Ernesto Ruiz.
“El arte que no jode, solo es diseño”. Inicio con esta frase pronunciada por Federico Kampf, porque nos hemos acostumbrado tanto a contemplar la belleza decorativa que, cuando una obra nos enfrenta a la crudeza de nuestra propia realidad, el impacto es inevitable. Precisamente eso fue lo que viví hace unos días en la Galería de los 100 durante la exposición del maestro Kampf.
De entre todas, hubo una obra en particular que me sacudió hasta los cimientos: “Fortuna”. En ella, Kampf reinterpreta la clásica escena de La Piedad, despojada de toda santidad y saturada de la tragedia contemporánea de México. Una madre desgarrada sostiene el cuerpo inerte de su hijo —con el rostro cubierto por una bolsa de plástico— en medio de un páramo sofocante dominado por hieleras de una tienda de conveniencia llenas de restos humanos, un bebé abandonado en otra de ellas, aves de rapiña al acecho y una cabra demacrada devorando los despojos.
“Fortuna” es una alegoría brutal de nuestro tiempo: el consumo desmedido, la contaminación de plástico que ahoga la vida, la violencia, la cultura del desecho y la deshumanización. Evidentemente Kampf no busca complacer; su pintura es un grito desgarrador que nos pone de frente a las ruinas de un modelo que devora tanto a la naturaleza como a la dignidad humana.
Sin embargo, salir de una exposición conmovido o indignado no basta. La denuncia visual de creadores como Kampf —quien, nos regala un diagnóstico indispensable a través de su arte— debe ser el punto de partida, no el destino final. La sacudida en el estómago no puede quedarse en la contemplación pasiva; debe ser el puente hacia la acción.
Es en ese cruce entre la provocación estética y la transformación real donde cobra sentido la alianza que decidimos emprender. Desde el Centro de Formación Ambiental Pitao Peeche, hemos unido fuerzas con el Arq. Juan Monterrosa y la Galería de los 100. La propuesta es clara: convertir el espacio del arte en un motor tangible para financiar proyectos de conservación, protección territorial y educación ambiental.
Queremos lograr que la sensibilidad que despierta el arte no se disipe al cruzar la puerta de la galería. Si cuadros como “Fortuna” nos muestran con crudeza la degradación del entorno y el costo del consumo voraz, la gestión ambiental debe aportar las herramientas para cambiar esa narrativa en el territorio: sembrar conciencia, restaurar ecosistemas, educar a las nuevas generaciones y proteger la biodiversidad. Buscaremos que teniendo al arte como herramienta poderosa, podamos impulsar proyectos para la restauración de humedales y manglares, la gestión integral de residuos, la conservación de bosques y la implementación de jardines urbanos.
Agradezco al Arq. Juan Monterrosa por compartir esta visión donde la galería deja de ser un mero espacio de exhibición para convertirse en una trinchera activa. En Oaxaca, el arte siempre ha sido un espejo de nuestra identidad; hoy, necesitamos que también sea un escudo para defender la vida. Les invito a visitar la exposición que estará instalada durante un mes y también a estar atentos al proyecto que pronto daremos a conocer.








