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Jasmina HARTIANA*

¿No les paree una gran coincidencia que la mayoría de las pelis que se exhiben en este momento hablan de una figura paternal en conflicto como frankestein, valor sentimental y Hammet? Es como si se nos hubiera olvidado cómo ser padres o peor aún, nos convertimos de alguna forma en la temida versión aprendida de nuestros propios progenitores. Y creo que si lo trasladamos hacia la sociedad podemos ver el mismo fenómeno, con todos estos archivos que se han desclasificado; nos encontramos que los encargados de cuidarnos se han dedicado a lo opuesto y de las maneras más perversas.

Yo no suelo creer en utopías, ni en sistemas que vengan a salvarnos porque nací a principios de los ochentas y he visto desfilar la creación de paraísos que terminan derrumbándose de diversas formas inhumanas e inimaginables. No quiero parecer derrotista y creo que no lo he sido, pero prefiero confiar en mi propia experiencia, y es que las veces que me he roto, he recogido mis pedazos. De alguna manera, la vida me ha mostrado el camino que debo seguir y también debo admitir que en cada una de ellas, el universo me ha enviado un tipo de amor al cual anclarme lo que me hace preguntarme ¿cuál es el trabajo de cada uno de nosotros en este presente caos? Yo quiero creer que es puramente individual.

Ante la orfandad, tienes que agarrante de tus propios ovarios -o lo que te toque- y hacer lo que creas que es correcto, y no me refiero a actos sobre humanos o de pelis del vengador, sino a pequeños y aparentemente insignificantes actos como no tirar basura en la calle, ser consciente, ser empático cuando se necesita, dejar de odiarse o no caer en provocaciones estúpidas de otros que cargan con su propio dolor. Este último para mí ha sido mi mayor reto.

En resumen, después de la orfandad, solo queda el camino de hacerse adulto lo que conlleva hacernos cargo de nuestros propios demonios.

Ahora bien, ¿qué es lo que nos empujará hacia eso? Tal vez, sea el amor como dice Bad Bunny, aunque para mí no es suficiente; yo creo que es la fe es una gran compañera en ese camino. De la fe que hablo no es esa que esta allá afuera como en una figura pública o un clan religioso, sino pienso que es la que vive en nosotros, la que nos dice que tenemos lo suficiente para seguir adelante sin padres, sin promesas de salvación de almas.

Aquí no hay premio de consolación porque al final no hay ningún paraíso o mundo perfecto donde el mal no cohabita, pero lo que sí tenemos es la certeza de la propia integridad.

*Soy fotógrafa y cuentista

Cuentos: Anabel, Miel con veneno, Imágenes que cuentan, Entretenimiento para Adultos, El Cerrajero, y la Chica del Tutu. jazminahartiana@hotmail.com

 

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