A DONDE VAMOS ESTE 2024
Jaime Mayoral Gómez
Los que se autonombraban de izquierda o al menos eran críticos del sistema, desde la época en que me inmiscuí en la política y aprendí a ser parte de la conciencia crítica en la década de los sesenta, nos convertimos no solo en contestatarios, si no hasta en acérrimos enemigos del PRI, que respondió con la represión, en Tlatelolco, en el 68, con los Halcones en el 71, entre otros muchos hechos de esta naturaleza, con el encarcelamiento y asesinatos, o desaparición de los disidentes políticos, a través del aparato de estado que siempre ha fabricado delitos cuando conviene a sus intereses, y la guerra sucia por medio de la tenebrosa y extinta Dirección Federal de Seguridad, de la Brigada Blanca, del Cisen y del Ejército, siendo el semillero de la disidencia las Universidades y los sindicatos insurgentes y alguna parte del magisterio.
El sindicalismo independiente o insurgente, que surgió con el movimiento ferrocarrilero de Demetrio Vallejo y Valentín Campa, de la Industria Eléctrica con Rafael Galván, desde la década de los cincuenta, y a partir del 70 en las universidades encabezadas por el STUNAM, en Oaxaca, con el 3 de Marzo, de Choferes del Sur y el STEUABJO, entre otros, y desde otros más en el interior del país contra el férreo control del Estado, a través de las grandes centrales obreras CTM, CROC, CROM, COR y después agrupadas en el Congreso del Trabajo, control formado en la época del cardenismo, sindicalismo corporativo creado desde el Estado al estilo del fascismo, que conjuntamente con las llamadas organizaciones populares CNOP y la CNC, conformaron la base social del PRI-gobierno durante setenta años.
El registro sindical les fue negado sistemáticamente a miles de sindicatos que quisieron nacer al margen del control estatal, siendo letra muerta el Convenio 87 sobre libertad sindical que suscribió el gobierno mexicano como miembro de la OIT en la década de los cincuenta, que por primera vez vio su aplicación en 1996, en que el Pleno de la SCJN declaró inconstitucional el sindicalismo único. Y como siempre en la historia de nuestro país suceden cosas raras, como la aprobación del Convenio 98 también sobre libertad y democracia sindical, fue sobre la exigencia de los Estados Unidos (USA) para aprobar el TMEC, y consecuentemente reformaron la Ley Federal del Trabajo con el pretexto de garantizar la democracia sindical y la fluidez de los juicios laborales individuales, que no pudo lograrse en los cincuenta años anteriores y cuyos resultados están por verse.
La llamada Reforma Educativa, tan llevada y traída por los gobiernos priistas, herederos de las ideas de José Vasconcelos que instituyó la educación indígena y popular y los grandes proyectos como la UNAM y el Politécnico, y la creación de las normales rurales, que fueron el punto de apoyo del movimiento político social del 68, finalmente en la década de los setenta son objeto de un revisionismo, y se acota su carácter popular y nacionalista de la educación pública, siendo Secretario de Educación, Víctor Bravo Ahuja, que crea los periodos semestrales, sustituyendo los anuales, él calendario se modifica y se iguala al establecido en nuestro vecino del norte (USA), se elimina el concepto de Lengua Nacional y después de Lengua Castellana, por Español I, II y III, en la educación básica de primaria y secundaria.
Y crean las escuelas tecnológicas de nivel medio superior, nos suponemos con la subliminal idea de incorporar mano de obra calificada en el ejército de reserva, para ser incorporada en un futuro cercano, al gran proyecto capitalista globalizador que hoy vivimos. Y de este paso en adelante, la educación pública en todos sus niveles, ha sido duramente cuestionada por la CNTE frente a la actitud conservadora y oficialista del SNTE, que sigue siendo mayoritaria y aliada de los gobiernos en turno en sus diferentes representantes en turno, PRI, PAN y ahora MORENA, que no han propuesto, cambio alguno estructural o de fondo, ya que el agregado que le hizo este último gobierno al artículo 3º Constitucional, no ha representado cambio alguno, y, por el contrario, las instituciones de educación superior, de ser origen de una crítica constructiva permanente, han sido silenciadas, con el pretexto que ya no hay para qué luchar o contra qué luchar en esta llamada cuarta transformación, si no solo apoyarla en sus supuestos intereses populares, como si la imaginación crítica y constructiva ya no tuviera inteligencia e ideas por aportar, en un proyecto de gobierno que me supongo algunas mentes mediocres la consideran como un producto perfecto y terminado.
El destrozado sistema de salud, cuya institución emblemática lo fue el IMSS con su atención de consulta externa, su sistema hospitalario de tres niveles, sus especialistas y apoyo con medicamentos, que llegó a tener centros de convivencia y esparcimiento familiar (Oaxtepec), incluso instalaciones deportivas y hasta un equipo de futbol de primera división; con un sistema de pensiones admirable, eliminado en 1997, al igual que en el ISSSTE.
Un sistema de atención médica y hospitalaria para la población que no tenía derecho a la seguridad social por no tener un trabajo formal, que incluso con el seguro popular funcionó a niveles aceptables, para una población con muy bajos ingresos, sistema que ha servido para la formación práctica de la medicina a los jóvenes estudiantes de esta carrera y que le ha servido al gobierno como mano de obra barata y muy explotada, ya que prestan el llamado servicio social sin pago de salario.
Y así llegamos al ahora famoso INSABI, que se creó en este sexenio y que, de entrada, provocó el despido (no hubo liquidación laboral) de varios miles de trabajadores que laboraban sobre todo en el Seguro Popular, y de muchos trabajadores del sector público, no pertenecientes al IMSS, ISSSTE, PEMEX o Fuerzas Armadas. Instituto de salud para el Bienestar que, en medio de ruidosas y bochornosas sesiones del Congreso, fue eliminado por decreto ante su inoperancia. Y toda carga de la población que no tiene derecho a la seguridad social, es enviada al IMSS Bienestar, la cuestión ahora es, ¿tendrá capacidad, material y hospitalaria, en instalaciones de todo tipo, personal, médico, medicamentos, etc. para absorber a por lo menos veinte millones de mexicanos más, a este insuficiente y saturado sistema de salud?
Un tema de mucha relevancia es el papel que juega el Poder Judicial Federal, en nuestro discutible sistema republicano democrático y su dudoso equilibrio de poderes, y en principio debe reconocerse, que su fuerza radica en el Estado de Derecho y el respeto al orden constitucional y su supremacía, que debe estar por encima de un poder ejecutivo, que maneja el dinero del pueblo y de todo tipo de ingresos, es decir, por encima del poder económico, y que incluso deba aplicar la fuerza del estado, a través de sus cuerpos policíacos para obtener la ejecución y respeto de las decisiones del poder judicial, es decir, ser un poder ejecutivo en acatamiento al estado de derecho, que no puede ni debe estar subordinado al poder ejecutivo, por muy presidencial que se denomine.
Por otra parte, el Poder Legislativo con una función representativa popular, puede crear y modificar las leyes, incluso la constitución, pero siempre debe acatar la norma suprema y las reglamentarias, y en caso contrario ser responsable de sus actos, y ser sancionados por el poder judicial, de tal suerte, que el respeto al poder judicial, que no maneja el dinero, ni las fuerzas policíacas ni las armadas, en forma directa, deviene de una cuestión meramente subjetiva, política y hasta filosófica, y de no ser así, caemos en el campo del absolutismo, superado en la edad media, o del totalitarismo o las dictaduras instituidas en por lo menos el siglo pasado y que por desgracia subsisten en el presente siglo XXI, y de paso eliminar la Teoría del derecho de Hans Kelsen de las escuelas de derecho.
