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¿Quién gana en Nuevo León?

José Antonio Hernández Fraguas

¿Quién gana con el lamentable conflicto político en Nuevo León?

Nadie, al contrario, pierden todos. Pierde la ciudadanía de ese estado que ha tenido que estar viendo un circo absurdo y ridículo en las últimas semanas, pero que empezó desde hace dos años, cuando inicia el gobierno de Samuel García, y en ese momento también inicia una confrontación con el congreso local. Porque el electorado decidió que el candidato a gobernador de Movimiento Ciudadano ganara legítima y ampliamente, pero también decidió que en la Cámara de Diputados local fueran otras fuerzas políticas las que tuvieran la mayoría y, con eso, asegurar los contrapesos necesarios para evitar que se impongan decisiones personales y se obligue a los gobernantes a usar la política para buscar acuerdos de gobernabilidad.

Pierde la política, ya de por sí desacreditada, pues no hubo la disposición de ninguno de los actores políticos para alcanzar los acuerdos necesarios y eso permitió la intromisión de otros órdenes de gobierno para tratar de obtener simpatías y beneficios electorales.

Pierden los partidos políticos, todos, pues se desacredita al PAN y al PRI, que juntos hacen mayoría calificada en ese congreso local y que aun cuando han actuado con apego a la ley, no mostraron capacidad para encontrar una solución concertada a distintos conflictos como el del nombramiento de un fiscal para el estado, entre otros, y con la injerencia de las dirigencias nacionales de esos partidos, se radicalizó el conflicto con el gobernador; por supuesto que pierde MC, pues el titular del ejecutivo local se llevó entre sus conflictos y su estilo personal a ese partido que había venido ganando simpatías a nivel nacional, pero que finalmente se equivocó y tendrá que asumir los costos de esos errores; pierde MORENA y sus aliados, pues ya se frotaban las manos esperando que MC jugara un papel de esquirol para quitar votos a la oposición y, con eso, se vería beneficiado su proyecto.

Pierde el ejecutivo federal, pues al asumir la defensa del posible candidato de MC, descubre esa alianza perversa que tanto se había negado y que tiene como fin último que se apoye al oficialismo en su interés por conservar el poder.

Pierde Dante Delgado, que encabezó una defensa sin argumentos sólidos de las actitudes de Samuel García, y al interior de su movimiento se empezaron a generar voces de inconformidad, poniendo en entredicho su liderazgo único al frente de ese partido.

Pierde la verdad, pues se ha desarrollado un conflicto innecesario basado en muchas mentiras, lo que no merece la ciudadanía nuevoleonesa que no entiende por qué se descompuso tanto el ambiente político, al grado que incluso se llegó a hablar de una posible desaparición de poderes, y cada quien contaba su “verdad” completamente alejada de la realidad.

Pierde el derecho, pues se han usado una serie de artilugios jurídicos para obtener la razón, con amparos y suspensiones de jueces que aparentemente no son competentes, pero que generaron una desorientación de la verdad jurídica que está contenida en la Constitución local de ese estado y que define con absoluta claridad lo que procede en caso de las ausencias del gobernador, pero que este se negó a aceptar, hasta que la SCJN tuvo que definir lo correcto, y aun así, no se ha aceptado esa resolución, lo que puede traer otro tipo de consecuencias jurídicas.

Pero definitivamente, quien pierde rotundamente es Samuel García, pues pierde claramente una guerra que inició a partir de una actitud pretenciosa, berrinchuda, prepotente, abusiva y ofensiva, y ahora queda en completo ridículo. Quien dice ser abogado y contar con maestrías y doctorados, quiso utilizar la ley a su conveniencia, pareciera que no conoce la Constitución del estado que gobierna y que él mismo propuso cambiar, y buscó torcer la legalidad para concretar su capricho de dejar a un incondicional al frente del gobierno ante su ausencia. De acuerdo con el art. 111 de la Constitución local, el poder ejecutivo del estado recae en una sola persona que se denomina gobernador del estado; el partido que lo postuló fue un vehículo para ganar la elección, pero el cargo es unipersonal y en el momento que se toma posesión de él, se gobierna para todos, no solo para los simpatizantes de su partido.

Samuel García tiene derecho a solicitar licencia y a tener otras aspiraciones, pero esa licencia debe realizarse en los términos legales, y en ninguna ley se dice que el sustituto o interino, es decir, quien se queda en su lugar durante la ausencia, debe ser del mismo partido del que se va. Samuel decidió retirarse por su voluntad por más de 30 días, y entonces, corresponde al congreso local definir quién ocupa el cargo durante su ausencia.

Pero tratando de engañar a todos, exigió que se quedara un incondicional para sustituirlo, y al momento que la Corte decide que quien nombró el congreso debe tomar posesión de su encargo, Samuel decide que siempre no haría uso de la licencia concedida, lo que propició la duda respecto a que no quisiera que se revise su actuación al frente del gobierno durante años, y eso lo hace perder más aún, ahora pierde la confianza ciudadana y podría perder más todavía si continúa violando la ley.

El capricho, y la actitud tramposa, tiene consecuencias que deberán asumirse. Nadie gana en Nuevo León y la ciudadanía no merece estar en medio de un conflicto político ocasionado por una sola persona, por sus decisiones y por su voluntarismo.

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