- Por Kozzobi Sampedro
¿Por qué se lee y se dice que es bueno, y si es tan bueno, por qué no lo hacen todos? La lectura y su comunidad se han plagado de una carga de prejuicios como estereotipos. Solemos llenarnos de palabras cultas… y la mayoría de veces el iniciado se queda en un estanque de información si la persona que lo invita tiene poco claro el panorama.
Uno cree que la literatura es aburrida o que peca de dramática hasta que vive la realidad que la tinta relata; o cuando lee a un autor que puede hacer de lo imposible una realidad habitual. Solemos recomendar los nombres clásicos, que ahora se llenan de polvo en las librerías o en la memoria colectiva, para sentir que tensamos las cuerdas del tiempo y afirmamos un presente que se disuelve en nuestras manos. La lectura nos ayuda a recuperar ese pasado, a encontrar las voces de las personas que lo habitaron.
¿Habrá lecturas que sean iniciáticas, y a su vez, acepten arropando a lectores dedicados? Narrada, mayormente en primera persona, la novela de formación, iniciación, aprendizaje o formalmente conocida como bildungsroman por su denominación alemana, podría ser la mejor propuesta a tomar por remontarse a los pilares de la vida: la infancia, la adolescencia y el limbo entre esta última con la madurez. Las bildungsroman se caracterizan por narrar el desarrollo emocional, psicológico y físico del joven protagonista; es el famoso viaje del héroe que retorna con un bagaje de experiencias que le permiten introducirse a la vida adulta. Las situaciones, personas y cosas idealizadas en su infancia y adolescencia se muestran tal cual por las enseñanzas que adquiere en su viaje. La soledad y el descubrimiento del diálogo interno, piezas claves del género, permiten que el protagonista desarrolle un conflicto con la sociedad que lo hará sentirse fuera de lugar. La historia suele concluir cuando el protagonista comprende que sus problemas existenciales deben abrirse y permitirle preocuparse por su lugar próximo en la sociedad.
La mayoría de novelas de formación en México maduran junto con sus protagonistas y su país, ya que al haber sido escritas en el periodo en que México se incorporaba a la modernidad y las marcas extranjeras comenzaban a hundir las empresas familiares, el protagonista, al igual que su patria trataba de adaptarse a los cambios sin entenderlos del todo; sólo le tocaba aceptarlos. El claro ejemplo de esto es la novela Las batallas en el desierto de José Emilio Pacheco; también puede verse la rebeldía emergente de la adolescencia en la década de los sesentas con La tumba de José Agustín; o podemos ver en Educar a los topos, de Guillermo Fadanelli, los últimos tranvías de la Ciudad de México junto con el crecimiento poblacional vistos por un joven de diecisiete años, que su padre lo envió a la escuela militar.
Hay novelas en las cuales se puede ver de largo el paso de la adolescencia y se centran en el proceso de madurez, como es el caso de la novela Entrecruzamientos (I, II y III) de Leonardo da Jandra, un joven mayor de veinte años que rehúye de un proceso de globalización adentrándose en la selva para vivir de la caza, la pesca y la voluntad del estudio, gracias a esto encuentra una plena autodeterminación: una búsqueda total de la identidad que se mantiene en cambio.
La finalidad de estas lecturas de iniciación, que parecieran un camino de senderos perdidos o abiertos al tiempo y a la memoria, es reconocer que los intereses y fobias pueden ser tan variados y amplios como lo es nuestra ignorancia. La capacidad de cambio se encuentra en reconocer esta condición. Las bildungroman son fragmentos de vidas ajenas que marcan la experiencia del lector iniciado o para aquel que regresa a desempolvar las páginas en su recuerdo y se encuentra a sí mismo con una sonrisa leyendo el mismo libro años atrás.
- Estudiante de Letras Hispánicas en la UAM y miembro del Colectivo Avispero.
Instagram: kozzobisampedro







