Acapulco
José Antonio Hernández Fraguas
Qué lamentable tragedia la que están viviendo nuestros hermanos de Guerrero, especialmente en Acapulco, por las graves pérdidas que sufren por el embate furioso de la naturaleza a ese icónico destino turístico, con la entrada del huracán “Otis” el pasado martes por la noche y la madrugada del miércoles.
Con categoría 5, la más alta en la clasificación de estos eventos naturales, el huracán estuvo durante varias horas con un comportamiento atípico, destruyendo todo lo que se encontraba: casas, árboles, hoteles, infraestructura urbana, playas, negocios, prácticamente todo y, lo más grave, muchas personas que perdieron la vida o resultaron gravemente lesionadas y otras muchas que se quedaron sin techo y sin sus animales, sin sus muebles y sin su empleo, pues se destruyó todo en esa ciudad.
Y ya se ha dicho y escrito mucho sobre el comportamiento de las autoridades federales, estatales y municipales, que parece que no midieron el alcance de un fenómeno de esa magnitud y no han estado, hasta hoy, atendiendo con eficacia a las necesidades de la población afectada. Hemos escuchado en noticieros de radio y televisión desgarradores testimonios de personas humildes que lo perdieron todo, y de empresarios, empleados, comerciantes, trabajadores, padres de familia, de niñas y niños que sienten una gran impotencia y desesperación por las afectaciones que sufren. También hemos visto la insensibilidad, la intolerancia, el oportunismo de quienes quieren lucrar política o económicamente con la desgracia; la rapiña, justificada por el hambre y la desesperación, pero también convertida en robo descarado ante los ojos de las policías que han decidido no hacer nada en lo que parece un lugar sin ley.
Siempre que hay desastres naturales, el ejército y la marina están presentes, pues son quienes tienen mayor experiencia y un programa claramente definido para ayudar de inmediato a la población, lo que les ha merecido el reconocimiento y la admiración de todos, como lo están haciendo ahora, pues han estado atentos desde los primeros momentos e incluso desde antes, para apoyar en la apertura de caminos y carreteras, en la atención médica, en la recolección de escombros, en la búsqueda de personas y en la distribución de apoyo. La CFE, en situaciones como esta, siempre eficiente y rápida para reparar los daños a la red de energía eléctrica, así como también las organizaciones de apoyo, como la Cruz Roja Mexicana y muchas otras, siempre dispuestas para la ayuda, y la solidaridad con el pueblo de México, en respaldo de quienes lo necesitan.
Sin embargo, existe la percepción de que ha habido notoria ausencia del gobierno federal y local, así como del municipal. Que no se alertó a tiempo a la población sobre el riesgo inminente; que el Presidente pudo haber ido en helicóptero a la zona, en vez de ir por tierra y exponerse a un atascón del vehículo, en lo que parece un montaje; que no se ha aparecido la gobernadora, pues no estaba en el estado el día de la entrada del meteoro; que como no existe ya el FONDEN, no habrá forma de mandar recursos para la recuperación; que no ha habido vigilancia para evitar el atraco a distintos comercios; no se sabe realmente cuál es el número de víctimas mortales y se difunden fotos de cuerpos tirados en la calle, en fin, pareciera que todo mal, pues.
Siempre, en estos casos, la presencia del Presidente de la República significa que empieza a fluir la ayuda y la coordinación entre los tres órdenes de gobierno, la población y la sociedad civil organizada. No basta con enviar a mil “servidores de la nación” para que apoyen – qué bueno que se hace – pero es necesario sentir la solidaridad del titular del Ejecutivo y de todo su gabinete en el lugar de la tragedia para que la gente se sienta atendida. Tampoco es suficiente decir que hay recursos ilimitados para la atención y la reconstrucción, como respuesta al reclamo por la desaparición del FONDEN, pues siempre es importante la presencia en el sitio para evaluar, coordinar, valorar, acompañar y resolver lo que sea necesario.
La visita de la secretaria de gobernación, fue muy criticada, pues aparece con un pantalón de vestir y con botas perfectamente limpias en la foto que difunde su equipo para asegurar que ahí ha estado pendiente.
Y no quiero decir que a nivel gubernamental se reste importancia a lo sucedido o que no haya preocupación por la gente afectada, seguramente hay la disposición total de atender y resolver, lo más rápido posible, el daño y el sufrimiento de la población lastimada en su vida y en su patrimonio. Nadie podría, y menos los servidores públicos, sentirse ajeno a la desgracia. Tal vez sea cuestión de estilos, pero además de la eficacia y de la rápida y oportuna respuesta que se reclama, la cercanía, un apretón de manos, un abrazo y el compromiso personal de la total disposición para resolver, también ayuda.
Acapulco y las demás comunidades afectadas en el Estado de Guerrero, requieren mucho apoyo de todos, la gente necesita alimentos, medicamentos, víveres y todo lo necesario para sobrellevar esta crisis.
Es importante y necesario que la ayuda llegue directamente a la población por quien decida llevarla, ya sea una organización o personalmente y no solo el ejército esté encargado de esa tarea. Con eso se evitará también la acusación de que quiere aprovecharse la ayuda para fines electorales o distintos a la solidaridad humana.







