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Periodismo Trascendente:

Raymundo Ibáñez del Castillo.

Como gritar en el desierto.

El llamado, público y abierto, que hiciera a la Presidencia de la República, tanto saliente como a la entrante, la Ministra Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Norma Lucía Piña Hernández, en el sentido de que “piensen bien la reforma judicial que se está discutiendo en estos momentos”, es como gritar en el desierto, está por demás y no tiene ningún sentido, porque los dos, tal para cual, no escuchan, no ven, no sienten, porque a sus mezquinos intereses no les conviene y porque ambos son insensibles.

A los dos, lo único que les interesa, es concentrar todo el poder en uno solo, para ejercerlo de la misma manera, sin contrapesos, y hasta ahorita, a punto de terminar uno y empezar otro, pero el mismo mandato en extensión, hacia la dictadura comunista, disfrazada de socialismo del siglo XXI, es, desmantelar al poder judicial de la federación, para que al igual que como ya lo hicieron con el legislativo, a través de senadores y diputados federales incondicionales, hagan lo que se les venga en gana, sin que nadie, absolutamente nadie, los contraríe.

La Ministra Presidenta, a la que, obviamente, quieren quitar de en medio porque les estorba para sus fines perversos de dominación autoritaria y totalitaria nacional y al servicio de la conjura mundial, y que no se presta a la dictadura, ni está a los pies de la tiranía, como ocurrió con el anterior e incondicional, Arturo Fernando Zaldívar Lelo de Larrea, frustrado Secretario de Gobernación en el gabinete “claudista”, como lo perfilaron sus incondicionales, inmediatamente a la renuncia de este servil del poder ejecutivo, tiene toda la razón, pero nunca se la darán.

El llamado, un tanto desesperado, que está haciendo la hasta ahora Ministra Presidenta, es como gritar en el desierto, porque, desgraciadamente, no tendrá eco, ni con el presidente saliente, ni con la entrante, y menos entre los legisladores de lo que era el poder legislativo, ahora sometido, arrodillado y al servicio incondicional del poder absoluto que se ejerce desde Palacio Nacional.

La mal llamada reforma al poder judicial de la federación, no es más que para anularlo y marcar un retroceso en la impartición de la justicia, a través de la elección de ministros, magistrados y jueces, mediante el “voto popular” que daría el mismo resultado que la de los “legisladores” o *representantes populares”, que no son más que levanta dedos, para probar iniciativas de ley, propuestas por el dictador desde la Presidencia de la República, sin “chistar”, sin leerlas y menos analizarlas o cambiarles una coma a un punto.

Se trata de eliminar la carrera judicial y que los ministros, magistrados y jueces, sean electos por el “voto popular” manipulado y con todos los vicios de la elección de Estado y/o fraude electoral, que se utiliza para nombrar a quienes ejercen el poder ejecutivo federal, estatal y municipal, sin que tengan el conocimiento y menos la experiencia que requiere la impartición de la justicia en México.

Y peor aún, pretenden abrir la puerta de par en par, para que el crimen organizado y el narcotráfico, impongan a ministros, magistrados y jueces a su conveniencia, para que puedan violentar las leyes y apoderarse de lo poco que queda sin su control en el país y sumarle, a la impunidad que ya tienen,otro tanto más, para que sean intocables y puedan terminar de someter a los más de 131.1 millones de mexicanos para que por su voluntad o contra ésta se sumen a las células criminales.

La reforma al poder judicial, impulsada por el que se siente “todo poderoso”, no tiene otro propósito, más que el de extender los abrazos, que ya se dan desde los poderes ejecutivo y legislativo a los delincuentes, y suprimir totalmente los balazos y la acción de la justicia en su contra, para que los criminales puedan apoderarse del país impunemente.

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