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En lo profundo de las regiones rurales de Oaxaca, México, un grupo de mujeres está transformando la manera en que entendemos y disfrutamos el chocolate. Estas seis valientes productoras han dedicado más de siete años a cultivar y procesar cacao, un trabajo que no solo sustenta sus hogares, sino que también preserva tradiciones ancestrales y promueve la sostenibilidad. 

 La producción de cacao en este colectivo no es solo un medio de subsistencia; es una herencia cultural. Utilizan una variedad especial de cacao, el teobroma bicolor, conocido localmente como patastre, además del cacao tradicional (teobroma cacao). Este tipo de cacao ha sido domesticado desde tiempos mesoamericanos y se diferencia por su color blanco, a menudo confundido con el cacao blanco nativo. 

Una de las innovaciones más destacadas de estas mujeres es la introducción del cacao patastre en sus productos de chocolate. Han logrado procesar este cacao blanco en diversas formas, permitiendo a los consumidores experimentar una variedad única de sabores y texturas que no se encuentran en los chocolates comerciales. Durante las presentaciones y degustaciones, los visitantes pueden probar tanto el chocolate blanco en bebida como una mezcla de cacao forastero con cacao patastre, destacando las diferencias con los chocolates tradicionales. 

El camino no ha sido fácil. La infraestructura del taller, que ha estado operando durante años sin mantenimiento significativo, necesita urgentemente reparaciones. Con el apoyo de la Fundación El Buen Socio, estas productoras han lanzado una campaña de recaudación de fondos en GlobalGiving.org para la rehabilitación del techo del taller. Los ingresos de la venta de chocolate apenas son suficientes para mantener las operaciones diarias, pero no alcanzan para cubrir los costos de infraestructura. 

 El impacto de este proyecto va más allá de la producción de chocolate. Las mujeres de esta comunidad han logrado transformar su situación económica y social al asumir roles tradicionalmente ocupados por hombres en la agricultura. A través de la transformación del cacao, han encontrado una manera de generar ingresos adicionales, lo cual es crucial en un mercado donde los intermediarios o “coyotes” a menudo compran productos a precios muy bajos. 

 Este taller no solo beneficia a las mujeres que actualmente lo operan. Es un espacio comunitario donde se invita a otras mujeres a participar y aprender el oficio, asegurando que el conocimiento y las habilidades se transmitan a futuras generaciones. En las asambleas comunitarias, se informa sobre el trabajo realizado y se invita a más miembros de la comunidad a involucrarse. 

Para aquellos que deseen apoyar este proyecto, pueden visitar la página de GlobalGiving.org y buscar el proyecto “Apoya a los pequeños productores de chocolate en México” o “Villa y la Chocolate de la Selva”. Cada donación ayudará a mejorar las condiciones del taller, permitiendo a estas productoras seguir innovando y preservando una tradición que es vital para su comunidad y para la cultura del cacao en México. 

La historia de estas mujeres es un testimonio de resiliencia, innovación y comunidad. Al elegir consumir chocolate producido por pequeños colectivos rurales como este, no solo disfrutamos de un producto de alta calidad, sino que también apoyamos la sostenibilidad, la equidad y la preservación de tradiciones milenarias. 

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