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Karla MARTÍNEZ DE AGUILAR

Fotografías: Jorge Luis Plata

La obra de Ricardo Santiago emerge en la ciudad de Oaxaca, como un ejercicio de memoria, sensibilidad y reencuentro interior. Pintor adscrito a la corriente realista-figurativa, su trabajo se distingue por el uso vibrante del color, el cuidado del detalle y una profunda carga emocional que remite a la niñez, el juego y la naturaleza. Su trayectoria no solo está marcada por la disciplina pictórica, sino también por su labor como docente en educación básica, experiencia que ha nutrido de manera decisiva su discurso artístico. En esta entrevista, Ricardo Santiago comparte las raíces, motivaciones y reflexiones que dan vida a su propuesta.

Su infancia en Oaxaca ocupa un lugar central en la construcción de su identidad artística. Ricardo Santiago evoca esos primeros años como una etapa profundamente emotiva, marcada por la libertad de expresar lo que sentía, lo que le gustaba y lo que observaba a su alrededor. El juego, el dibujo y la pintura no solo fueron actividades recreativas, sino espacios de descubrimiento y afirmación personal. Aquellas experiencias de imaginación, creación y diversión siguen siendo hoy el punto de partida para reconectar con su niño interior y trasladar esa energía a la pintura.

Sus primeros acercamientos formales al arte ocurrieron a muy temprana edad, cuando cursó talleres en la Casa de la Cultura Oaxaqueña. Desde entonces, el acto de dibujar se convirtió en un ejercicio de observación minuciosa y paciencia. Recuerda cómo los maestros colocaban objetos sobre una gran mesa de madera para que los alumnos los reprodujeran con los diferentes lápices en hojas blancas. Aunque a veces era de los últimos en terminar, su interés se centraba en alcanzar el mayor parecido posible. Aquellas lecciones le permitieron comprender que las formas básicas —círculos, cuadrados, rectángulos y líneas— son estructuras fundamentales para facilitar el dibujo. Más allá de la técnica, lo que permanece en su memoria es la sensación de libertad, frescura y confianza: un espacio donde la expresión era más importante que la competencia.

Su vocación artística se ha visto enriquecida por su labor como docente de educación física en nivel preescolar. El contacto cotidiano con niñas y niños, así como la presencia constante del juego, los juguetes, la expresión corporal y la libertad creativa, han fortalecido su conexión con la infancia como tema y como estado interior. Observar la alegría, la imaginación y la espontaneidad de sus alumnos le permite reafirmar un vínculo profundo entre su práctica pedagógica y su producción artística. No es casual que en sus obras aparezcan con frecuencia escenas relacionadas con la expresión emocional, la niñez y el juego.

Dentro de la corriente realista-figurativa, Santiago trabaja desde una búsqueda íntima más que desde la comparación con otros creadores. A lo largo de ocho años de trayectoria, su interés principal ha sido pintar con libertad, atendiendo tanto a su mundo interior como a las imágenes e ideas que surgen de su entorno. La memoria de la infancia y su experiencia docente se entrelazan de manera natural, configurando un discurso coherente que privilegia la autenticidad sobre la diferenciación consciente.

El color ocupa un lugar esencial en su proceso creativo. Antes de iniciar una obra, experimenta con distintas combinaciones hasta encontrar aquella que le genere una impresión personal y que, al mismo tiempo, dialogue armónicamente con el tema elegido. Para él, el color es el punto de partida: sin esa conexión cromática inicial, la obra no puede comenzar. El volumen y el detalle, por su parte, aportan corporeidad y presencia, haciendo que la imagen resulte más palpable, más viva y visualmente accesible.

Aunque sus composiciones están caracterizadas por contemplar pocos elementos, cada imagen atraviesa un proceso de selección interior cargado de significado, pues considera que menos es más en la obra. En ellas se condensan emociones como felicidad, alegría, añoranza y curiosidad. La aparente simplicidad es, en realidad, una puerta hacia capas más profundas de interpretación que apelan a la experiencia personal del espectador.

La memoria y la nostalgia son motores constantes en su producción. El artista suele retroceder en el tiempo para reencontrarse con aquellas vivencias que lo hicieron feliz y que contribuyeron a su formación como persona. La infancia, los juguetes tradicionales y el contacto con la naturaleza se convierten así en ejes fundamentales de su pintura. Paralelamente, establece una reflexión crítica sobre la forma en que la tecnología influye en las dinámicas actuales del juego infantil, cuestionando si esta limita la imaginación, la creatividad y la interacción directa entre iguales.

En su formación, maestros como Omar Ortiz, Alejandro Rosemberg, Jesús Cuevas, Rubén Contreras y Saúl Pereyra dejaron una huella significativa, no solo en términos técnicos, sino también en valores humanos. De ellos aprendió la importancia de la sencillez, la humildad, la responsabilidad, la perseverancia y la libertad, principios que hoy orientan tanto su vida personal como su desarrollo artístico.

Con el paso del tiempo, su propuesta ha evolucionado de manera notable, especialmente en el dominio técnico y en el manejo del color dentro del realismo. La práctica constante y la observación de otros artistas han fortalecido su lenguaje visual. Sin embargo, considera que el cambio más profundo ha sido interior: el autoconocimiento le ha permitido clarificar un discurso que en sus inicios resultaba confuso, dotando a su obra de mayor coherencia y dirección.

A través de sus pinturas, Ricardo Santiago busca despertar en el espectador recuerdos de felicidad, diversión, alegría y tranquilidad. Aspira a que, por un instante, cada persona pueda reencontrarse con su niño interior y reflexionar sobre la importancia de la infancia como etapa fundamental en la formación del ser humano. Su obra, más que una representación visual, se convierte así en una invitación a recuperar la sensibilidad, la imaginación y la creatividad mediante el juego y el vínculo con la naturaleza.

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