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  • Mundo de Psicólogos nos dice:

Sin duda, hay causas psicológicas detrás de este deseo de quedarse en casa. La baja autoestima, el miedo al fracaso y el miedo a las relaciones sociales son síntomas que, en este caso, no deben confundirse con la pereza, especialmente si esta situación dura muchos meses y si Internet es el único contacto con el mundo exterior.

*Psicología y Mente menciona: Los estados depresivos en una persona, motivados por alguna experiencia negativa que se haya tenido, real o imaginaria, pueden generar que se evite salir de casa por el temor de volver a encontrarse en situaciones incómodas.

La ansiedad por lo general acompaña al estado depresivo, pero también podría presentarse sola, cuando la persona tiene la idea de que las cosas que debe hacer fuera de casa le saldrán mal. Se trata de un patrón de pensamiento acelerado y catastrófico donde el sujeto da por hecho que algo desagradable le ocurrirá si sale de su hogar, y por lo tanto evita hacerlo.

HISTORIAL

Desde pequeña empecé a sentir miedo para salir a la calle, escuchaba a personas mayores que decían que había gente que se robaba a los niños o contaban historias de que se aparecía una persona en la noche, que era mala, se escondía detrás de las puertas y de repente se aparecía. Todo eso se me grabó en la mente. Cuando mis padres me mandaban a comprar a la tienda, que estaba a una cuadra y media de la casa, me invadía el miedo; al ir en la calle sentía que alguien me seguía y, a cada rato, volteaba y empezaba a sudar, sentía mi corazón latir muy fuerte, caminaba rápido aunque los pies no me respondían, quería echarme a correr para escapar de ese miedo.
Ir a la escuela me causaba mucho sufrimiento, sentía que no podía, un miedo inexplicable me surgía. A pesar de que en la calle veía pasar niños con uniforme escolar, yo imaginaba que iba a aparecer un hombre mayor y me iba a hacer daño.
En la adolescencia esos miedos seguían ahí, me sentía observada, pensando que la gente me miraba y criticaba. Mis pensamientos eran aturdidos, no pensaba bien por el pánico que sentía y el sinfín de ideas que me venían a la mente, causándome mucho sufrimiento.
Jamás les pude decir a mis padres lo que sentía, varias veces pensé en abandonar la escuela porque pensaba que no me podía relajar. No quería salir de casa, sufría demasiado. Sentía que estar en casa me daba seguridad, que ahí nadie me iba a hacer daño y que no había tanta gente.
En mi edad adulta los miedos aumentaron, mi mente me decía que ya no saliera a la calle porque se me iba a parar el corazón, me iba a desmayar, que había mucha gente mala en la calle, ¡algo malo me iba a suceder! Esos pensamientos me angustiaban.
Un día pensé que eso ya no estaba bien y decidí buscar ayuda. Primero con una psicóloga, pero a mí no me funcionó, hasta que vi el grupo de Neuróticos Anónimos y me di la oportunidad de asistir a las juntas. Sentí que, al llegar, ya no estaba sola, que había muchos compañeros que sentían lo mismo que yo y pudieron salir adelante. El día de hoy me siento tranquila al salir a la calle, ya no pienso en tantas cosas negativas, y eso es gracias al Movimiento Buena Voluntad 24 Horas de Neuróticos Anónimos.

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