El PRI, ¿tiene futuro?
José Antonio Hernández Fraguas
He visto y escuchado la opinión de muchos que consideran que el PRI está acabado, que está a punto de desaparecer o de perder el registro por la pérdida de confianza y credibilidad de la ciudadanía. También hay quienes piensan que todavía hay mucho PRI en la base, en la militancia, y que con una buena propuesta y un discurso atractivo, puede recuperarse una buena presencia política nacional.
El problema radica hoy, lamentablemente, en la dirigencia nacional y, específicamente, en la actitud del presidente del CEN, Alejandro Moreno -Alito -, porque no parece un dirigente cercano, con liderazgo real, que convoque a la unidad; al contrario, pareciera que está empeñándose en dividir a su militancia, en tomar decisiones que solo benefician a un grupo, o en generar sospechas sobre si hay acuerdos o negociaciones que no favorecen al interés real del partido.
No solo se aseguró de tener a un Consejo Político Nacional con integrantes afines, que le permite tomar decisiones que no necesariamente reflejan el objetivo del partido, sino que parecen favorecer solamente a sus intereses personales, por ejemplo: la última reforma a los estatutos que autoriza que la dirigencia pueda extender su tiempo al frente de la organización y, con ello, tener mano en la definición de candidaturas de mayoría y plurinominales, para el próximo proceso de 2024, como ya sucedió en las elecciones federales pasadas; reforma que, por cierto, la echaron abajo los órganos electorales por no apegarse a la normatividad interna del partido.
Además de los pobres resultados en los procesos electorales en los que se ha perdido casi todo, hay casos como la iniciativa inoportuna y aparentemente oficiosa, para asegurar que las fuerzas armadas permanezcan en las calles (lo que puso en riesgo la alianza electoral con el PAN y el PRD). Inoportuna, porque bien pudo haberse planteado después de las elecciones en Coahuila y Estado de México, con un discurso que resaltara el fracaso de la política de seguridad del gobierno; oficiosa, porque resuelve una necesidad del Ejecutivo federal, ante la imposibilidad de reformar la Constitución por no alcanzar la mayoría requerida en el Congreso para ese fin, y que ha quedado demostrado que no es lo que la seguridad del país necesitaba y que, finalmente, terminó apropiándosela el secretario de gobernación, Adán Augusto López, para recorrer toda la república y muestrearse pidiendo el apoyo de los congresos locales para su aprobación.
Y ahora, la decisión de ponerle un banquito al coordinador del grupo parlamentario en el senado de la república, Miguel Ángel Osorio Chong, para que tropezara y fuera desconocido por otros senadores afines a Alito, por supuesto, (en lo que pareció más un gesto de venganza que una decisión interna del grupo en el senado) lo que, sin conocer cuáles pudieron ser los argumentos en esa reunión de senadores priistas, y sin darle la razón a uno u otros, sí propició una nueva división al interior del partido, y a los ojos de todo mundo pareció una intromisión conveniente, y también inoportuna, orquestada desde el CEN que hace dudar: ¿por qué ahora que están por iniciar las campañas en los dos estados más importantes para la oposición?, si ya habían aguantado casi cinco años, ¿por qué no esperar solo dos meses y medio más?.
Y no se trata de cuestionar o de disentir solo por oponerse, no. Yo conozco a Alito y sé que es un hombre inteligente, que llegó a la dirigencia de manera legítima y que todavía puede llamar a la unidad con un cambio de actitud. Creo que la mesa está puesta para elaborar una oferta seria, un discurso incluyente que elimine cualquier sospecha, por infundada que sea; que abone, para que la alianza con otras fuerzas políticas y con la ciudadanía recupere esa confianza en el electorado. Enfrente están dando diariamente elementos para cuestionar y para construir la propuesta de lo que la gente necesita. Basta ver los resultados del gobierno y estar conscientes del grave riesgo en el que se encuentra el futuro del país, para sumar voluntades, para convencer, para crecer, en lugar de reducir la membresía, y para avanzar en unidad. El PRI sigue siendo un referente en la vida política nacional.
Hay distinguidos y distinguidas priistas que están recorriendo el país para que se conozcan sus propuestas, todos y todas con experiencia y capacidad para encabezar una candidatura digna, sin duda. Ellos y ellas requieren un ambiente de unidad y de conciliación para seguir avanzando, y corresponde a la dirigencia nacional asegurarles que eso sea posible.
Sé que esta opinión no gustará a algunos, pero es simplemente eso, una opinión de un militante que respeta a quienes piensan distinto, pero que quisiera ver un esfuerzo real, sincero, por ser oposición responsable, con oportunidad de triunfo.
Se puede evitar que algunos sigan abandonando las filas del PRI, alentando la unidad, con apertura y voluntad, siendo incluyente y respetuoso, y así, será probable un mejor futuro.








