- Mtro. José Ma. VILLALOBOS RODRÍGUEZ
Históricamente la humanidad ha sido retada siempre por enfermedades y desastres naturales o antropogénicos, cuya aparición sacude hasta sus cimientos el estado de su bienestar, las finanzas de sus habitantes a tal grado que, se les cataloga como “catastróficas”.
En África hemos tenido hambrunas originadas en sequías prolongadas que hacen aparecer nuevas enfermedades y plagas, la sobre explotación de los mares por flotas europeas tienen hundida en la pobreza a Senegal, los conflictos nacidos en Costa de Marfil, originados en la desigualdad y la pobreza, redujeron la oferta mundial de cacao.
El cambio excesivo de selvas o bosques por áreas de cultivo o para ganadería –gran aportante de metano – han mermado la Amazonia en Brasil o los humedales en Tabasco.
En los últimos cinco años la magnitud de los incendios forestales en California, Australia, Chile, Grecia y Portugal ha rebasado las posibilidades de contención de sus gobiernos, dañado el patrimonio de las familias afectadas, y destruido ricos ecosistemas.
Desde Centroamérica las plagas del café como la roya se han movido conforme los efectos del cambio climático les abren nuevas plantaciones que atacar.
En Asia y América la fuerza creciente de los huracanes y su mayor tamaño ponen de rodillas a la población por igual en Filipinas que en la costa de Estados Unidos o México.
Virus y bacterias dañinos evolucionan y retan con su agresividad a la imaginación de investigadores en medicina pero, sobre todo, a gobiernos de los tres niveles a lograr su contención o control preventivo mediante vacunas.
Los mosquitos portadores del dengue o zika, migran hacia las regiones que cambian con el clima que les agrada y contagian cada año a miles de personas – se afirma que en 200 años más gente ha muerto por picadura de mosquito que por todas las guerras juntas–.
Actualmente el coronavirus – originado en China – tiene paralizada a buena parte de la economía mundial y confundida a la población sin que se atisbe con certeza hasta dónde llegarán sus daños.
Pese a que la Organización Mundial de la Salud expone lo peligroso que llega a ser el coronavirus- cada bloque continental ha tomado estrategias diferenciadas. La Unión Europea va por su lado, Norteamérica por el suyo y así el resto del mundo.
No habíamos tenido una suspensión de actividades recreativas, productivas y de comunicaciones con la orden de permanecer en casa.
El desplome económico que vive ahora el mundo no tiene antecedente.
Se estima que en el primer trimestre del año el Producto Interno Bruto de Estados Unidos caerá 12%, Toyota la mayor productora de autos en el mundo cerró plantas por tres semanas en Canadá, Estados Unidos y México, ciudades turísticas prósperas en Europa, el Caribe o Norteamérica están al borde de la quiebra, la industria de los casinos al cerrar sus operaciones cae en el impago con sus arrendatarios y empleados, la mayor cadena de comida rápida en México manda a casa a sus empleados sin pago alguno, las acciones de las empresas de energía (petróleo, gas, electricidad ) caen 35%, en la Bolsa de Valores de Nueva York y las aerolíneas del mundo, con el bloqueo a rutas internacionales, se quedan casi sin pasajeros a la vez que tienen deudas gigantescas con los fabricantes de aviones y sus empleados.
Los servicios de atención a la salud públicos o privada están rebasados en Italia y España y quien presuma de estar preparado lo suficiente lo hace con fines mediáticos y políticos.
No hemos vivido esta realidad simultánea de caída económica y sanitaria.
En el México del sexenio de Miguel de La Madrid hubo algo parecido a lo que se nos puede venir en 2020:
En ese sexenio –que no teníamos el paracaídas del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica – se vivieron los sismos de 1985 (20 mil muertos) aunado a los efectos de la caída del petróleo, 20 mil millones de dólares de deuda externa al 18% de interés anual, la hiperinflación, la austeridad en el gasto público, las quiebras de consorcios privados y empresas públicas más una devaluación imparable del peso.
Salir de esa conjunción de adversidades nos llevó una década y contamos con la valiosa ayuda del Presidente Clinton que rescató los famosos Tesobonos del Presidente Carlos Salinas de Gortari (deuda federal en dólares por cerca de 22 mil millones de dólares).
En el 2020 México se enfrenta a una crisis simultánea que va contra la calidad de vida de su población: la sanitaria y la económica, en especial por el coronavirus en un entorno de caída de precios del petróleo, exportaciones de manufacturas, turismo, transporte, empleo y una bancaria por la incapacidad de pago de empresas y familias.
Caída de turismo, exportaciones, empleo formal más bajos precios del petróleo significa menor recaudación federal participable a los estados y municipios.
Las regiones más afectadas en 2020 – 2022 serán aquellas que cuentan con menor diversificación productiva como lo es el Sur del país y cuyos vecinos de Centroamérica están peor que nosotros en seguridad, empleo y crecimiento económico.
El Bajío de México cuenta con una economía más diversa, sus entidades tienen finanzas sólidas, un sistema educativo y de salud mejor preparado para las contingencias y sus familias cuentan con mayor ahorro y menos deudas. Su plataforma manufacturera puede reactivarse muy rápido.
En el Norte de México su sistema económico y de salud está más ligado a sus vecinos desde California hasta Texas. La economía texana absorbe casi el 70% de las exportaciones mexicanas, tiene ciudades gemelas en el comercio y la logística con Tamaulipas, Chihuahua o Nuevo León que se consolidaron con el TLC.
Baja California está ligada a Japón, Corea del Sur y China por sus plantas fabriles. Con California tiene nexos muy sólidos, pese a la presión de los migrantes extranjeros.
Para nosotros en Oaxaca como sociedad y para nuestros gobernantes, legisladores y jueces de todo nivel, el reto es mayúsculo.
Los gobiernos deben de reorientar sus presupuestos, sus prioridades y sus metas a corto y mediano plazo.
Deben olvidarse de rencillas partidistas infantiles y dialogar propositivamente porque la opinión pública está exigiendo resultados, no demagogias rancias con tufos de la época de la Guerra Fría.
Deben dar preferencia a los habitantes más desposeídos de este país en cuanto a atención a la salud y fragilidad en el ingreso por estar mayormente en la economía informal.
Y esas personas suman cerca de 5 millones de familias y habitan en Oaxaca, Guerrero, Chiapas, Michoacán y buena parte de Veracruz.







