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Ernesto LUMBRERAS*

GUADALAJARA, JAL.-Un hombre de letras en toda la extensión del término, pero no un letrado solemne, misántropo de torre de marfil, egoísta de sus lecturas y saberes. Hombre de dar y compartir, de aprender juntos con algo de humor y sin jerarquías. Así lo conocí en el remoto 1985 cuando llegó a la mesa del taller literario fundado por Elías Nandino en Guadalajara y comentó nuestros textos con generosidad y camaradería. Había publicado sus primeros libros de poemas, entre ellos, Vencer a la blancura (1982) con el que obtuvo el Premio Poesía Joven de México y su primeros libros ensayo de largo aliento, por ejemplo, La poética del hombre divido en la obra Luis Cernuda, el cual tuvo a bien obsequiarme firmado con su infaltable Montblanc.

Hoy se despide de aquí, en su condición de mortal, pero deja un legado literario para leer y releer, escritor de una obra de múltiple andadura en la poesía —su vena cordial y cardinal—, el ensayo, la crónica, el cuento, la novela, la dramaturgia, el libro de viaje… Estudioso y enamorado de la literatura mexicana, la del siglo XIX y la del XX, Vicente Quirarte fue también un devoto flâneur de la Ciudad de México sobre la que escribió una entrañable biografía literaria. Nacido en el centro de la capital del país, conocía cada detalle de edificios, monumentos, callejones, plazoletas… Por ejemplo, estaba enterado del destino de las columnas del Teatro Nacional, derribado para la ampliación de la calle 5 de mayo; esas canteras donde resonó por primera vez las notas del Himno Nacional, fueron llevadas a una casona de la calle Bolívar, todavía en pie.

Partió ayer, en los últimos minutos del 10 de agosto, nos confirman sus cercanos. Una balsa de sueño y bondad lo transportó a la otra orilla. Una muerte de hombre bueno y justo. Otro día 10 del mes augusto partieron Joaquín Sorolla e Ignacio Sánchez Mejías. ¿Sonreiría ante tal coincidencia? ¿Haría una broma? Vivió con intensidad y curiosidad inacabadas, 72 años, la misma edad de su admirado Herman Melville. Este dato, me imagino, lo llenaría de contento al grado de ordenar a los meseros —de una cantina con mucha luz— servir tragos para todos. La obra y la figura del autor de Moby Dick acompañaron su quehacer literario como revelan epígrafes y homenajes en sus libros, además de estar presente en su novela neoyorquina Una isla en forma de ballena (2015) y en la obra de teatro Melville en Mazatlán (2015)

Un enamorado de Oaxaca, invitado estelar del festival Hacedores de Palabras, nos deja un legado trascendente para comprender, sobre todo, los movimientos de la poesía mexicana de la que seré uno de sus críticos más perspicaces como se puede observar en Peces del cielo altísimo. Poesía y poetas en México (1997). Se va hoy, Vicente Quirarte y me quedo huérfano de varias partes de la vida. Querido, respetado y admirado por tantísimos. Yo lo recuerdo aquí, con la lluvia tocando el tema de Casablanca en mi ventana, agradecido de su compañía solar, generosa, cabal y festiva. Allá, en ese lugar de inextricable poesía, lo estarán recibiendo con un tequila doble —Caballito Cerrero o Herradura, blancos— para continuar la conversación aparentemente interrumpida.

 

*Ernesto Lumbreras (Jalisco, 1966) *De la inminente catástrofe. Seis pintores mexicanos y un fotógrafo de Colombia de Ernesto Lumbreras, edición de la Universidad Autónoma de Nuevo León y de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México publicada en este 2021.Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. lumbrerasba@yahoo.es