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  • Por MARIUMA MUNIRA VADILLO BRAVO

El COVID-19 está teniendo un impacto devastador en nuestro país, no sólo por el número de fallecidos y contagiados, sino también por los efectos en los niños y niñas que han visto cómo su vida ha cambiado radicalmente de la noche a la mañana.
El cierre de las escuelas, la imposibilidad de ir a lugares públicos y de esparcimiento e, incluso, de salir a la calle, el deterioro de las condiciones de vida, el mayor estrés al que están sometidas las familias preocupadas por sus enfermos, por el sostenimiento de sus hogares o de sus empleos y por una economía familiar cada vez más deteriorada, está generando en las niñas y niños experiencias de mayores niveles de estrés, ansiedad, miedo y preocupación.
Esta nueva normalidad que empiezan a vivir nuestros niños y niñas nos debe motivar a cuidar a esta generación para que no se pierda, para que no deambule a causa de las negligencias gubernamentales por la falta de políticas claras y de medidas tomadas que no están teniendo suficientemente en cuenta los derechos y necesidades de los niños y niñas, de esta infancia que muchos ya están diciendo está perdida en varios rubros, como por ejemplo en educación, protección y libre desarrollo.
Según las Naciones Unidas, unos 23.8 millones de estudiantes (desde preescolar hasta universidad) pueden abandonar o no tener acceso a la escuela el próximo año, debido tan sólo al impacto económico del COVID-19.
En el lanzamiento del reporte, el secretario general de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), António Guterres, dijo que la pandemia «ha provocado la mayor interrupción de la educación» de la que se tenga memoria.
“Nos enfrentamos a una catástrofe generacional que podría desperdiciar un potencial humano incalculable, minar décadas de progreso y exacerbar las desigualdades arraigadas”, advirtió Guterres en un mensaje especial por video, al lanzar el informe.
El documento de políticas del Secretario General alerta y precisa que el cierre de escuelas, debido a la pandemia ha afectado a 1,600 millones de estudiantes en más de 190 países.
La pandemia está agravando los problemas socioeconómicos ya existentes en las áreas rurales, especialmente vulnerables, lo que dificulta el aprendizaje para quienes viven ahí y son especialmente vulnerables, en especial a las niñas y niños, refugiados, personas con discapacidad o desplazados forzosos, especifica dicho informe.
Señalaba en mi primer entrega de la situación de la niñez la preocupación mundial por la crisis económica generada por el COVID-19, en el aumento por el trabajo infantil en no menos del 5.5% de acuerdo a las estimaciones de los organismos del trabajo (OIT) y el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), lo que implica un estado de alarma y la imperiosa necesidad de proteger a grupos de la población más afectados y más vulnerables, especialmente a nuestra niñez.
Como mexicana, oaxaqueña e istmeña los invitaba a hacer un frente común para buscar el sano desarrollo de nuestros menores, pugnando decididamente desde toda trinchera, erradicar todo tipo de abuso hacia ellos privilegiando, primeramente, su educación y su libre desarrollo, su salud física y emocional en estos momentos que están viviendo un estrés constante derivado de la crisis que genera el COVID.
El día de hoy inicia el nuevo ciclo escolar en México, debemos garantizar que todos nuestros niños tengan ese derecho a la educación asegurado, evitar la deserción escolar por la crisis en sus hogares, impidiendo a toda costa que nuestros niños se vayan a trabajar y cuenten con condiciones seguras para recibir educación en casa, como lo señalan estos tiempos.
No permitamos, de ninguna manera, se violen los derechos humanos de la niñez mexicana en Oaxaca y en el Istmo, sobre todo, de los más vulnerables.
Es necesario apoyar a las familias con hijos en situación de pobreza y exclusión social con recursos económicos (becas escolares, becas alimenticias, etc.) para poder hacer frente a esta situación; es necesario garantizar a las familias las condiciones laborales para que puedan compatibilizar el cuidado de sus hijos e hijas con el trabajo tras el cierre de las escuelas.
Un ejemplo es facilitar a los padres/madres cabeza de familia que trabajen desde casa; hay que garantizar el acceso a internet; y buscar alternativas para los niños y niñas que están confinados en viviendas que no reúnen condiciones de calidad de vida.
Es necesario que nuestros niños estén en la agenda política de nuestros gobiernos y de la sociedad defensora de este sector, es necesario se pongan en marcha políticas y programas específicos para los niños y las niñas en esta nueva normalidad, poniendo la vista en la situación de emergencia, pero también en el mediano y largo plazo para proteger a las niñas, niños y adolescentes en los próximos meses y años, y así evitar se pierda esta nueva generación; éste debe ser un compromiso de todos y todas, debe ser un compromiso de México, de Oaxaca y del Istmo.
La columnista es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales, Delegada de Atención Regional Istmo del Gobierno del Estado de Oaxaca, ex Secretaria de la Mujer Oaxaqueña, contáctala en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira

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