo frente a un sacerdote y era noticia obligada con todo e imágenes, reformó la Ley Federal del Trabajo (LFT) para recorrer al lunes de la semana a que correspondan el 5 de Febrero (Aniversario de la promulgación de nuestra Constitución Federal), el 21 de Marzo (celebración del natalicio de Benito Juárez), el 20 de Noviembre (conmemoración del inicio de la Revolución Mexicana).
Es simple entender las razones de la iglesia católica: sobreponer al civismo nacional, las festividades de su religión. El primero de enero y el 25 de diciembre, siguen celebrándose en el día exacto y no se recorren al lunes de la semana a que corresponden dichas fechas. En la LFT se omiten otras celebraciones relacionadas con dicha religión: jueves y viernes de “semana santa” y dos de noviembre “día de muertos”, que hay que aclarar, es una fecha producto del sincretismo religioso entre las tradiciones prehispánicas y las tradiciones católicas.
Las fechas mencionadas del calendario religioso católico, se celebran precisamente en su día, no se recorren para el lunes como las fechas cívicas, así que las razones expuestas en la exposición de motivos de su reforma, que las hizo consistir en “beneficiar al sector turístico”, quedan evidenciadas de falsedad, sin embargo, no podíamos esperar otra cosa de Fox, el que se hincaba hasta para rezar.
El civismo nos hace mejores ciudadanos; nos hace conscientes de nuestra historia, en consecuencia, nos hace conscientes de nuestra identidad nacional. En este punto debemos poner mucho cuidado; debemos evitar que los políticos manipulen las palabras y la historia para lograr sus fines aviesos; debemos evitar que nos induzcan a confundir patriotismo con politiquería: que nuestros afectos no nos ganen.
Ya nos engañaron muchas veces, la más importante fue hacernos creer que Porfirio Díaz Mori fue lo peor que le pudo pasar a México, cuando la realidad es que no hay en toda nuestra historia mejor Presidente que él. Que los que se propusieron como los salvadores del pueblo de México, resultaron vulgares ambiciosos que se mataron entre ellos por hacerse del poder y sin importar las condiciones del pueblo.
En el punto en que estamos, resulta de la mayor trascendencia estar atentos a cada movimiento de los políticos que integran el gabinete presidencial, porque no se trata de cambiar para que todo siga igual. La iglesia católica a través de sus personeros, ha señalado que el Presidente de la República usa a miembros de su religión para repartir la “Cartilla Moral”, desde luego, en calidad de asalariados. Los mexicanos no necesitamos “moral”, necesitamos ética. La moral es un producto religioso, la ética es un producto filosófico de la dinámica cultural de la sociedad.
Expreso mi acuerdo con la decisión de volver a celebrar las fechas cívicas precisamente en su día; no basta con desaparecer los “fines de semana largos”, es necesario un plan integral para rescatar el civismo nacional. Tenemos que enseñar a nuestros niños cuáles son los movimientos sociales históricos y quiénes son los héroes de los mismos; debemos enseñarles a ser agradecidos con esos héroes a quienes debemos independencia y soberanía.
Para ello, es imprescindible el magisterio, sin ellos es prácticamente imposible lograr la meta. En este propósito, es fundamental revisar el trato que se les ha dado de manera general, es cierto que hay maestros que lo que menos quieren es educar, pero también es cierto que la mayoría sí tiene vocación, sí quiere aportar al crecimiento y desarrollo de México.
Tenemos las instituciones y los recursos humanos para unificar criterios a nivel nacional; seguramente hace falta un acuerdo con los sectores involucrados para que la tarea sea más realizable; debemos derrumbar el mito de que estamos viviendo una confrontación a nivel nacional promovida desde la Presidencia; son unos cuantos poderosos los que están incómodos por la reducción de sus privilegios, aún así, debemos reconocer su derecho a expresar sus inconformidades y debatirlas en el campo de las ideas y de la justicia.
Es tiempo de reconciliación, es tiempo de unidad, es tiempo de acuerdos trascendentes; debemos dejar a los políticos que hagan lo suyo; los hechos recientes nos enseñan que entre ellos nunca han estado distanciados; los que hace un año eran acérrimos enemigos del ahora Presidente, hoy son sus principales aduladores y mañana serán sus “correligionarios” mientras calculen que pueden acceder a una mejor posición.
Como sociedad tenemos mucho por hacer: conversemos con nuestros familiares, vecinos, amigos, compañeros de trabajo y con todo aquel que esté dispuesto a platicar con nosotros; hablemos de civismo e intercambiemos opiniones sobre lo que cada uno entiende por ese término.
Chinuni (Pilón en Mixteco): A quienes nos han tocado tiempos de paz, nos corresponde construir y reforzar nuestra identidad nacional.







