Por: Mtro. José Ma. Villalobos Rodríguez.
Una de las ventajas que presenta esta temporada de confinamiento, tapabocas y sana distancia es que permite tener tiempo para revisar cual ha sido nuestro plan de vida personal y familiar.
Sin solución a corto plazo al COVID 19 traerá muchas más horas de la sabiduría todo terreno de López Gattel en medios de comunicación, ser testigos mudos de frecuentes discrepancias entre autoridades federales, estatales, municipales y los académicos de todo nivel.
Como es común en México en nada estamos de acuerdo. Mucho menos si está en juego un contagio que bien puede ser el último.
Surgen todo tipo de charlatanes de bata blanca que ofrecen remedios instantáneos en reforzar desde el sistema inmunológico hasta el reproductivo. Los humanistas se tornan virólogos, los virólogos en filósofos. Jamás se habían tenido tanta cobertura en medios que muestre a toda hora hospitales y reduzca todo a estadísticas, con minuto de silencio de por medio.
Todo parece ser una cortina de humo que trata de tapar con el miedo que siembra la catástrofe financiera que se nos viene encima.
Pensábamos que habíamos visto todo aquellos que sobrevivimos a devaluaciones sorpresivas del peso mexicano, hiperinflación por excesos en deuda externa, salidas de capitales que hacían confeti a las emisoras mexicanas, fiascos financieros privados y públicos que acababan en graciosa huida, el negocio del FOBAPROA, los Duartes en gobiernos estatales , los Directores de PEMEX , etc.
Lo que está fraguándose calladamente merced del coma inducido que ha tenido México es un prolongado y muy helado invierno económico que será mucho peor para regiones donde el alto endeudamiento es práctica común y se depende de turismo o compras de gobierno.
Previo a la Era COVID los agentes económicos mexicas se complacían en estrenar auto (fiado), casa (hipotecada), viajes al extranjero y los mundiales de futbol (a plazos), cursos de inglés en Londres o USA, casa en Puerto ( en cómodas mensualidades).
Era sorprendente ver que alguien no estrenaba automóvil en las “prósperas ciudades mexicanas”. Desde mediados del sexenio de Calderón hasta el último de Peña Nieto el clase mediero mexicano anduvo en el consumo literalmente de parranda – gastándose en un mes lo que ingresaba en un año.
Se coleccionaban así tarjetas de crédito que inducían al consumo de todo lo innecesario – desde viajes de ocho días a Europa, la pelea de El Canelo en Las Vegas, los quince años en Viena, la vista a Roma, la pantalla de plasma de “última generación” hasta celulares o tabletas más inteligentes que sus compradores.
Los eventos sociales del clase ediero mexicano aspiracional se volvieron reñidos concursos de ver quien quedaba mejor gastando más. Bodas en playas, jardines etno botánicos, debajo del mar, en el pico de un cerro se volvieron muy de moda – a un altísimo costo y naturalmente a pagar en muy cómodas mensualidades.
En equipos de cómputo las escuelas más fifís exigían a los papás de sus muy preciados hijos que compraran una APPLE de 45 mil pesos para tareas que se podían hacer con una mucho más barata….para ello pues se podían ir a cómodos abonos.
Todo iba viento en popa en estos gastos superfluos a crédito cuando en 2020 se viene por orden gubernamental el freno a casi toda la actividad económica.
El efecto del parón en la educación, el turismo y las actividades sociales desnudaron lo insostenible de un ritmo tal de gasto – deuda.
Líneas aéreas quebradas, sitios turísticos antaño centro de la “felicidad instantánea” ahora vacíos y algunos hasta invadidos por cocodrilos y serpientes. Torres gigantescas de “hoteles de marca” en playas o ciudades sin huéspedes. Miles de antros, restaurantes, torterías, pizzerías, hamburgueserías cafeterías sin clientes y sin permiso de operar. Cientos de proveedores afectados: desde el carnicero hasta el músico.
Los clientes habituales …encerrados en casa.
En la ciudad de México donde hay no menos de 300 campus universitarios de todo tamaño y que iban a todo galope tras colegiaturas, cuotas o cooperaciones de los papás de lo alumnos que se iban a preparar para competir en un “mercado global de talentos”……pues nada que de la noche a la mañana sus instalaciones (construídas obviamente a crédito) pasaron a ser elefantes blancos y candidatos a la cartera vencida.
Entre escuelas, turismo, gastronomía transporte aún no se pueden contabilizar (mucho menos apoyar) las familias afectadas. No hay certeza sobre lo que sigue para ellas. Y emigrar a Estados Unidos no es opción….por ahora.
Todo gobierno en el mundo y más en Latinoamérica miente.
Esta en su naturaleza. Cuando por azares del mercado petrolero, los precios suben a 80 dólares el barril los gobiernos de Venezuela, México o Ecuador se apresuraban a darse el crédito. Incluso Petróleos Mexicanos ( experta en sobre endeudarse y excederse en cariño a su sindicato) se publicitaba como “Empresa de Clase Mundial” olvidándose de todas los desastres ambientales y urbanos que ha causado.
Es muy clara la estrategia de los gobiernos latinoamericanos y en especial el de México: ocultar en lo posible la catástrofe económica que se nos está viniendo encima ante el pobre desempeño tenido frente a la goliza del COVID 19. Tenerle más miedo al virus que al quebranto financiero, es la meta.
Así como el terremoto de 1985 desnudó la incapacidad de respuesta del gobierno priista (con Manuel Barttlet como Secretario de Gobernación) esta epidemia del COVID está echando abajo muchos mitos sobre la calidad de los servicios en nuestro país.
Salud, seguridad, educación, agua y drenaje seriamente rebasados.
Esta situación de emergencia permanente nos está demostrando el verdadero nivel que ha alcanzado en México el ciudadano promedio.
Está claro que la comunicación pública está fallando al no poder explicar en términos simples el peligro de muerte que trae el virus. La baja calidad del entendimiento de las familias mexicanas refleja no solo la desigualdad existente sino el fracaso de un sistema educativo y de salud que por décadas ha sido sujeto de recortes y descapitalizaciones.
La prueba de resistencia para los servicios educación y servicios de salud privada no está nada fácil. Su clientela está en serios apuros financieros y requiere de al menos diez años para recuperarse de su endeudamiento.
La banca comercial concesionada deberá de ser reflexiva y paciente al menos que busquen que se vuelva a caer en un FABAPROA y el Estado Mexicano vuelva a nacionalizar la banca como sucedió en 1982 con José López Portillo.
La clientela mexicana que les ha dado gran parte de utilidades e la banca está ahora en condiciones muy adversas.
Si los bancos insisten en exigir lo imposible la las familias endeudadas las consecuencias podrían ser peores para ellos y abrirían la puerta a muchos movimientos sociales a favor del impago.
Tan solo recuerden que el actual Presidente de México inició todo un movimiento para que no se le pagara en Tabasco la energía eléctrica a la Comisión Federal de Electricidad y que organizaba invasiones de los campos petroleros sin tentarse el corazón.
Reflexionen señores banqueros y no le pongan tentaciones ni se pongan a modo.







