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  • Por José Antonio Hernández Fraguas.

En medio de terribles noticias de violencia en distintas partes del país, con un promedio de 80 homicidios diarios y con una sensación de miedo e inseguridad en la ciudadanía, va pasando este periodo en el proceso electoral conocido como inter-campañas, con distintas actividades de quienes buscan la presidencia de la república y las gubernaturas en 8 entidades y en la Ciudad de México; con destapes de candidatos y candidatas al senado, incluyendo las listas “pluris”, y con los jaloneos y presiones en los partidos políticos y en las alianzas por las demás candidaturas, a las diputaciones federales, locales y a los ayuntamientos y alcaldías.

El proceso electoral sigue, las autoridades electorales a nivel nacional y local en los estados de la república, están trabajando para garantizar el desarrollo de las elecciones y el respeto al voto libre y secreto, aun en medio de un ambiente ríspido y tenso que, esperamos, no desmotive la participación ciudadana para que todas y todos quienes tenemos derecho a votar y estamos en la lista nominal de electores salgamos el próximo 2 de junio a expresar nuestra voluntad con seguridad y confianza, esperando que el estado mexicano garantice la seguridad y estabilidad para poder hacerlo con plena libertad.

Las opciones políticas ahí están, cada partido, cada alianza, cada candidata o candidato a los distintos cargos a elegirse, desarrollarán sus estrategias para acercarse al interés de los electores, harán sus propuestas y presentarán su visión para desarrollar la actividad administrativa o legislativa que pretenden realizar si ganan la elección. Corresponde a la ciudadanía, estar pendiente, escuchar cada propuesta, revisar los perfiles de quienes buscan el voto, definir quién puede abanderar sus causas y atender sus demandas; quien lo representa mejor y quien puede hacer un mejor gobierno en lo local y en lo nacional, para que, finalmente, decida y salga a votar en libertad y con seguridad.

Y justo en este espacio de tiempo, la sociedad organizada saldrá a manifestar su inconformidad o su necesidad de ser escuchada y su exigencia de respeto a nuestra democracia y al régimen constitucional, de división de poderes, de contrapesos, de respeto a los derechos humanos y a las libertades, por la seguridad y el estado de derecho y por todo lo que considere que deba ser atendido para garantizar la estabilidad, la paz y la tranquilidad en nuestro país.

Muchas organizaciones sociales y civiles – y cada vez se suman más – están convocando a una gran movilización para el próximo domingo 18 de febrero en más de 100 ciudades en el interior de la república y en el extranjero, y lo están haciendo cuidadosas de no interferir ni afectar el desarrollo de los procesos electorales, pues están pidiendo que no haya expresiones de preferencias políticas o de apoyo a determinada candidatura, pues eso podría traer consecuencias negativas para el o la o los aludidos, por lo que piden que sea una auténtica expresión ciudadana, una manifestación social que refleje el sentir de la sociedad.
Y también, por otro lado, ya hay quienes están convocando, para unos días después, a una manifestación de apoyo a la cuarta transformación, en la que se reconozca lo alcanzado en estos últimos 5 años y se defienda el proyecto de país que se ha estado construyendo y que buscan que continúe para consolidar lo que ese sector de la sociedad considera que es un buen esquema de gobierno, o que es lo que merece el país. Quienes salgan a las calles atendiendo a esa convocatoria, también deberán de ser cuidadosos de sus expresiones para evitar incurrir en faltas a la legalidad electoral.
Ojalá que unos y otros se muestren respetuosos del derecho a manifestarse libremente de todas y todos los mexicanos, que no se pretenda infiltrar a provocadores o a quienes propicien violaciones legales para afectar políticamente esas movilizaciones, que impere la serenidad y la tolerancia para que quienes quieren levantar la voz, lo hagan con firmeza y con convicción pero en un marco de respeto y de libertad.
Sería muy grave y tendría un alto costo político para quien intentara agredir o provocar a quienes piensan distinto, que se deslegitimara ese derecho consagrado en la Constitución para la manifestación y la libre expresión de las ideas.
Salgamos a las calles para apoyar, con base en nuestras convicciones, a la expresión que nos convoque, hagámoslo en libertad y con respeto. A cada quien le corresponde decidir si participa en alguna de las movilizaciones convocadas; finalmente, el objetivo será ser escuchados y atendidos.
Que ni la inseguridad o la violencia, ni el ambiente político electoral, impidan la libre manifestación ciudadana. Que no se siga infundiendo miedo intencionalmente para desmotivar a la ciudadanía. Al tiempo.
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