- POR MARIUMA MUNIRA VADILLO BRAVO
La Covid-19 está teniendo un impacto devastador en nuestros estudiantes, no sólo por el cierre de escuelas, abandono y deserción escolar, sino también por las implicaciones en el aprendizaje por el modelo emergente de educación a distancia al que se tuvieron que adaptar de la noche a la mañana los alumnos y maestros.
La crisis sanitaria nos evidenció en muchas materias en el tema educativo, la falta de infraestructura adecuada para soportar un modelo emergente, la falta de contenidos adecuados para cada grado escolar, falta de capacitación en el uso de las nuevas tecnologías y en técnicas pedagógicas del nuevo modelo, son algunas de las limitantes con las que llegamos a enfrentar esta crisis, tras la Covid-19.
En nuestro país por la pandemia de Covid-19, desde marzo de 2020 se estableció el cierre temporal de 230 mil 192 instituciones de educación básica públicas y privadas, afectando a 25.2millones de alumnas y alumnos, de acuerdo a datos del INEGI 5.2 millones de alumnos de entre 3 y 29 años no se inscribieron al ciclo escolar 2020-2021.
Pero el abandono y deserción escolar sólo es la punta del iceberg, el presidente del Consejo Asesor de la Organización de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, Otto Granados Roldan, explicó que las cifras de abandono son apenas una expresión dramática de la crisis pues los daños son muy graves y costosos en varios frentes entre ellos por ejemplo la pérdida de aprendizajes.
De acuerdo con una estimación del Banco Mundial la pobreza de aprendizaje es decir el porcentaje de niños de 10 años incapaces de leer y comprender un relato simple, podría haber crecido de 51% a 62.5%, es decir, 7.6 millones adicionales en educación primaria en américa latina y el caribe.
Si tomamos como línea de base el porcentaje de estudiantes que ya estaban por debajo del nivel mínimo de rendimiento antes de la Covid-19, es decir, la pobreza de aprendizaje que era de 55% después de la pandemia podría llegar a 71%, calculando escuelas cerradas por diez meses; si el cierre es de 13 meses aumentaría a 77%. Y si esos niños hicieran ahora la prueba PISA en lectura su puntaje bajaría en el caso de los niños y niñas pertenecientes a los dos deciles más pobres y con escuelas cerradas de 362 puntos a 321, y en el caso de los niños y las niñas de los dos deciles más ricos también bajaría de 456 a 426 puntos. Es decir el impacto en ambos casos es a la baja pero naturalmente es menor para los pequeños de deciles de mayores ingresos, los más pobres son siempre los más afectados.
Se calcula que alrededor del 95% de la población mundial ha pasado en algún momento por la escuela al menos desde el punto de vista cuantitativo, había progresos observables en las tasas de cobertura en todos los países incluido México. La escuela se había convertido ciertamente en un espacio de enseñanza, aprendizaje, conocimiento y también de construcción de ciudadanía, civilidad y cultura colectiva.
Había unos 350 millones niños en el mundo, según el Banco Mundial que contaban con la escuela para tener acceso a servicios de alimentación, además de ser un espacio protegido para crear lazos afectivos y socioemocionales clave. Hoy todo eso se ha roto, algunas estimaciones calculan que en todo el mundo tal vez unos 10 millones de estudiantes puede que no regresen a las aulas y 24 millones si contamos también el nivel terciario o educación superior.
En este contexto Otto Granados Roldan, destacó que una cosa es saber el tamaño de los déficits e inequidades que se tenían antes de la pandemia y otra es verlos en vivo en la realidad de una pandemia que nadie se esperaba y para la cual nadie estaba preparado. Por ejemplo ya desde antes a nivel global 53% de niños de 10 años en países de ingresos medios y bajos no podían leer ni comprender textos simples y 56% entre los 6 y los 11 años, no maneja las matemáticas de manera competente. Y lo mismo pasaba con la brecha digital; 79% de los estudiantes de América Latina y el Caribe que participaron en la prueba PISA de 2018 tenía acceso a internet en el hogar pero sólo 61% tenía una computadora y sólo 30 contaba con un software educativo refirió.
Es por demás importante resaltar que, a falta de escuelas, el acompañamiento educativo lo están haciendo mujeres, mismas que venían de tener una participación laboral menor. Desde la educación preescolar hasta la secundaria, son las madres quienes han tomado mayor presencia en el apoyo a los estudiantes más pequeños, por lo que es necesario que nuestros niños y niñas, estén en la agenda política de nuestros gobiernos y de la sociedad defensora de este sector, es necesario se pongan en marcha políticas y programas específicos para los niños y las niñas en esta nueva normalidad y se asegure un regreso a clases en condiciones de menor riesgo sanitario para el próximo ciclo escolar.
- La columnista es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales, ex Secretaria de la Mujer Oaxaqueña, contáctala en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira







