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DE MUJER A MUJER Parte 3; En los niños está el futuro

*MARIUMA MUNIRA Vadillo Bravo

Dice el Talmud –hebreo- que “Quien salva a una vida, salva al mundo entero”.

En el serial sobre la mujer que iniciamos hace un par de semanas, hemos presentado parte de los retos que enfrentamos las mujeres en México y el mundo, situaciones de discriminación, intolerancia y negación que no nos han permitido desarrollar el potencial que tenemos para dar a México, a nuestras comunidades y familias, todo lo que tenemos que ofrecer.

Y, definitivamente, quiero continuar con este tema, pero en esta entrega, previo a llegar al 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer y en el contexto del “9 nadie se mueve” con esta protesta de género contra el feminicidio, todo tipo de discriminación y la indefensión que como ciudadanas tenemos al ser revictimizadas, cuando se difunden imágenes de las muertes violentas por los mismos servidores públicos que deberían protegernos; considero muy pertinente tocar un tema dramático, terrible, fuerte y doloroso en nuestro país y el mundo, me refiero al maltrato infantil, a la explotación infantil, al infanticidio y a la responsabilidad que tenemos para revertir todo índice y estadística que nos muestra como una sociedad apática al tema.

Hace unos días, Ximena Mejía e Ivonne Melgar de Excélsior presentaron un trabajo impactante, con una cabeza que eriza la piel: “Niños, víctimas de olvido legislativo; violencia en México mata a cuatro menores al día”.

Y por si fuera poco, en el sumario de ese trabajo dice textual: “De 102 iniciativas que el Congreso tiene desde 2018 sobre protección a la infancia, 59 están pendientes de abordar; diputados reconocen que, además de leyes, se requiere presupuesto”.

Cito el primer párrafo: “México tiene un marco legislativo y acuerdos internacionales que protegen a la infancia, pero esto no impide que cada día mueran cuatro niños a causa de la violencia, de acuerdo con datos de la Redim y Save The Children”.

Y de acuerdo a Unicef, la evidencia en el ámbito internacional señala que niñas, niños y adolescentes se encuentran expuestos a diversas formas de violencia, de manera diferenciada a lo largo de su vida, en los múltiples contextos donde se desenvuelven, es decir, en la escuela, la comunidad, las instituciones de cuidado e incluso, en el hogar.

La violencia, en sus manifestaciones más directas, afecta a todas las niñas, niños y adolescentes, independientemente de su condición económica o social, sin embargo, corren mayores riesgos quienes se encuentran más vulnerables por situaciones de abandono o negligencia, marginación, discapacidad, migración, desplazamiento forzado o conflictos de violencia armada.

En México, los casos de violencia contra niñas, niños y adolescentes son difícilmente denunciados, ya sea por temor al agresor, a la exposición pública, a la estigmatización, por desconfianza en las autoridades, por desconocimiento de los derechos o bien, por la ausencia de mecanismos disponibles y accesibles para denunciar y pedir ayuda.

Por otra parte, cuando se elaboran estudios estadísticos y se recoge información relacionada con la percepción de la violencia o experiencias de victimización, es común que la población objetivo de los análisis sea generalmente de personas mayores de 18 años.

Por estas razones, los datos sobre violencia contra niñas, niños y adolescentes son escasos, incompletos o se encuentran fragmentados entre las distintas instituciones encargadas de recogerlos.

Esta circunstancia ha alcanzado tal visibilidad, que representantes de diversos países acordaron incluir la protección de niñas, niños y adolescentes, como uno de los ejes transversales en la Agenda para el Desarrollo Sostenible 2030.

Consolidar la información estadística sobre violencia contra niñas, niños y adolescentes, posibilitaría diseñar esquemas de alerta temprana y programas integrales de intervención, manejo y resolución de conflictos, habilidades parentales y programas de acompañamiento para ellos y las familias en situación de vulnerabilidad.

También incrementarían las capacidades para detectar qué escuelas, comunidades e instituciones presentan niveles de riesgo más altos. Como resultado, poseer esta información puede redundar en asignación de recursos (económicos, humanos y materiales) más efectivos y la evaluación constante de los programas en la materia.

Sin duda, esto representa retos políticos y presupuestarios importantes; sin embargo, el fortalecimiento de la información estadística debe responder, por encima de todo, al cumplimiento y garantía de los derechos de todas y todos los niños, niñas y adolescentes, y debe privilegiar el principio de interés superior de la infancia.

En México, en Oaxaca, en el Istmo, tenemos que ser mucho más que personas o grupos preocupados, tenemos que ocuparnos en sumar, multiplicar y coadyuvar, para que esta realidad impulse verdaderos cambios, de raíz, desde lo más profundo de nuestra escala social, revertir el asesinato diario, de esos 4 menores que son masacrados diariamente en nuestro país.

La columnista es Maestra en Derechos Humanos y Garantías Individuales, ex Secretaria de la Mujer Oaxaqueña, contáctala en Facebook: MUMA Mariuma Munira, Twitter: @MariumaMunira