Debemos reconocer por desgracia que el poder judicial históricamente ha estado sometido al ejecutivo, desnaturalizando su función, y así existen como siempre los jueces y tribunales de consigna, y cuando como en la actualidad la Suprema Corte de Justicia de la Nación decide dignificarse, es objeto de todo tipo de ataques. Solo como colofón en este punto, el Poder judicial de Oaxaca siempre ha sido un empleado más del poder ejecutivo, como me supongo, es en todo el país.
Y Por último, los Partidos Políticos: ¿qué pasa con ellos?, están agotados como instancia política, la gente ya no cree en ellos, son el símbolo de la mentira, de la demagogia y la corrupción, hasta el extremo de denominarse la clase política, que en un tiempo se nutrieron con ideólogos e intelectuales, combinado con verdaderos líderes sociales, en su apogeo diría yo, luego su reelección indefinida, después se volvieron chapulines sin vergüenza ni recato alguno, cambian de partido, no de ideología, porque nunca la tuvieron, con más facilidad que cambiarse de ropa, en este desencanto vive el pueblo que se volcó en las urnas para desterrar al PRIAN, cuyos miembros, otra vez, están en el poder con solo cambiar de camiseta, y que ahora conforman un poder legislativo sin luz propia, y que funcionan como empleados del poder ejecutivo, y pretenden un cambio que no saben cuál es.
En estas circunstancias vamos a una elección este año 2024, desde luego, habrá nuevo presidenta, que, es casi seguro, no será de los desprestigiados PRI, PAN, PRD, Movimiento Ciudadano, ni de los satélites PT y Verde, y saldrá de un supuesto partido MORENA que no tiene definición ideológica, ni siquiera económica, en un país con más pobreza y delincuencia desbordada y una clase media desencantada y despreciada, que puede cambiar el rumbo de las cosas si se decide a tomar partido y salir a las calles y retomar un rumbo diferente y más definido, en beneficio y tranquilidad de los mexicanos por medio de las urnas.
Este texto lo escribí en mayo del año pasado, ahora iniciamos este nuevo año en que se llevarán a cabo las elecciones más complicadas de los últimos tiempos, que abarcan desde la elección presidencial, hasta los cabildos municipales, con unas llamadas precampañas llenas de derroche y despilfarro de recursos de todo tipo, entre una de la corcholata de Morena y, luego confrontada con el llamado bloque opositor.
La propaganda o discurso se da, entre el movimiento de una supuesta izquierda y un bloque de la derecha; uno de corte populista seminacionalista; y el otro de una supuesta extrema derecha, identificado con el sector empresarial y las clases medias. Uno declarado enemigo del neoliberalismo y el otro de corte liberal histórico tradicional. Uno con la pretensión de ser el continuismo de la llamada cuarta transformación, de un proyecto socialista, que a la fecha solo ha logrado ser populista, y empresarial de estado, y la pretensión de controlar la difícil división de poderes y apoyado en la oligarquía de poderosos grupos económicos.
El otro con la pretensión de rescatar los valores tradicionales de la república liberal y del estado federado. En esta contienda surge una tercera opción, Movimiento Ciudadano, que pretende ser el parteaguas, de los dos bloques partidistas, que ante su falta de credibilidad tuvo que refugiarse, en un proyecto de nuevo gobierno, con un discurso que pretende ser atractivo para un electorado todavía disperso en sus preferencias electorales.
Todo esto dentro del contexto de una economía capitalista globalizada, encerrada en el Tratado (TMEC), en nuestra América del Norte, con elecciones en USA también este año.
La apuesta, de qué va a pasar en nuestro país no es nada fácil, en este mundo cambiante, que algunos simplistamente lo ven como la dualidad socialismo-capitalismo, o entre la izquierda y la derecha, lo cual suena como expresiones irresponsables y aventureras, de cambios que considero no pasaran de sueños guajiros, y tal vez buenas intenciones. Vayamos a las urnas este próximo mes de junio con los mejores deseos para nosotros y nuestros hijos.







